Bebidas azucaradas en la infancia: desde mi mirada como coach de nutrición y mamá de tres hijos
La gran mayoría de nosotros crecimos tomando “juguitos de cajita”, gaseosas, leches achocolatadas, yogures de frutas, entre otros. Cuando pienso en eso, se me hace “agua la boca” y además, me trae muy buenos recuerdos.
No me cabe duda que nuestros papás, con la mejor intención y con mucho amor, nos mandaban en la lonchera ese tipo de debidas pensando que nos alimentaban porque tenían fruta, proteína o algo más. Hoy en día, aunque hay numerosos estudios que demuestran los efectos negativos que producen las bebidas azucaras (especialmente en la infancia), muchos seguimos consumiéndolas.
1. Definiendo el problema: ¿qué son las “bebidas azucaradas”?
El término bebidas azucaradas (o sugar-sweetened beverages, SSB en inglés) se refiere a cualquier bebida no alcohólica que contiene azúcares añadidos o “azúcares libres”.
Algunos ejemplos:
Gaseosas / sodas tradicionales.
Jugos de cajita o néctares con azúcar añadida.
Té embotellado endulzado
Bebidas deportivas azucaradas, aguas saborizadas con azúcar.
Como lo señala un resumen de la World Health Organization (OMS) y la World Obesity Federation— las bebidas azucaradas aportan calorías «vacías», se consumen rápidamente sin saciar igual que un alimento sólido, y no se compensa fácilmente con menos ingesta de otros alimentos al día.
El gran problema es que este tipo de bebidas entran en la dieta infantil cotidiana como “algo normal”, pues acostumbramos a nuestros hijos a tomar un jugo de naranja en le desayuno + una leche chocolatada + un juguito de cajita en la lonchera + un vaso o dos de gaseosa en la fiesta.
2. ¿Por qué nos debería importar?
Los efectos en la salud de los niños
2.1 Sobrepeso, obesidad y ganancia de peso
La evidencia es cada vez más contundente: el consumo de bebidas azucaradas se asocia con un mayor índice de masa corporal (IMC) y ganancia de peso en niños. Por ejemplo, una revisión sistemática y meta-análisis de 2023 concluye que el consumo de SSB promueve mayor BMI y peso tanto en niños como en adultos.
Otro estudio —una revisión de 2024— encuentra que la ingesta de SSB entre niños y adolescentes (3-19 años) en 185 países aumentó un 23% entre 1990 y 2018.
La lógica es sencilla: calorías adicionales entran, no se sacan, y eso lleva a acumulación de grasa o menor capacidad del cuerpo para manejar el exceso. Al ser mamá y coach, lo veo así: la bebida azucarada se convierte en “comida líquida” que se suma al plato, no lo reemplaza, y los niños no bajan por sí solos el resto de las calorías para equilibrar.
2.2 Metabolismo y salud cardiometabólica
Un meta-análisis publicado en 2020 encontró que los niños y adolescentes con alto consumo de SSB tuvieron un aumento medio de la presión arterial sistólica de 1.67 mmHg, y fueron 1.36 veces más propensos al diagnóstico de hipertensión.
En el artículo de 2025 de El Ouardi et al., se describe la asociación entre SSB y obesidad, y se señala que el efecto es “dependiente de la dosis” (a mayor consumo, mayor riesgo) en distintas poblaciones.
Esto significa que no solo estamos viendo unos kilos de más, sino que el vaso dulce de hoy podría estar sembrando terreno para problemas de salud más complejos mañana (resistencia a insulina, síndrome metabólico, hipertensión).
2.3 Salud oral y otros efectos
Un meta-análisis de 2021 encontró que mayor consumo de SSB se asocia con más caries y erosión dental en niños.
La frecuencia importa: los niños que consumen bebidas azucaradas muchas veces al día tienen mayor riesgo, no solo los que lo hacen “de vez en cuando”.
Adicionalmente, la ingestión frecuente de azúcares líquidos también puede influir en el comportamiento, el sueño, la saciedad y las preferencias de sabor de los niños
Aunque la evidencia es menos robusta en estos dominios, como coach de nutrición y mamá veo que los niños que toman este tipo de bebidas tienden a estar más inquietos, tienen más antojos, y se mueven menos hacia opciones de agua o leche sin azúcar.
3. Hábitos y modelos familiares: lo que pasa en casa
Como mmá de tres hijos (3 años, 1 año y medio, y uno de 4 meses) vivo la realidad: el vaso con “algo dulce” aparece muchas veces de forma automática —en la visita al abuelo, en la salida al cine, en la merienda en casa. Y como coach de nutrición también sé que el contexto lo es todo: lo que los niños ven, lo que los hermanos mayores hacen, lo que se ofrece como “normal”, se vuelve rutina.
3.1 Preferencias que se modelan temprano
Los estudios muestran que los hábitos de bebida (y alimento) se establecen muy temprano en la vida. Cuando los niños tienen acceso frecuente a bebidas azucaradas, aprenden a preferir lo dulce, y desplazan otras opciones más nutritivas.
Por ejemplo, El Ouardi et al. (2025) señalan que la exposición temprana a SSB puede moldear las preferencias de sabor dulce.
Como mamá, lo verdadero es: si mis toddlers ven agua jugosa, leche simple y fruta en la mesa con la misma regularidad que el “vaso especial”, pues aprenden que eso es lo normal. Si en cambio el “vaso especial” es lo habitual, se vuelve “normal”.
3.2 Lo que he visto en mi casa
El vasito de agua es el primer vaso en casa. Antes de ofrecer jugo, gaseosa o bebida “especial”, ofrezco agua.
Leche simple es rutina. Evito bebidas saborizadas como “leche con chocolate” todos los días.
