Embarazo inesperado: del miedo a la fortaleza

Embarazo inesperado: del miedo a la fortaleza

Cómo transformar la incertidumbre en amor y confianza en una nueva etapa de vida

Escribo esto con lágrimas en los ojos y el corazón en la mano. Porque devolverme a ese momento significa volver al dolor más profundo que he experimentado. Todavía me duele, y esa era precisamente la razón por la cual decidí guardar silencio todos estos años, hasta ahora.

Pensar que mi testimonio puede servir a alguna mujer que atraviesa un embarazo inesperado me da la fuerza para escribirlo. Si estás leyendo esto, quiero que sepas que no estás sola.

Dos Líneas

Dos líneas. Solo dos líneas en una prueba fueron suficientes para que mi mundo se detuviera. En ese instante, mi embarazo inesperado se convirtió en una realidad que no podía ignorar.

Las lágrimas caían sin control. No eran solo lágrimas de miedo, sino de una mezcla de emociones imposibles de nombrar. Estaba lamentando lo que creía era mi final feliz, aterrándome por lo que dirían los demás.

Pero mi mayor miedo, la parte más dolorosa, era que sentía que mi identidad completa iba a desaparecer. Como si todo lo que yo era se redujera únicamente a ser mamá. Nada más.

En el Silencio

Mi familia atravesaba una crisis profunda. Mi hermano enfrentaba una enfermedad desconocida que nos tenía a todos al borde del colapso emocional. Ver su sufrimiento me hacía cuestionar si valía la pena vivir en un mundo tan cruel.

En ese contexto, ¿cómo iba a llegar con esta noticia? No podía. Mi única opción fue el silencio, guardar este secreto que me quemaba por dentro. Las emociones en el embarazo me cerraban el apetito, sentía un vacío constante en el estómago.

Internamente lloraba por contarle a mi mamá, pero no podía supuestamente sumarle más dolor a una familia que ya estaba quebrándose. Así que esperé, en silencio, sintiendo cómo cada día el peso crecía dentro y fuera de mí.

Contarle al papá de mi bebé fue devastador. Él vivía a 14 horas de vuelo. Lloramos juntos, pero la distancia física hacía la impotencia aún más insoportable.

Nadie te cuenta lo difícil que es ver un resultado positivo cuando esperabas uno negativo. O un negativo cuando esperabas positivo. Ese embarazo inesperado nos encontró emocionalmente incapaces de ser padres.

Con el tiempo, esa falta de preparación nos fue distanciando. La presión de estar embarazada sin querer estarlo generaba una impotencia que consumía todo. Lo que llevo a seis meses sin decirnos una sola palabra fueron el resultado.

Las tentaciones

La presión de la sociedad me tentaba constantemente: “No hay necesidad de esto ahora. No necesitas ser mamá todavía. Puedes tener tu final feliz más tarde si sigues el orden correcto de las cosas, no tienes porque perder a tu principe azul.”

Estas palabras seducen porque ofrecen una salida fácil. “Solo toma una pastilla y vuelve a tu cuento de hadas”, decían. Por otro lado, la voz de mi hermana, mi mejor amiga, mi madrina y mi tía me recordaban otra verdad.

En medio de esa batalla interna, una noche llorando le rogué a Dios que me diera fuerza. Que no me dejara hacer algo de lo que me pudiera arrepentir. Dos días después, mi mamá me sentó y me dijo que había soñado con mi bebé.

El momento de la verdad

Le negué a mi mamá tres veces que estaba embarazada. Finalmente lo acepté y se lo conté a mi papá y a toda mi familia. Quienes me recibieron con los brazos abiertos y lágrimas en los ojos.

Todos dijeron que finalmente llegaba la luz a nuestra familia, por medio de mi hijo y mi sobrina también en camino. Ese embarazo inesperado que yo veía como una catástrofe, ellos lo veían como esperanza en medio de la oscuridad.

Pero mi corazón seguía roto. La ausencia del papá de mi bebé me ahogaba. En medio de exámenes, solo sentía impotencia y una tristeza profunda al pensar que mis mayores dolores eran las primeras emociones que experimentaba mi hijo.

Lo que me salvó: el silencio en Dios

La Biblia dice en Proverbios 17:28: “Aun el necio, cuando calla, es contado por sabio; y el que cierra sus labios es entendido.” Descubrí que en el silencio habitaba una sabiduría que no había comprendido antes. Fue la clave para sanar lo que mis palabras habían roto.

Cuando las emociones son incontrolables, hablar tiende a herir. La rabia, el resentimiento, la frustración y la desesperanza se convirtieron en palabras hirientes entre nosotros. Palabras que lanzamos como proyectiles en medio del dolor, palabras que quebraron lo que quedaba de nuestra relación.

Cada conversación se volvía un campo de batalla emocional. Yo sentía abandono, traición, miedo. Él sentía presión, incapacidad, culpa. Nuestras palabras no buscaban entender, sino descargar el peso insoportable que cada uno llevaba. La psicología emocional explica este fenómeno como “secuestro emocional”, cuando la amígdala se activa ante una amenaza percibida y desactiva el córtex prefrontal, la zona del pensamiento racional. En ese estado, nuestras palabras no provienen del amor sino del sistema de supervivencia. Por eso hirieron tanto.

