En Ser Mamá by Simona hemos aprendido algo con los años: criar no se trata de hacerlo perfecto, sino de hacerlo con amor y coherencia. Por eso, cuando hablamos de crianza respetuosa, no nos referimos a una moda, sino a una forma consciente de acompañar a nuestros hijos dentro y fuera de casa.
En nuestra comunidad de mamás, muchas comparten lo mismo: lo difícil que puede ser mantener el mismo estilo de educación en el colegio y en el hogar. Por eso quisimos recoger sus historias, consejos y experiencias para entender cómo se construye ese puente que une los dos mundos que más forman a nuestros hijos.
El mismo niño, dos mundos: casa y colegio
A veces parece que existen dos versiones de nuestros hijos: la que vemos en casa y la que describen sus profesores. Pero en realidad, no cambian ellos, cambia el entorno.
En casa se sienten seguros para mostrar todo lo que son: alegría, enojo, frustración. En el colegio, enfrentan normas, grupos y rutinas que ponen a prueba su paciencia y su autonomía.
Ahí entra la crianza respetuosa: ayudarles a transitar ambos espacios con equilibrio. Significa reconocer que los límites también educan, que las emociones necesitan espacio y que el vínculo familiar es la base para que el colegio se convierta en una extensión del hogar, no en su opuesto.

Lo que las mamás de nuestra comunidad han aprendido
En nuestra comunidad de mamás, escuchamos historias que reflejan el poder de la empatía.
Andrea, una de ellas, nos contó:

Y Natalia compartió:

La crianza respetuosa no se trata de evitar conflictos, sino de acompañarlos. Cuando escuela, familia y niño trabajan juntos, el aprendizaje se vuelve más humano y los niños se sienten comprendidos.
Límites con amor: un lenguaje que educa
En Ser Mamá by Simona creemos que los límites con amor son el puente más fuerte entre el hogar y la escuela.
Poner límites no es imponer, es guiar.
Cuando en casa se enseñan rutinas, respeto y empatía, esos valores se trasladan al colegio.
Por ejemplo:
- Si en casa aprenden a esperar su turno para hablar, lo aplican en clase.
- Si se validan las emociones (“veo que estás molesto”), aprenden a ponerles nombre.
- Si se conversa sin gritos, entienden que el diálogo también corrige.
Como dice una mamá de la comunidad:
“Cuando pongo límites con respeto, mi hijo no obedece por miedo, sino porque entiende.”
La comunicación con los hijos lo cambia todo
La comunicación con los hijos es la herramienta más poderosa que tenemos. No se trata de hablar mucho, sino de escuchar más.
Los niños cuentan su día de distintas maneras: con dibujos, gestos o silencios. Lo importante es estar ahí, sin presionar.
En vez de preguntar “¿cómo te fue?”, prueba con “¿qué fue lo más divertido del día?”.
Esa pequeña diferencia abre la puerta a conversaciones reales.
Una mamá nos contó que desde que cambió su forma de preguntar, su hijo empezó a compartir más. Porque cuando los escuchamos con paciencia, aprenden que sus emociones importan.
La crianza respetuosa se basa en eso: crear confianza.

El colegio también enseña emociones
El aula no solo forma en conocimiento, también en convivencia. Allí los niños aprenden a esperar, negociar, compartir y reconocer sus límites.
Por eso, hablar con los docentes sobre cómo aplicar la crianza respetuosa ayuda a mantener coherencia. Pequeños cambios en el lenguaje hacen la diferencia:
- Cambiar “no llores” por “¿quieres un abrazo?”
- Cambiar “pórtate bien” por “sé amable con los demás”.
Son frases simples, pero enseñan empatía y validación emocional.
Las maestras que forman parte de nuestra comunidad de mamás nos lo confirman: cuando los padres practican límites con amor en casa, los niños se adaptan mejor y gestionan sus emociones con más confianza.
El respeto también se enseña en equipo
Criar no es tarea de uno. Es un trabajo compartido entre familia, colegio y entorno. Y aunque no haya recetas universales, hay principios que siempre funcionan: respeto, empatía, coherencia y paciencia.
La crianza respetuosa no significa ausencia de autoridad, sino presencia con calma.
Es escuchar, explicar y acompañar.
Es enseñar a nuestros hijos que el mundo puede ser firme y amable al mismo tiempo.
Y sobre todo, es entender que el vínculo familiar es el lugar al que siempre volverán cuando el mundo se sienta demasiado grande.
Ejemplos simples para aplicar la crianza respetuosa

Lo que nos une como comunidad
En Ser Mamá by Simona creemos que la crianza respetuosa no se enseña en libros, se aprende en comunidad.
En cada historia, en cada mensaje que llega, recordamos que ser mamá es acompañar, no controlar.
Por eso, si estás viviendo esa etapa donde el colegio y la casa parecen dos mundos distintos, respira: estás haciendo lo mejor que puedes.
Tu hijo no necesita perfección, necesita presencia.
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Porque ser mamá no es hacerlo todo, es hacerlo con amor y con compañía.



