Custodia compartida: tomar decisiones desde la calma cuando las emociones están desbordadas

El año pasado estuvimos en un matrimonio y me pasó algo que me inspiró a escribir este tema de hoy. Me reencontré con una mujer a la que había visto un año antes, era la segunda vez que la veía, pero la primera vez que le dirigía la palabra. No había alcanzado preguntarle cómo estaba y me dijo: “¿Notaste que no estoy con mi esposo?” Pero honestamente ni siquiera me acordaba que tenía esposo.
Procedió a contarme cómo el esposo le había sido infiel con la secretaria y se había ido a vivir con ella, dejándola a ella y a su hija solas. Se podía ver claramente el dolor por lo que ella había pasado. Incluso se notaba que todavía estaba herida por la situación.
El cambio físico negativo era impactante y su estado emocional devastador. Pero lo más triste de todo era el impacto tan negativo y el efecto que esta situación de odio entre papás había tenido en su hija, la cual tenía un comportamiento inadecuado constante y un descontrol emocional que afectaba a todos alrededor. Ella, al frente de su hija, nos contaba lo mal papá que él era, lo ausente que estaba en la vida de ellas, el mucho odio que sentía hacia él y la pésima relación que llevaban para coparenting.
El dolor de la infidelidad y la traición
En mi opinión, la infidelidad es el dolor y la traición más fuerte que pueda haber, porque la muerte de una persona no necesariamente significa traición y desamor. No juzgo el dolor, ni me alcanzo a imaginar la situación por la que ella está pasando.
Cuando una relación termina por infidelidad o abandono, el cerebro procesa la experiencia de manera similar a una adicción en abstinencia. Los estudios muestran que el rechazo romántico activa las mismas áreas cerebrales que el dolor físico intenso (Fisher et al., 2010). No estás exagerando cuando sientes que te duele el abdomen, que no puedes respirar, que la vida perdió sentido. Tu autoestima queda fracturada. Te preguntas constantemente qué hiciste mal, por qué no fuiste suficiente, cómo no viste las señales.
Pero quizás lo más peligroso es cómo este dolor puede transformarse en odio. El odio se siente más poderoso que la tristeza, menos vulnerable que la desesperación. Odiar a quien te lastimó puede sentirse como recuperar algo de control. Y es precisamente aquí donde comienza el peligro para tus hijos.
Cuando el dolor de mamá afecta a los hijos
Lo que sí estoy en desacuerdo es que ese dolor y ese odio se transmita a los hijos y nuble la relación con su papá, resultando en el mismo odio y rencor hacia él. Que por cierto, me vine a enterar por un par de llamadas que ella contestó a mi lado, que el papá tenía la intención de ver a la hija y ella se negó. Esto es solo uno de muchos casos.
Los niños son esponjas emocionales extraordinariamente sensibles. Los niños expuestos a conflictos parentales seguidos muestran niveles elevados de ansiedad, depresión y problemas de comportamiento. Independientemente de lo que hizo como pareja, ese hombre sigue siendo el papá de tus hijos, y salvo casos de abuso, negarles esa relación por dolor personal es privarlos de algo que les pertenece por derecho.
Mi historia
Yo perfectamente hubiera podido maldecir y alimentar el odio hacia mi novio cuando me dejó embarazada y sola. Perfectamente hubiera podido decidir no entender la versión de su historia, no entender su miedo al ser papá y el tiempo que se tomó para prepararse.
Él perfectamente podría no perdonarme a mí. Pero decidí perdonarlo y sanar mis heridas, incluso antes de que él volviera o me pidiera perdón. No lo hice únicamente por mí, lo hice especialmente para no heredarle ese odio, rencor o esas heridas a mi hijo. Hoy en día yo no tendría una familia si no fuera por ese proceso de sanación, por esa decisión de controlar mis emociones por el bienestar de la relación padre e hijo.
Tips para tomar decisiones con calma
Controlar las emociones cuando estás atravesando una traición no quiere decir negarlas o suprimirlas. Es aprender a procesarlas de manera que no contaminen las decisiones que tomas respecto a tus hijos.
Crea espacios para procesar tu dolor: Escoge momentos específicos para sentir plenamente tu dolor, tu rabia, tu tristeza. Puede ser en terapia, escribiendo en un diario, hablando con una amiga de confianza, o llorando en la ducha. Permítete sentir intensamente en esos espacios, pero cuando estés frente a tus hijos o tomando decisiones sobre coparenting, activa conscientemente tu “modo mamá” donde la prioridad son ellos, no tu herida.

