Cuando estudié psicología, uno de los aprendizajes que más me marcó fue entender lo importante que es el apego seguro en los primeros meses de vida de un bebé. Después de ver varias clases me leí también varios libros y algunos artículos que me ayudaron a entender mejor el tema, pero el que más me impactó fue el libro de Raising Securely Attached Kids de Eli Harwood (2024). Harwood, terapeuta y experta en apego, traduce décadas de investigación en estrategias simples y poderosas que cualquier papá o mamá puede aplicar. Ella explica que no se trata de ser papás perfectos, sino de estar presentes para nuestros hijos de forma consistente.

En este blog quiero compartir todo lo que aprendí de estas lecturas y clases para que puedan construir desde el nacimiento de sus bebés esa base emocional que los acompañará toda la vida, porque lograr construir un apego seguro con nuestros hijos es la mejor inversión que podemos hacer para su vida futura.

¿Qué es el apego seguro y por qué es tan importante en los primeros meses?

El apego es el vínculo emocional profundo que se crea entre el bebé y su cuidador principal. Según la teoría clásica de John Bowlby (1969/1982), es una necesidad biológica: los bebés nacen programados para buscar proximidad y protección. Mary Ainsworth y su equipo (1978) lo demostraron con el famoso “Strange Situation”: los bebés con apego seguro exploran tranquilos cuando su cuidador está cerca, se angustian al separarse y se calman rápidamente al volver. Representan alrededor del 60-70 % de los niños en la mayoría de culturas.

Construir un apego seguro es sumamente importante (en los primeros meses de vida) porque es cuando se forman los “modelos internos de trabajo” (internal working models), patrones mentales que le dicen al bebé: “el mundo es seguro y mis necesidades importan”. Cassidy, Jones y Shaver (2013) resumen que un apego seguro favorece la regulación emocional, la empatía y la resiliencia. Sin esta base, el riesgo de ansiedad, dificultades en sus relaciones sociales o problemas de autoestima aumentan significativamente a largo plazo.

Las etapas del apego en los primeros meses: lo que realmente ocurre

Bowlby describió cuatro etapas clave que todos debemos conocer:

  • Pre-apego (0-6 semanas): El bebé responde a cualquier cuidador que lo atiende con calidez. Prefiere voces humanas, caras y contacto piel con piel.
  • Apego en formación (6 semanas-6/8 meses): Comienza a reconocer a su cuidador principal. Sonríe más con esta persona y se calma con su olor y voz.
  • Apego claro (6/8-18 meses): Busca activamente la proximidad de su cuidador principal. Usa tus brazos como “base segura” para explorar y volver cuando se asusta.
  • Diferenciación (18 meses en adelante): Empieza a entender que tú también tienes necesidades y negocia emocionalmente.

Ahora bien, vale la pena aclarar que en los primeros meses (etapas 1 y 2) se establece el 80 % de la base del apego que tendrá el bebe con su cuidador principal.

La clave científica: respuesta sensible y “buena madre suficiente”

Winnicott habla de que las mamás solo necesitamos ser una “buena madre suficiente”: no perfecta, sino lo suficientemente responsiva a nuestros bebés. Ahora, por  sensibilidad parental entendemos que es percibir, interpretar y responder oportunamente a las señales del bebé, y este es el predictor más fuerte de apego seguro (De Wolff & van IJzendoorn, 1997; meta-análisis citados por Cassidy et al., 2013).

Prácticamente significa:

  • Diferenciar llantos: hambre (rítmico), sueño (quejido), dolor (agudo).
  • Responder en menos de 30-60 segundos la mayoría de las veces (no se “malcría”; se construye confianza).
  • Reparar “rupturas”: si te enfadas o tardas, reconecta con amor: “Perdón, estaba cansada. Aquí estoy”.

Harwood (2024) insiste: “La conexión siempre gana al control”. No se trata de obedecer cada capricho, sino de ayudar a nuestros hijos a reconocer y validar sus emociones.

Mitos comunes sobre el apego seguro: desmontando lo que nos han dicho toda la vida

Una de las barreras más grandes para practicar el apego seguro son los mitos que escuchamos de nuestras abuelas, amigas o incluso de las redes sociales. El más repetido es: “¿Se malcría al cargarlo mucho o al responder cada vez que llora?”. La respuesta corta y científica es: no, no se malcría un bebé respondiendo a sus necesidades. De hecho, lo contrario es cierto. Los bebés no tienen la capacidad cognitiva para manipularnos conscientemente hasta que desarrollan la permanencia del objeto (alrededor de los 8-12 meses, según Piaget). Antes de eso, su llanto es comunicación pura: “tengo hambre”, “tengo frío”, “necesito sentirme seguro”. Responder consistentemente no crea dependencia ni niños “caprichosos”; construye confianza y auto-regulación emocional (Solomon, 1993; Sanford Health, 2022).

Además, varios estudios en el tema muestran que dejar llorar excesivamente a un bebé puede elevar el cortisol (la hormona del estrés) crónico, afectando el desarrollo cerebral y aumentando la vulnerabilidad al estrés en la adultez (Harvard research, 1998; Carollo et al., 2023). En cambio, responder de manera consistente al bebé promueve un apego seguro, que predice mejor manejo emocional y relaciones sanas a largo plazo (Groh et al., 2012).