El silencio que restaura

Cuando callamos y esperamos en el silencio, emerge la vida. Durante esos seis meses sin hablar, algo profundo paso en mí. El silencio no era ausencia de comunicación, era la presencia de una transformación interna.

La neurociencia confirma que el silencio permite la regulación emocional. Cuando dejamos de reaccionar impulsivamente, el cerebro puede procesar las emociones complejas: el dolor de la separación, el terror al futuro, la vergüenza ante mi familia, la culpa por traer un hijo a esta situación.

Cada emoción tuvo su espacio. Lloré la tristeza sin convertirla en odio. Sentí la ansiedad sin proyectarla en ataques. Procesé el miedo sin exigirle a él que lo resolviera. El silencio me enseñó que mis emociones eran válidas sin necesidad de usarlas como armas.

Leía los libros de sabiduría cada día. Encontré paz en la lectura, en la oración, en el simple acto de respirar profundamente. El silencio era un acto de amor hacia mi bebé, hacia mí misma, y extrañamente, hacia él también.

Proverbios 18:21 dice: “La muerte y la vida están en poder de la lengua; y el que la ama comerá de sus frutos.”Después de experimentar cómo nuestras palabras destruyeron nuestra relación, comprendí esta verdad.

Las palabras tienen el poder de dar vida o de quitarla. Durante meses me guardé de hablar palabras de odio hacia el papá de mi bebé, aunque la tentación era constante. Sentía una mezcla tóxica de abandono, desilusión y un amor que me confundía aún más.

La investigación en psicolingüística confirma que el lenguaje interno moldea nuestra experiencia emocional. El Dr. James Pennebaker ha demostrado que escribir sobre traumas sin expresarlos impulsivamente permite procesar emociones de manera más saludable.

La sabiduría del tiempo

Eclesiastés 3:7 nos recuerda: “Tiempo de callar y tiempo de hablar.” Yo no estaba preparada emocionalmente para salir a la luz con mi embarazo inesperado completamente rota. No estaba lista para aceptar mi maternidad soltera, para enfrentar el juicio de la gente, para asumir que no tendría un final de cuento de hadas tradicional.

Y estaba bien no estarlo. No había presión. El silencio y el tiempo todo lo sanan.

Durante ese período me mantuve alejada de las redes sociales. Mi familia respetó mantener en secreto mi embarazo hasta que me sintiera preparada. Tomaba 30 minutos cada noche para leer los libros de la sabiduría en La Biblia, los cuales reforzaban mi decisión de mantenerme en silencio.

El camino del perdón

El perdón no llegó de inmediato, pero llegó. Decidí perdonar al papá de mi bebé incluso antes de que me pidiera perdón. ¿Por qué? Porque el papá de tu hijo nunca va a dejar de ser papá.

Proverbios 21:23 dice: “El que guarda su boca y su lengua, su alma guarda de angustias.” El odio y la rabia consumen todo tu ser. Demostrarle odio hacia él solo le haría más daño a mi hijo. Mi bebé solo merecía amor.

Investigué y leí testimonios de otras mujeres. La cantidad de historias y la realidad de lo que hubiera sido tomar esa pastilla, física y emocionalmente, solo me hacía sentir compasión hacia las mamás que alguna vez juzgué, que ahora comprendía.

La Valentía

Debes sentir orgullo de ti misma. Orgullo de que estás protegiendo a tu bebé y escogiste lo mejor. Las emociones en el embarazo son importantes de controlar porque tu bebé siente todo lo que tú sientes.

Cada vez que llegaba un mal sentimiento o dolor, lo lloraba, lo sacaba, respiraba, lo vivía y lo cambiaba por amor. Eres una mujer valiente que todo lo puede por su hijo. Tu decisión de ser mamá, y más haciéndolo sola, es motivo de celebración.

Nunca imaginé todo de lo que era capaz hasta que viví mi embarazo inesperado sola. Tu maternidad soltera no es el fin de tu cuento de hadas. Puede ser el principio. Muchas mamás encuentran al hombre de su vida no antes, sino después.

Apoyo emocional

Busca algún tipo de apoyo psicológico o emocional. Es terapéutico hablar lo que llevas dentro con las personas correctas, en el momento correcto. Mi familia, mi madrina, mi mejor amiga y sus papas, mis amigos, mucha gente fue un apoyo fundamental para mí.

La psicología emocional distingue entre expresión saludable y descarga reactiva. Hablar con un terapeuta o personas de confianza te permite procesar las emociones intensas —la culpa, el miedo al juicio, la soledad abrumadora— sin causar daño. Es diferente a lanzar esas emociones sin filtro hacia quien las provocó.

Sí, me tocó vivir ecografías sola, urgencias sola, días sola. Sentía una soledad que cortaba como cuchillo, una vulnerabilidad aterradora. Pero mi fuerza era Dios, y las personas que Él puso en mi camino para sostenerme.