Pausa de horas para decisiones importantes: Cuando recibas un mensaje de tu ex que te haga hervir la sangre, o cuando quieras negarle ver a los niños, respira unas horas antes de responder. Escribe la respuesta si necesitas, pero no la envíes. Cuando ya haya pasado suficiente tiempo, pregúntate: “¿Esta decisión beneficia a mis hijos o solo satisface mi necesidad de venganza?”
Separa a la persona de su rol: Práctica mental: “Él fue una pareja no ideal para mí. Eso no significa automáticamente que sea un mal papá.” Estas son dos cosas diferentes. Puedes reconocer que te lastimó profundamente como mujer sin proyectar automáticamente que lastimará a tus hijos como figura paterna.
Busca ayuda profesional: La terapia no es para personas que reconocen que necesitan herramientas para procesar experiencias duras. Un terapeuta puede ayudarte a sanar las heridas sin que estas se conviertan en patrones tóxicos que heredas a tus hijos (Emery, 2012).
Comunícate sobre coparenting en formato escrito: Cuando las emociones están a punto de explotar, las conversaciones verbales pueden escalar rápidamente. Usa mensajes de texto o correos electrónicos para coordinar temas de los niños. Esto te da tiempo para procesar, respirar y responder racionalmente en lugar de reaccionar emocionalmente.
El poder de la oración y el silencio
Para muchas mamás, la oración se convierte en el espacio donde pueden descargar el peso que es demasiado para cargar solas. No se trata necesariamente de pedir que las cosas cambien, sino de encontrar la fortaleza para cambiar tú misma, para no permitir que el veneno de la traición envenene también a tus hijos.
El silencio estratégico es igual de importante. Silencio cuando quieres criticar a su papá frente a tus hijos. Silencio cuando quieres contarles detalles que no les corresponde cargar. Silencio cuando la tentación es usar a tus hijos como mensajeros de tu dolor o instrumentos de tu venganza.
La oración y el silencio se vuelven un ancla emocional en la vida de una mamá porque te permiten procesar el dolor sin proyectarlo, sentir la herida sin convertirla en arma, llorar la pérdida sin envenenar a tus hijos con tu dolor.
La decisión más difícil y más valiente
Cada caso es completamente diferente, cada relación es única. En casos de abuso, ese vínculo puede ser recomendado romperlo. La seguridad física y emocional de tus hijos siempre debe ser la prioridad absoluta.
Pero yo personalmente te recomiendo intentar sanar las heridas que dejó tu pareja para no permitir que nublen razonablemente la relación papá e hijo. Perdonar no es olvidar lo que pasó ni reconciliarte con quien te hirió. Perdonar es liberar el poder que esa persona y esa situación tienen sobre tu paz mental. Es decidir que tu sanación y el bienestar de tus hijos son más importantes que aumentar el resentimiento.
Escoge sanar y tener paz incluso cuando lo único que hay es caos. Escoge ser el ancla emocional que tus hijos necesitan. Esa es la diferencia entre dejar que el dolor te controle o controlar el dolor por el bien de quienes más amas.

Escrito por:
Juanita Gómez
Social Media Manager, Creadora de Contenido y Asistente de Productores en Hollywood
Referencias
Cummings, E. M., & Davies, P. T. (2010). Marital conflict and children: An emotional security perspective. Guilford Press.
Emery, R. E. (2012). Renegotiating family relationships: Divorce, child custody, and mediation (2nd ed.). Guilford Press.
Fisher, H. E., Brown, L. L., Aron, A., Strong, G., & Mashek, D. (2010). Reward, addiction, and emotion regulation systems associated with rejection in love. Journal of Neurophysiology, 104(1), 51-60.