Otro mito muy común que dice la gente es: “Si lo cargas todo el tiempo, nunca aprenderá a estar solo” y la realidad es que los bebés con apego seguro exploran más y se separan con mayor confianza cuando están listos, porque saben que su base segura siempre está ahí (Ainsworth et al., 1978). Por ejemplo, en culturas donde se carga mucho a los bebés (como muchas latinoamericanas), los niños desarrollan independencia emocional saludable, no dependencia. En este sentido, responder a su llanto y tenerlo cerquita a nosotras constantemente no es “malcriar”; es respetar la biología de los bebés. Como dice Harwood (2024): el amor no malcría; mientras que la falta de conexión entre el cuidador principal y el bebé sí puede generar inseguridad.

Estrategias prácticas diarias: herramientas que cualquier mamá puede usar

1. Contacto físico y ocular: el poder de la oxitocina

  • Practica piel con piel al menos 1 hora al día (ideal en las primeras semanas).
  • Mira a los ojos a tu bebé mientras come, cambias el pañal o cantas. Esto libera oxitocina en ambos y fortalece el vínculo (Julymontoya, 2025).
  • Usa portabebés o fular: estudios experimentales muestran que aumentar el tiempo de contacto físico promueve el desarrollo del apego seguro (Anisfeld et al., 1990).

2. Comunicación no verbal

Observa sus expresiones faciales, movimientos de brazos y el tono del llanto de tu bebé. Responde con voz suave, consiéntelo y sonríe frecuentemente. También es clave hablarle mucho: narra todo lo que haces (“Ahora mamá te voy a cambiar el pañal”). Adicionalmente, puedes imitar sus sonidos, ya que este intercambio sin palabras organiza el cerebro social y emocional del bebé (HelpGuide.org, basado en Cassidy et al., 2013).

3. Rutinas predecibles con flexibilidad

  • Haz horarios para sus siestas y comida (que sean flexibles pero consistentes).
  • Haz momentos de juego cara a cara: 10-15 minutos diarios sin distracciones (celular apagado).
  • Ambos papás involucrados: papás pueden dar el tetero mirando a los ojos, cantar o cargar.

4. Cuidado de la mamá: no puedes dar lo que no tienes

Duerme cuando el bebé duerme (si puedes), pide ayuda y recibe ayuda cuando te la ofrezcan y respira profundo antes de responder. Harwood (2024) recuerda que los papás también necesitamos nuestra propia “base segura”. Un cuidador regulado emocionalmente transmite regulación al bebé.

Beneficios a largo plazo: lo que tu bebé se lleva para siempre

Un apego seguro en los primeros meses predice:

  • Mejor regulación emocional y menor riesgo de ansiedad/depresión (Groh et al., 2012).
  • Relaciones más sanas en la adolescencia y adultez.
  • Mayor empatía, autoestima y rendimiento académico (Sroufe et al., Minnesota Longitudinal Study).
  • Mejor salud física: menor riesgo de obesidad y enfermedades inflamatorias (Puig et al., 2012).

Cuando sientes que no lo estás logrando: la magia de la reparación

Es natural y esperable que no podamos estar al 100% siempre. La depresión posparto, el cansancio o el estrés del día a día pueden interferir en cómo nos relacionamos o respondemos a las necesidades de nuestro bebé. En estos casos lo más importante es  la reparación rápida. Cuando lo veas necesario puedes decir: mamá se puso nerviosa, pero te quiero mucho y aquí estoy”. Varios estudios de intervención muestran que incluso mamás con dificultades pueden lograr apego seguro con apoyo (van den Boom, 1994).

Si sientes que necesitas ayuda extra, puedes buscar la ayuda de psicólogos perinatales o grupos de apego. No estás sola.

Conclusión: tu presencia es el mayor regalo

Para lograr desarrollar un apego seguro lo que necesita nuestro bebé es nuestra presencia consciente, mirada amorosa y respuesta oportuna. Como dice Harwood (2024), “la conexión es el ingrediente que hace que todas las demás estrategias de crianza funcionen”.

Empieza hoy: el próximo cambio de pañal, la próxima toma, la próxima siesta. Cada interacción cuenta.

Escrito por:

Carolina Calderón

Psicóloga y Guía Montessori

Referencias

Ainsworth, M. D. S., Blehar, M. C., Waters, E., & Wall, S. (1978). Patterns of attachment: A psychological study of the strange situation. Erlbaum.

Anisfeld, E., Casper, V., Nozyce, M., & Cunningham, N. (1990). Does infant carrying promote attachment? An experimental study of the effects of increased physical contact on the development of attachment. Child Development, 61(6), 1617–1627. https://doi.org/10.2307/1130847

Bowlby, J. (1969/1982). Attachment and loss: Vol. 1. Attachment (2nd ed.). Basic Books.

Cassidy, J., Jones, J. D., & Shaver, P. R. (2013). Contributions of attachment theory and research: A framework for future research, translation, and policy. Development and Psychopathology, 25(4 Pt 2), 1415–1434. https://doi.org/10.1017/S0954579413000692

De Wolff, M. S., & van IJzendoorn, M. H. (1997). Sensitivity and attachment: A meta-analysis on parental antecedents of infant attachment. Child Development, 68(4), 571–591.

Groh, A. M., Roisman, G. I., van IJzendoorn, M. H., Bakermans-Kranenburg, M. J., & Fearon, R. P. (2012). The significance of insecure and disorganized attachment for children’s internalizing symptoms: A meta-analytic study. Child Development, 83(2), 591–610.

Harwood, E. (2024). Raising securely attached kids: Using connection-focused parenting to create confidence, empathy, and resilience. Sasquatch Books.

Panksepp, J. (1998). Affective neuroscience: The foundations of human and animal emotions. Oxford University Press.

Puig, J., Englund, M. M., Simpson, J. A., & Collins, W. A. (2012). Predicting adult physical illness from infant attachment: A prospective longitudinal study. Health Psychology. Advance online publication. https://doi.org/10.1037/a0028889

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