¿Cómo tener buenos hábitos alimenticios en medio del afán de la maternidad?

¿Cómo tener buenos hábitos alimenticios en medio del afán de la maternidad?

Consejos prácticos desde la experiencia de una mamá de 3 y coach de nutrición 

Aunque me encantaría sentarme en un café con mi computador a escribir, mientras oigo algunas canciones inspiradoras, aquí estoy en le sofá de mi casa, a las 8:15pm, haciendo el menor ruido posible para que mis hijos (que por fin se durmieron), no se despierten mientras hago este blog.

Tal vez tú también seas una mamá como yo, que seguramente hace lo posible por sacar tiempo para todo.

Muchas veces esta tarea de criar puede ser compleja, pues debemos hacer varias tareas al mismo tiempo para lograr algo… por ejemplo: evitar que alguno de nuestros hijos pinte las paredes con marcadores o se coma algo que no deba, mientras tratamos de comer o leer algo que nos gusta.

Si de pronto has leído mis otros artículos, podrás darte cuenta que soy mamá de tres niños menores de tres años y por eso, créeme que entiendo cuando me dicen que ser mamá es como vivir en una constante carrera de obstáculos, donde muchas veces no vemos la salida.

Una amiga me dijo esta frase hace poco “con los hijos, vas a ver que los días son largos, pero los años cortos”.

Esto sin duda, cambió mi forma de pensar, pues en un abrir y cerrar de ojos, mi hijo mayor tiene 3 años y el menor ya cumplió 4 meses, cuando en algún momento pensé que lo “duro” nunca iba a pasar.

Con las dietas muchas veces nos pasa lo mismo, que decimos “el lunes empiezo” y ese día nunca llega.

Creo que desde bañarnos temprano y hacer algo de ejercicio, hasta tener una afición y comer bien, pueden marcar en nosotros la diferencia.

Pero, ¡cómo? Si a duras penas respiro… te preguntaras.

Creo que no se trata de empezar dietas extremas y ponernos metas gigantes que no podamos cumplir, sino más bien encontrar la manera de ser estratégicas, adoptar hábitos que mejoren nuestro estilo de vida y lograr cambios reales y duraderos.

En la primera etapa de la maternidad, en medio de los cambios de hormonas, emociones y el sueño interrumpido, debemos responder por un bebé o más, lo que muchas veces hace que nos dejemos a un lado.

Comer a deshoras, bañarnos tarde, olvidarnos de tomar agua, no dormir por cumplir con otro tipo de responsabilidades, hace que nuestra recuperación se haga mucho más lenta.

Al no dormir, sube nuestro estrés y después de un tiempo, empezamos a vivir para “sobrevivir” funcionando con lo mínimo.

No tenemos la energía para ser la mamá que queremos ser.

En cuanto a la alimentación, cuando el azúcar en sangre colapsa, también lo hace tu paciencia. Cuando estás agotada de nutrientes, todo se siente más difícil de lo que necesita ser.

Alimentarte bien no es egoísta, es importante.

Las Estrategias de la Vida Real Que Realmente Funcionan

Desde mi experiencia, hay varias cosas que podemos hacer para mejorar nuestros hábitos, en especial los alimenticios.

Este es mi cambio de juego: mantengo una canasta en la cocina llena de snacks (bocadillos/meriendas) saludables que no requieren preparación.

Piensa en paquetes individuales de nueces y semillas, queso en tiras, bastones de zanahoria, humus, pancakes de zanahoria y banano, yogurt griego y esas bolsitas pequeñas de compotas de frutas y verduras que compramos para los niños.

Cuando estoy en medio del afán y no tengo tiempo para comer, puedo agarrar algo de la canasta en tres segundos.

Siempre que tengo un momento para cocinar, hago el doble. A veces el triple. ¿Huevos revueltos? Haz una docena. ¿Pollo a la parrilla? Cocina el paquete completo. ¿verduras asadas? Usa dos bandejas.

Porciono todo en recipientes inmediatamente—y esto es clave—ANTES de servir la comida. Porque si espero hasta después, estaré demasiado agotada para hacerlo y las sobras se quedarán en la nevera hasta convertirse en experimentos científicos.

