Consejos de abuela para la prevención y el autocuidado en el Mes Rosa

“¡Qué mamera hacerme la mamografía!”

Esta es una expresión coloquial entre mujeres por el engorroso y doloroso examen de imagen diagnóstica al que todas debemos someternos desde los 40 a los 69 años (en el rango más amplio y general, incluyendo las edades entre 45-55 como las de mayor riesgo promedio): hacernos una mamografía al menos cada dos años.

La molestia de unos minutos no puede ser jamás excusa para evadir o minimizar la importancia de la prevención del cáncer de mama y el autocuidado en mujeres adultas y maduras, como un aspecto primordial y, mejor aún, vital, de la salud femenina.

Tengo senos pequeños y a mis 60 años esa cita ineludible para hacerme la mamografía no deja de resultarme muy incómoda. Recuerdo la primera vez que me la hice, cuando sentí la piel de los senos y los pezones aplastados como por una aplanadora -entre dos planchas de rayos X-, en unos segundos agobiantes que me parecieron interminables.

Pero resulta que ese procedimiento en el que se nos indica “Respire profundo y quédese quietica”, mientras se tiene la sensación de ardor y que te están estirando la piel de los senos al máximo, es el examen clave y la prueba reina de detección a tiempo del cáncer de mama en etapas tempranas.

La mamografía esfundamental porque logra detectar tumores mucho más pequeños e imperceptibles que no se logran sentir con el autoexamen de seno. Sin embargo, el examen clínico con el chequeo médico y el autocuidado a través de la revisión periódica del estado de la piel de tus senos y los tejidos mamarios son necesarios y relevantes.

En infinidad de campañas de prevención de cáncer de mama se ilustra el paso a paso para hacerte el autoexamen de seno, con técnicas sencillas e indicaciones precisas de cuándo palpar (por ejemplo, al ducharse o ponerse el brasier), dónde tocar y cómo tocar, y cuáles pueden ser las señales de alarma:

pueden ser las señales de alarma:

  1. Dolor o endurecimiento de los senos.
  2. Aparición de masas o algún bulto sólido en los senos o debajo de las axilas.
  3. Cambios de coloración en los senos, pezones o areolas.
  4. Irritación y enrojecimiento.
  5. Sensación de piel de naranja (un término médico que describe la aparición de ligeros hoyos en la piel, parecida a la cáscara de una naranja).
  6. Descamación.
  7. Pezón hundido o hacia adentro, o retracción de alguna parte de la piel de la mama.
  8. Secreciones de algún líquido o fluido, incluso sangre.

Y este es mi primer consejo de abuela: no dar nada por sentado, ni estar convencida de que estás fuera de peligro de contraer cáncer de mama porque no sientes ninguna bolita o masa extraña en tus senos, o porque no “detectas algo raro”.

No obstante, también es preciso tener en cuenta que con el paso de los años el tamaño de la mama puede variar. Además, algunas señales como sentir pequeños grumos en los senos pueden estar asociadas a cambios fisiológicos como menstruación, embarazo y menopausia, al aumento o pérdida de peso, o al efecto de medicamentos o la toma de hormonas de reemplazo hormonal.

Así mismo, puede tratarse de una enfermedad fibroquística, que consiste en pequeños bultos llenos de líquido que generan sensibilidad y cierto dolor al tocarlos,  pero son quistes benignos -no cancerosos-, que no presentan masas ni calcificaciones.

También es cierto que el cáncer de mama puede ser asintomático, como les ha sucedido a miles de mujeres, que gracias a su disciplina en realizarse periódicamente la mamografía han logrado detectar a tiempo esta temible enfermedad.

Un diagnóstico que inicialmente produce escozor y la invasión de pensamientos fatalistas y de muerte en quien la padece y en su entorno familiar, al escuchar la confirmación del mastólogo u oncólogo luego de revisar los resultados de la mamografía y del chequeo médico pertinente:

Mi segundo consejo de abuela es revisar los antecedentes genéticos, si en tu familia hay factores hereditariosde cáncer de mama. Además, analizar la exposición a factores ambientales (tabaquismo, consumo excesivo de alcohol, etc.) y causas psicosomáticas (como estrés crónico, tragarse y no expresar emociones negativas como la ira, el resentimiento, la incapacidad de perdonar, la tristeza, etc.), que pueden afectar negativamente el sistema inmunológico y marcar una predisposición a la aparición del cáncer de mama.

