Ejercicios sencillos para cultivar empatía y agradecimiento en casa
Enseñar gratitud a los niños es uno de los regalos emocionales más valiosos que podemos ofrecerles. Pero la gratitud no se aprende desde la obligación ni desde el “tienes que agradecer”. La gratitud en los niños nace, crece y se fortalece cuando la vivimos con ellos, cuando la sienten en su cotidianidad y cuando descubren que agradecer no es una norma, sino una forma de mirar el mundo.
En Ser Mamá lo sabemos: enseñar gratitud es un proceso, no un sermón. Por eso preparamos este blog con ejercicios sencillos, respaldados por especialistas, estudios y ejemplos reales, para que puedas cultivar empatía y agradecimiento en casa sin imponerlo.
¿Por qué es tan importante enseñar gratitud a los niños?
Diversos estudios de psicología infantil, como los publicados por la especialista en crianza consciente Dra. Laura Markham, muestran que los niños que practican gratitud desarrollan:
- Mayor empatía
- Mejor regulación emocional
- Relaciones más sanas
- Menos frustración
- Más bienestar general
Cuando enseñamos gratitud a los niños, también enseñamos empatía. Y la empatía infantil es una de las habilidades más necesarias para la vida social y emocional.

Cómo enseñar gratitud sin imponerla
La clave está en modelar, acompañar y abrir espacio a la reflexión, no en obligar a los niños a que agradezcan por mandato. Aquí te compartimos formas prácticas y respetuosas para enseñar gratitud en casa.
1. Modela la gratitud en el día a día
La gratitud en los niños se aprende observando. Si te escuchan agradecer, es mucho más probable que ellos lo integren.
Por ejemplo:
- “Gracias por poner la mesa conmigo.”
- “Me siento agradecida de que hoy tengamos tiempo para leer juntos.”
- “Estoy feliz porque pude resolver algo importante en el trabajo.”
Según la psicóloga infantil Carolina Dueñas, “los niños aprenden gratitud cuando ven que el adulto la expresa desde la autenticidad, no desde la obligación social”.
2. Juegos y ejercicios sencillos para practicar el agradecimiento
Aquí están algunos ejercicios fáciles que puedes hacer en casa:
⭐ El frasco de la gratitud
Cada miembro de la familia escribe algo por lo que se siente agradecido ese día. Al final de la semana, leen los mensajes juntos.
Este ejercicio fortalece la empatía infantil porque ayuda a los niños a reconocer las acciones de otros.
⭐ El sol de lo bueno
En una hoja, dibujen un sol. En cada rayo, escriban algo positivo que ocurrió en el día, por mínimo que sea.
Así el niño aprende a identificar momentos de agradecimiento sin que se lo impongamos.
⭐ Tres cosas buenas
Antes de dormir, pregúntale:
“¿Qué tres cosas buenas pasaron hoy?”
Es una técnica recomendada por la psicóloga positiva Sonja Lyubomirsky, quien afirma que repetir este ejercicio mejora la regulación emocional.
3. Enseñar gratitud desde la empatía, no desde la obligación
Cuando un adulto dice “dale las gracias YA”, sin acompañar la emoción, el niño aprende a agradecer por presión, no desde el corazón.
En cambio, podemos guiar la reflexión:
- “¿Viste cómo la señora te ayudó? ¿Cómo crees que se sintió al hacerlo?”
- “¿Qué te gustaría decirle por esa ayuda?”
- “¿Cómo te hizo sentir ese gesto?”
La especialista en crianza respetuosa Naomi Aldort explica que “la gratitud surge cuando el niño conecta la acción del otro con su propio bienestar”.
4. Contar historias que despierten empatía infantil
Las historias son una herramienta poderosa para enseñar gratitud a los niños. Puedes usar cuentos, anécdotas familiares o incluso situaciones cotidianas.
Ejemplo:
“¿Te acuerdas cuando la abuela preparó tu comida favorita? ¿Cómo crees que se sintió cuando vio tu sonrisa?”
Esto ayuda a que la empatía infantil se vuelva más concreta y observable.
5. Validar las emociones: la base de la gratitud auténtica
Un niño que puede sentir tristeza, enojo o frustración, también puede desarrollar una gratitud genuina. La psicóloga Isabel Cuadros señala que “solo cuando el niño se siente visto emocionalmente, puede reconocer la emoción del otro”.
Enseñar gratitud sin imponerla implica permitir que el niño tenga espacio para:
Conectar ambas experiencias
Reconocer sus emociones
Entender las emociones de los demás
6. Agradecimiento en movimiento: gratitud dentro de las rutinas
La gratitud no es un ritual de fin de año; es un hábito diario.
Aquí algunos ejemplos sencillos:
- Al despertar: “Hoy agradezco que el día esté soleado.”
- Al comer: “Agradezco que tengamos esta comida deliciosa.”
- En el carro: “Agradezco que podamos hacer este paseo juntos.”
Cuanto más natural sea el ejemplo, más natural será para los niños.
7. Evitar frases que bloquean la gratitud
A veces, sin querer, usamos expresiones que obligan a los niños a agradecer sin comprenderlo:
- “Tú deberías estar agradecido…”
- “No seas malagradecido…”
- “A otros les va peor.”
Estas frases no enseñan gratitud; enseñan culpa.
En cambio, podemos acompañar así:
- “¿Qué podríamos decirle a quien te ayudó hoy?”
- “¿Qué te gustó de este regalo?”
la gratitud es un puente hacia la empatía infantil
Cuando enseñamos gratitud a los niños desde el ejemplo, la conexión y la reflexión, sembramos semillas profundas que impactarán toda su vida.
La gratitud en los niños no nace desde la imposición, sino desde el acompañamiento amoroso.
En casa, cada día es una oportunidad para cultivar agradecimiento.



