Aprendizajes y retos de compartir la crianza en familia
“Cuando era bebé y durante mi primera infancia mi mamá me acostó todas las noches a las 6 p.m. No conocí la luna hasta que cumplí 7 años”.
Esta sugestiva recomendación de una abuela a su hija o nuera para crear hábitos de sueño en sus nietos describe a la perfección las posturas y los puntos de vista desde las experiencias de crianza para crear e incorporar los mismos hábitos que antes funcionaron y queremos replicar de generación en generación.
Y como este, muchos otros ejemplos con respecto a la alimentación, la higiene y cuidado personal, las rutinas de estimulación, las actividades para entretener a los niños, los juegos, los paseos, las normas y límites, los remedios caseros, los horarios, el manejo de las pataletas, los premios y castigos, las concesiones y permisos, etc.
Otra experiencia que cuento orgullosa a mis hijos, pero que hoy por hoy puede no ser recibida con buenos ojos es esta: “A los cuatro meses de nacida te pasamos del Moisés en nuestro cuarto a tu habitación y pusimos en práctica el método de dejarte llorar dos, tres, cuatro noches, arrullándote y diciéndote que ahí estábamos papá y mamá, hasta que lograste pasar derecho”.
En efecto, este método, considerado como rigurosos, agresivo e innecesario para muchas madres modernas, puede generar un verdadero choque de criterios en la crianza intergeneracional, puesla tendencia actual en crianza positiva es el colecho hasta que los hijos sientan y decidanque ya quieren dormir solos en su cuarto, y el no dejar llorar al bebé para que se acostumbre a la soledad de la cuna en su habitación, como múltiples libros al respecto lo plantean (por ejemplo, “Duérmete, niño”, con el método del Dr. Eduardo Estivill y Sylvia de Béjar).
Bien sea que mamá, abuela y nietos convivan bajo el mismo techo, o que se trate de abuelas cuidadoras durante el día y en el transcurso de la semana para ayudar a las madres que trabajan y deben cumplir jornadas laborales, lo más importante es poner a prueba la sabiduría familiar, fomentando la empatía en los criterios para llegar a acuerdos y puntos de encuentro, y cumplir a cabalidad tanto con las indicaciones establecidas por la mamá como con las recomendaciones aceptadas como valiosos aportes por parte de las abuelas.
Por ejemplo, recuerdo que al iniciar la alimentación complementaria con Maxi y Mía, después de cuatro meses de lactancia materna exclusiva, sugerí a mi hija -con la seguridad de una pediatra- que les diéramos jugo de granadilla colada, con cucharita. O aguacate espichado también con cucharita. Me posesioné de mi rol de chef y aún siento la dicha de saber que recibían primero con curiosidad y luego con agrado esos nuevos sabores para seguir despertando sus papilas gustativas.
con mis dos nietos, siendo soporte y ayuda para mi hija que fue mamá a los 21 años, completamente inexperta e inmadura en asuntos de crianza, se basaron en estos pilares:
Transmitir calma, seguridad y confianza, enseñando con paciencia y amor. Se trata de mostrar la forma y el método, permitiendo que la mamá vaya encontrando su manera de hacer las cosas y lo que mejor le funcione.
Por eso es claveestablecer el estilo de cada una, sin tratar de cambiarla.
Por ejemplo, para mi es fundamental la rutina del baño del bebé con bañera plástica sobre un mesón, esponja, baño espumoso, vasija para mojarle la cabecita, toalla con capota a la mano; y una vez lo bañe, tener listo y organizado el kit de pañal, crema para la colita, aceite para masaje en todo el cuerpo, brochitas o plumitas para estimularle la espalda, cepillo para peinarlo y el atuendo completo sobre un forro impermeable donde procedo a secarlo, consentirlo y vestirlo en todo un ritual ceremonioso, plácido y tranquilo, mientras le canto y le converso de la vida y el amor.
En cambio, mi hija prefiere bañarse con el bebé cargándolo en la ducha y lo viste de forma natural y espontánea, siguiendo mis indicaciones con menos parsimonia y con toda la practicidad y la agilidad de una mamá moderna. En ambos casos hay una carga enorme de amor y de conexión vital con ese pedacito de nuestras vidas.
Estar disponible, dando prioridad a lo más importante. Esa certeza de poder contar con la “abuela maravilla” es lo que da un enorme respaldo a la crianza intergeneracional. No en vano afirmo de forma jocosa que las abuelas presentes, proactivas y con iniciativa somos uno de los mejores “inventos”, ¡al igual que los pañales!