Más allá de las estadísticas, los informes científicos que están documentados en un sinfín de reportes médicos acerca de las mutaciones genéticas, los diferentes tipos y causas del cáncer de mama, y de en cuál de las tres partes del seno se originó esa multiplicación sin control de las células, quiero referirme a la experiencia real de una mujer que un día y sin imaginarlo recibió esa fatídica noticia, a la que luego le dio un manejo de esperanza.

GLORIA MARÍA.

Después de hacerse una mamografía que consideró de rutina, el radiólogo le dijo “Yo aquí veo una cosita. Vamos a hacer una biopsia”. Y en efecto, esa “cosita” resultó ser un tumor canceroso. Gloria nunca sintió dolor, ni malestar, ni palpó ninguna bolita o notó alteraciones en la forma y apariencia de sus mamas, a pesar de hacerse mensualmente su autoexamen de seno.

Al recibir ese baldado de agua fría, llega la sorpresa, el desconcierto, el miedo, la ansiedad, la curiosidad por saber las causas y la búsqueda de antecedentes…

Gloria María fue sometida a dos cirugías de seno y recibió 20 sesiones de radioterapia (que le producían menos efectos secundarios a nivel físico que una quimioterapia, pero sí mucha irritabilidad). Después inició un fuerte tratamiento farmacológico durante cinco años y actualmente toma un medicamento de por vida.

Ella pudo paulatinamente aceptar su condición, tomar conciencia, modificar sus hábitos y estilo de vida, hacer el seguimiento mensual del autoexamen de seno y la mamografía cada año. Lleva una vida tranquila, con ejercicio, alimentación muy sana y la certeza de no descuidarse, pues así no sienta nada en sus senos, su prioridad es hacerse el control riguroso con chequeos médicos periódicos para monitorear su condición de salud.

Cada octubre, señalado como el mes rosa, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recuerda su iniciativa global contra el cáncer de mama, la cual busca reducir la mortalidad al 2,5% anual entre los años 2020 al 2040.

Mi tercer consejo de abuela para reducir sustancialmente la mortalidad y preservar la vida de las mujeres con cáncer de mama o en riesgo de contraerlo es adoptar las siguientes pautas que contribuyen en su manejo y prevención:

  1. Examen clínico anual desde los 40 años en mujeres sin síntomas.
  2. Mamografía cada 2 años en mujeres sin síntomas entre los 50 a 69 años.
  3. Autoexamen de seno mensual en todas las edades como práctica de autocuidado: en mujeres fértiles se recomienda hacerlo a los 3 a 5 día después del inicio del período menstrual (pues los senos están menos sensibles e hinchados) y en mujeres menopáusicas un día fijo del mes (el 1°, 15, 30…)
  4. Alimentación balanceada con suficientes micronutrientes (vitaminas y minerales) y macronutrientes (proteínas, carbohidratos y grasas no saturadas). Evitar el consumo en exceso de azúcar y alcohol, y dejar de fumar.
  5. Ejercicio físico regular. Si estás sana es fundamental; si estás recibiendo radioterapia o quimioterapia o has entrado en remisión de la enfermedad, está comprobado científicamente que una rutina de ejercicio ayuda a reducir los efectos secundarios de los tratamientos e incluso la reaparición del cáncer.

La Sociedad Americana contra el Cáncer recomienda que los adultos que sobrevivieron al cáncer hagan caminatas ligeras diariamente y ejercicios de fortalecimiento muscular al menos dos días a la semana. A mayor ejercicio, mayor bienestar.

  • Rutinas de acondicionamiento como pilates, yoga, respiración y relajación.
  • Procurar llevar una vida sin estrés, tomando las situaciones con más calma y tranquilidad, dando prioridad a lo realmente importante y dando un buen uso al tiempo.
  • Dormir lo suficiente, con buenos hábitos de higiene del sueño. Hacer siesta en el día y en la noche dormir al menos 7 horas.
  • Disfrutar de hobbies y actividades al aire libre.
  • Recibir el apoyo y acompañamiento emocional de familiares, amigos yprofesionales, que te permitan sentir que estás en las mejores manos.

La detección temprana, el diagnóstico oportuno y el tratamiento adecuado con tantos avances médicos y farmacológicos, marcan una línea definitiva entre la vida y la muerte.

Escrito por:

Cancer de Seno

Por Adriana Arango M.

No soy experta, soy mamá y abuela

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