Cuando hay “evento” (cumpleaños, picnic, visita) sí permitimos jugo o refresco, pero limitado: no como opción libre.
La OMS recomienda que los niños limiten los azúcares libres a menos del 10 % de las calorías totales, y como ideal menos del 5 % para mayores beneficios.
Por ejemplo, para un niño que consume 1600 kcal al día, el 5% serían unos 80 kcal de azúcares libres, lo que equivale aproximadamente a 20 g de azúcar (unas 5 cucharaditas de té).
La American Heart Association recomienda que los niños mayores de 2 años limiten los azúcares añadidos a no más de 25 g al día (~6 cucharaditas de té).
4.2 ¿Y en bebidas?
Un ejemplo ilustrativo: una lata de gaseosa de 330 ml puede tener aproximadamente 35 g de azúcar (~9 cucharaditas) y alrededor de 140 calorías vacías. Organización Mundial de la Salud+1
Entonces, si un niño toma una lata de gaseosa (o un jugo grande azucarado) al día, fácilmente supera la recomendación diaria de azúcares libres sin contar lo que ya pueda venir de alimentos (galletas, postres, pastelería).
4.3 En mi casa: regla rápida
Para mi práctica como mamá/coach recomiendo esta “regla de oro”:
Agua: sin límite (excepto condiciones médicas).
Leche simple: 1-2 vasos al día según edad.
Jugo natural o smoothie: ocasión especial, porción pequeña (por ejemplo 120 ml) y acompañada de agua.
Bebidas azucaradas: muy esporádicas, no rutina diaria.
5. Intervenciones y política pública: el panorama global
Como coach de nutrición, también me interesa qué se hace a mayor escala para proteger a los niños. No basta con “lo que hago en mi casa”, porque el entorno tiene enorme peso.
Según la OMS, las intervenciones que se han propuesto incluyen: campañas educativas, regulación de venta en colegios, minación de máquinas expendedoras con bebidas azucaradas, más impuestos, restricción de publicidad.
Un estudio de 2025 revisó intervenciones escolares para reducir el consumo de bebidas azucaradas y encontró que, aunque muchas generan resultados positivos, el efecto es moderado y dependen del contexto y la implementación.
Esto me dice como coach que el trabajo individual y familiar es clave, pero estamos en un mar mayor llamado “sociedad del dulce líquido”. Sin intervención colectiva, el vaso azucarado sigue siendo la opción fácil para muchos niños.
6. Cómo transformar el hábito en tu casa
Aquí comparto una guía práctica, tal como la uso en mi casa y en mi consulta, con mis toddlers, para ayudarte a implementarla sin complicarte la vida.
Define que en casa la bebida principal es agua o leche sin azúcar.
Asegúrate de que el agua esté visible, accesible y atractiva (termo especial, vasos llamativos).
Asociar el agua con momentos positivos: después de jugar, antes de la merienda, al regresar de la calle.
Define qué cuenta como “bebida especial”: jugo de fruta natural, refresco en evento, bebida saborizada ocasional.
Hazlo explícito: “esto es para cumpleaños”, “esto es para salida al cine”, “esto es hoy porque…”.
Limita la porción: por ejemplo, 120 ml en vez de 250 ml, o solo en la mesa acompañando la comida.
No la uses como premio automático: evita que la bebida especial se convierta en “si te portas bien te doy una gaseosa”.
Incluso con toddlers puedes:
Ofrecer dos opciones saludables (“agua o leche”)
Involucrar al niño en elegir el vaso, poner fruta al agua, decorar la jarra con pepino o limón para que sea ‘cool’.
Hablar del agua “que me hace crecer fuerte”
En fiestas, antes de permitir gaseosa, asegúrate de que el niño comió alimento real. Así la bebida no “desplace” el alimento.
Lleva agua contigo, para que el agua sea lo más accesible.
Evita que la gaseosa o bebida azucarada sea lo primero que el niño pide al entrar.
Al regresar, refuerza el agua y una fruta como “post-bebida”.
Mis tres hijos me miran cuando yo tomo un agua, agua con gas y limon, leche… Si tú también entras en la lógica de la bebida azucarada frecuente, ellos lo normalizarán. Así que la regla aplica para todos en casa.
8. Mensaje para ti como mamá, papá o cuidador
Tú papel es muy importante. No se trata de perfección, sino de consistencia. Algunas ideas finales para que te quedes con ellas:
El vaso que elijas hoy es una inversión en salud mañana.
No estás luchando contra ilusión de “bebida dulce” sola(o), estás construyendo un entorno de salud para tus hijos.
Los pequeños modelos son poderosos: tus hijos observan tus hábitos, los internalizan.
Cada cambio suma: cada vez que ofreces agua primero, cada vez que reduces una gaseosa, estás construyendo un hábito que puede durar.
No necesitas eliminarlo todo de golpe. Puedes empezar con: “Hoy no hay bebida azucarada en la casa, sólo en ocasión especial”. Luego “dos veces por semana máximo”… Y así.
Para concluir e gustaría enfatizar, que las bebidas azucaradas en la infancia no son solo “algo dulce que les gusta”, son un factor de riesgo comprobado para sobrepeso, obesidad, presión arterial elevada, caries dental, y hábitos alimenticios que pueden perdurar.
La buena noticia: como coach de nutrición y mamá de tres hijos, es que nunca es tarde para mejorar.
Escrito por:
Maria Gomez Coach nutricional
Referencias:
El Ouardi, M., Garcia-Llorens, G., & Valls-Bellés, V. (2025). Childhood obesity and its physiological association with sugar-sweetened, free-sugar juice, and artificially sweetened beverages. Beverages, 11(5), 137. https://doi.org/10.3390/beverages11050137 MDPI
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