No interferir en el modelo de crianza. Las abuelas cuidadoras podemos recomendar, aconsejar, sugerir, pero jamás imponer, ni mucho menos tratar de pasar por encima de las pautas de crianza dadas por la mamá, en consenso con el papá.
Tengo claro que los padres son quienes deciden la educación y la formación de sus hijos; pero hay no negociables que me empeño en que interioricen y acaten, y con los cuales soy inflexible: la falta de respeto y la desobediencia.
La sabiduría familiar que promulgo entre los míosse sustenta en cumplir con esas condiciones, y cuando los nietos están en mi casa, les inculco el sentido del orden, para que recojan sus juguetes con la famosa canción “A guardar, a guardar, cada cosa en su lugar, porque cambiamos de actividad…”
Panorama muy diferente al que encuentro cuando voy a la casa de ellos y me adapto a su mundo de fantasías y al hermoso caos que me confirma que en ese hogar ¡hay vida, hay niños, hay alegría!
Hacer corrección fraterna. Si detectamos falencias, vacíos, errores o inconsistencias en el manejo de algunas situaciones por parte de las mamás, lo ideal es encontrar espacios para hablar con total respeto y consideración, haciendo énfasis en lo más conveniente, justo, amoroso y adecuado para el desarrollo del bebé o pequeño.
Recuerdo una ocasión en la que mi hija llegó muy cansada de trabajar al final de la tarde y Mía, de apenas dos años, salió a su encuentro feliz lanzándose en sus brazos. Pero Mariana recibió una de esas llamadas importantes e ineludibles de su jefe para resolver un asunto urgente y en medio del estrés, cerró la puerta de su habitación en las narices de la niña, que tocaba insistentemente gritando para que su mamita le abriera…
¿Se imaginan el dolor y la impotencia que sentí? Mi primera reacción fue alzarla, abrazarla y explicarle que la mamá estaba ocupada en ese momento y que en un ratico la iba a consentir y a jugar con ella, como en efecto pasó.
Pero al día siguiente, apenas encontré la ocasión de hablar con mi hija, le hice caer en la cuenta del impacto negativo que su conducta había generado en la niña y le sugerí a forma de actuar la próxima vez: sin afanes ni perdiendo el control, ¡así estuviera hablando con el mismísimo jefe!
De esta forma la crianza intergeneracional cumple su cometido.
Propiciar launión familiar a través de la colaboración, la participación y el real interés por el bienestar de los chiquitos, diseñando planes especiales y una “agenda de la alegría” para dedicarles todo el tiempo, energía y atención mientras ellos están bajo el techo de las abuelas cuidadoras, o cuando estas van a sus casas a hacerse cargo de todas sus necesidades físicas y emocionales.
Mantener una comunicación constante. Con el uso de los celulares en nuestra vida cotidiana (como si fueran una extensión de nuestro cuerpo), ahora es muy común y casi que un imperativo para las abuelas cuidadoras el pasar reporte continuo a la mamá de lo que el niño comió, cómo se durmió a hacer la siesta, con qué jugó, cómo se sintió, qué dijo, qué hizo, etc., etc.
En mi caso, en esa cantidad de fotos y videos digitales, con el paso de los años he podido comprobar que ha valido la pena estar ahí para mi amada hija y mis adorados Maximiliano y Mía.
En eso está la raíz de la crianza positiva, aprendiendo de nuevas propuestas de expertos en psicología y desarrollo infantil, adaptándose a los modelos escolares que aplican nuevas teorías de enseñanza, cambiando patrones con los que nos criaron y que ya pueden estar revaluados, porque eran otras épocas donde primaban conductas rigurosas, intransigentes y menos armoniosas.
Por eso mucho cuidado como abuela cuidadora en interpelar a tu hija o nuera diciéndole: “Me va a enseñar a mí a criar?Para muchas mujeres que afirman tener la fortuna de contar con su mamá o su suegra para entregarles y confiarles lo más valioso de sus vidas -sus hijos-, la sabiduría familiar se centra en el criterio, el sentido común y la sapiencia de las que ya han recorrido ese camino de la crianza con toda la responsabilidad, dedicación y entrega que supone, y están dispuestas a volverlo a recorrer una y otra vez en pro del amor, el orgullo de aportar en el crecimiento de la familia y la satisfacción de ver crecer a sus nietos sanos, felices y estables.