Estas comidas pre-porcionadas se convierten en mi salvavidas. Agarra una, caliéntala, y boom—tienes una comida real en menos tiempo del que toma pedir comida a domicilio.

Acepta que muchas de tus comidas se comerán con una mano mientras haces diecisiete otras cosas. En lugar de luchar contra esta realidad, aceptarla.

Mis comidas con una mano incluyen: batidos (licúa mientras el bebé duerme la siesta, tomar mientras amamantas), wraps y burritos y cualquier cosa en un palito.

Lechuga pre-lavada, pollo rostizado, vegetales congelados, fruta pre-cortada y arroz para microondas no son salidas fáciles. Son herramientas.

Sí, cuestan más. Pero tu tiempo y cordura también valen algo. Si gastar unos pesos extra significa que realmente comes verduras en vez de solo sentirte culpable por no comer verduras, es dinero bien gastado.

Mantengo mi congelador abastecido con vegetales congelados, granos cocidos y comidas saludables pre-hechas. En mis peores días, puedo armar una comida decente en cinco minutos.

¿Sabes cómo tratamos de esconder verduras en la comida de nuestros hijos? Haz lo mismo contigo misma. Agrega espinacas a tus batidos. Mezcla coliflor rallada en tu arroz normal. Lanza un puñado extra de vegetales congelados en literalmente todo—salsa de pasta, sopas, huevos revueltos, guisos.

No tienes que comer una ensalada para comer tus verduras. A veces la nutrición se trata de ser estratégica en lugar de perfecta.

Bien, esto parece obvio, pero es muy fácil olvidarlo. Mantén termos de agua en todas partes—en el carro, junto a tu cama, en la pañalera, junto al sofá donde amamantas. Toma constantemente.

La deshidratación empeora el agotamiento, mata tu apetito por comida saludable, e incluso puede confundirse con hambre. La mitad del tiempo cuando creo que estoy hambrienta, en realidad solo tengo sed.

Hago recordatorios en mi celular para tomar agua, pues si no lo hago, me daré cuenta a las 3pm que solo en el desayuno y un sorbo de café que le robé a mi marido.

Los Cambios de Mentalidad

Más allá de las estrategias prácticas, tuve que cambiar cómo pensaba sobre alimentarme. Aquí están los cambios mentales que ayudaron:

Progreso sobre perfección. Algunos días como tres comidas balanceadas. Algunos días como huevos con arroz. Ambos días, estoy haciendo mi mejor esfuerzo. El objetivo no es la perfección; es hacer consistentemente elecciones que te muevan en la dirección correcta.

Algo siempre es mejor que nada. Un yogurt griego con fruta y nueces es mejor que saltarse una comida por completo. Un pedazo de queso es mejor que funcionar vacía. Dejar de esperar el momento perfecto para comer apropiadamente—puede que no llegue hasta que estén en la universidad.

Está bien priorizarte a ti misma a veces. Si el bebé está seguro y entretenido por cinco minutos, está bien usar ese tiempo para prepararte una comida real en lugar de doblar ropa. La ropa esperará. Tu azúcar en sangre no.

La Línea Final

Ser mamá de tres menores de tres es modo supervivencia. No hay forma de evitar esa realidad. Pero supervivencia no significa que tengas que sacrificar tu salud por completo.

No necesitas planes de comidas elaborados u horas de preparación. Necesitas estrategias simples que se ajusten a las grietas de tu día. Necesitas darte permiso para usar atajos. Necesitas recordar que cuidarte a ti misma no es egoísta—es necesario.

Algunos días lo lograrás. Algunos días comerás los sobrados de tus hijos para el almuerzo y lo llamarás una victoria porque al menos comiste algo. Ambos están bien. Estás haciendo un trabajo increíble creciendo, alimentando y amando a tus bebés.

Así que con pequeñas acciones diarias que hagamos, podemos hacer un gran cambio en nuestra vida. Ser estratégica cuando tengamos la energía. Descansar cuando podamos.

Acordándonos siempre que las mamás también importamos, pues si tu estas bien, tus hijos también lo van a estar.

Puedes con esto. Y en los días en que no puedas, eso también está bien. Todas estamos simplemente descubriéndolo sobre la marcha, una canasta de snacks y un poquito más de proteína a la vez.

Escrito por: Maria Gomez – Coach nutricional

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