La investigación en psicología perinatal confirma que el apoyo social y emocional durante el embarazo reduce significativamente el riesgo de depresión posparto. Más importante aún, mejora el vínculo mamá-bebé desde el útero.

El bienestar emocional durante el embarazo no es un lujo, es una necesidad. Los estudios demuestran que el estrés materno elevado puede afectar el desarrollo fetal. Pero también muestran que procesar esas emociones adecuadamente —con apoyo, en silencio reflexivo, con amor propio— protege tanto a la mamá como al bebé.

El premio del silencio

Dios tenía preparado lo mejor como premio a mi silencio. Enero llegó y con él, una claridad que no había sentido en meses. Me sentía lista, no solo para ser mamá, sino para honrar mi historia sin vergüenza.

Contacté a una fotógrafa espectacular, una artista Rusa. Quería capturar este momento, salir a la luz de una manera que reflejara la belleza que finalmente podía ver en medio del dolor. Las fotografías serían mi declaración al mundo: soy mamá, esto es real, y lo celebro.

Pero antes de compartir estas imágenes con el mundo, supe que había algo más importante que hacer. Contacté al papá de mi bebé. Él merecía ver las ecografías de su hijo antes que nadie más.

Ese gesto, nacido del silencio y el perdón que había cultivado en secreto, abrió una puerta. Las emociones que nos habían separado —el miedo paralizante, la confusión abrumadora, la sensación de estar perdidos— comenzaron a transformarse en algo diferente: comprensión, ternura, esperanza.

Nos volvimos a encontrar, pero esta vez sin las palabras hirientes. Esta vez con el espacio que el silencio había creado para el perdón verdadero. Fue fácil perdonar lo que ya había perdonado en mi corazón durante esos meses de quietud.

Comprendí su versión de la historia: su propio terror, su sentimiento de temor, su amor por mí que se había mezclado con pánico. Su propio proceso le dio la estabilidad emocional que necesitaba para hoy en dia ser el mejor papá y el mejor esposo.

Mamá soltera o papá soltero, lo eres todo para tu hijo: mamá y papá. Pero junto a Dios, eres todo lo que tu bebé necesita. Vuelve a tu identidad. No hay una definición única de “mujer como mamá soltera”.

La maternidad soltera no define todo lo que eres. Es parte de tu historia, pero no es toda tu historia. Tu bienestar emocional depende de recordar quién eres más allá de tu rol como mamá.

Si estás atravesando un embarazo inesperado, tomate tiempo para sentir, para pausar, para sanar. Para no tener que saber lo va a pasar en tu futuro de inmediato. Tu bienestar emocional importa tanto como tu salud física.

Eres más fuerte de lo que crees. Lo sé porque yo también lo fui, y no lo sabía hasta que lo viví.

Hoy yo tengo nuestro “vivieron felices por siempre”. Puede que el tuyo se vea diferente, sin o con un hombre a tu lado, pero créeme que con tu bebé en camino,  al final de esos nueve meses ya vas a tener tu propio final feliz. Porque el verdadero “Vivieron felices por siempre” no es la ausencia de dolor, sino la capacidad de transformarlo en amor.

En el instante en que tuvimos por primera vez a nuestro hijo en brazos, todo el sufrimiento valió la pena. Siento un amor tan grande que volvería a vivirlo todo por él. Tener a nuestro hijo fue la mejor decisión que pudimos tomar.

Escrito por:

Juanita Gomez

Referencias:

Pennebaker, J. W., & Chung, C. K. (2011). Expressive writing: Connections to physical and mental health. In H. S. Friedman (Ed.), The Oxford Handbook of Health Psychology (pp. 417-437). Oxford University Press.

Field, T. (2017). Prenatal depression risk factors, developmental effects and interventions: A review. Journal of Pregnancy and Child Health, 4(1), 301.

Goldin, P. R., & Gross, J. J. (2010). Effects of mindfulness-based stress reduction (MBSR) on emotion regulation in social anxiety disorder. Emotion, 10(1), 83-91.

2 comentarios

  1. CSP

    Gracias por compartir tu historia. Yo no tuve tu coraje y interrumpí el embarazo..no porque no quisiera el bebé, sino por todos los miedos que mencionaste y alguno más. Tiempo después, todavía me duele muchísimo esa decisión. Mi bebé habría sido mitad colombiano y mitad europeo.
    Cuando descubrí que estaba embarazada, me habría encantado leer un testimonio como este. Estoy segura que me habría dado la fuerza para seguir adelante. Mi relación con el padre del bebé continuó por un tiempo pero al final se rompió esa también. Dios perdona, pero perdonarse a una misma es lo más difícil. Muchas bendiciones y felicidad para ustedes.

    • Ser Mama

      Te abrazamos. Gracias por tu valentía al compartirnos tu historia.
      Bendiciones y Gracias por pertenecer a Ser Mamá porque siempre serás MAMÁ.

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