Cómo una relación sana con tu cuerpo impacta tu bienestar emocional y de pareja
Estando cerca a San Valentín, una de las películas más esperadas del año se estrena: Wuthering Heights. Pero ¿por qué atrae tanto esa película?
Porque es un amor intenso, donde las emociones son tan fuertes que te hacen sentir que tú eres la que está viviendo ese amor imposible, que ese es tu caso.
El amor prohibido de un hombre que no quiere a nadie más que a la mujer que ama, similar a Crepúsculo y Orgullo y Prejuicio.
Pero ¿qué tan posible es esa historia? ¿Tú sientes ese amor tan grande por tu esposo? ¿Él lo siente por ti?
Lo que pasa en tu cuerpo cuando te enamoras
Cuando te enamoras, tu cerebro libera un montón de químicos que literalmente te hacen sentir diferente.
La dopamina produce tanta emoción que hace que no puedas dejar de pensar en esa persona. La oxitocina te conecta emocionalmente cuando hay contacto físico.
La adrenalina acelera tu corazón y te da mariposas en el estómago.
Y lo más interesante es que la parte de tu cerebro encargada de pensar con lógica se apaga un poco, por eso durante esta etapa ves todo como un sueño, ignoras las señales de alerta y tomas decisiones que normalmente no tomarías.
¿Es posible un amor como el de Wuthering Heights?
Sí, ese amor obsesivo existe biológicamente. Los psicólogos lo nombraron amor apasionado y viene con pensamientos obsesivos, exaltación y un anhelo constante de unión emocional.
Ese tipo de amor funciona bien al principio, pero con el tiempo no sostiene una relación sana. El amor obsesivo se caracteriza por la necesidad de poseer o controlar a la otra persona, especialmente cuando hay rechazo. No es amor de verdad.
El amor de Wuthering Heights es divino cuando es película, porque sabes que no tienes que vivir las consecuencias. No tienes que lidiar con la posesividad, con los celos, con la dependencia emocional que ese tipo de amor genera.
Es fácil romantizar el dolor cuando solo dura dos horas y viene con un soundtrack
La dopamina baja después de unos meses. La adrenalina se estabiliza. Y entonces llega el amor de verdad. El que no viene con música de fondo ni escenas perfectamente editadas.
Ahora hablemos de un amor de verdad
Un amor que crece con el tiempo a pesar de las circunstancias. Un amor que supera la intensidad de los primeros meses.
Un amor en salud y enfermedad, hasta que la muerte los separe. Porque ese amor es el que prometes en el altar. El amor que duerme a tu lado.
Este amor se construye cuando decides amar cada día. Cuando entienden que la intimidad no es solo física, sino total. Cuando se entregan completamente, sin reservas.
Este amor puede tener pasión, pero también tiene estabilidad, fidelidad y respeto. Pero ¿quién no quiere algo de Wuthering Heights en su vida? ¿Algo de esa historia de amor que vemos en las películas?
Pero para tenerlo, primero aclaremos:
¿Qué es una sexualidad sana?
Una sexualidad sana es un estado de bienestar físico, emocional, mental y social en relación con la sexualidad. Está basada en el respeto, el consentimiento, la comunicación y el placer.
Libre de coerción, violencia o discriminación.
Implica el autocuidado, el conocimiento del propio cuerpo y la responsabilidad en la toma de decisiones.
Pero vamos más allá. Una sexualidad sana no es solo intimidad física.
Según la Teología del Cuerpo, tu cuerpo fue creado con dignidad y propósito. No es un objeto. Es el lenguaje visible de quién eres.
Tu sexualidad está diseñada para ser un don de ti misma. Libre, total, fiel y fecunda. Donde te entregas completamente a la otra persona, sin reservas, sin mentiras, sin condiciones.
La honestidad como base
La prioridad para lograr una sexualidad sana es la honestidad. Hablar. Conocerse no solo en la intimidad física sino mental y espiritual. Conectarse emocionalmente para lograr una intimidad sexual profunda.
Pero ¿cómo vas a lograr tener intimidad con tu pareja si no puedes tener intimidad contigo misma al verte en un espejo?
A lo que me refiero es: ¿cómo puedes entregarte completamente a alguien más cuando no te gusta lo que ves cuando te miras al espejo? Física y espiritualmente.
Si te escondes de tu pareja porque sientes vergüenza de tu cuerpo, tu intimidad va a estar limitada por esa inseguridad. Si evitas mirarte porque no te aceptas, vas a llevar esa resistencia a todos los aspectos de tu relación.
Tu cuerpo no es tu enemigo
Muchas mujeres viven en guerra con su cuerpo. Lo critican, lo esconden, no aceptan el cambio.
Y esperan que en la intimidad con su pareja, mágicamente, toda esa vergüenza desaparezca. No funciona así.
Tu relación con tu cuerpo afecta directamente tu vida sexual. Cuando no te sientes cómoda en tu propia piel, te preocupas más por cómo te ves que por lo que estás sintiendo.
Apagas las luces. Te cierras.
Y no es solo físico. Cuando espiritualmente no te sientes en paz contigo misma, cuando cargas culpa, vergüenza o heridas no sanadas, todo eso también llega a la intimidad.
Porque no puedes separarte de ti misma. Lo que no resuelves en tu interior, lo llevas a tu relación.
La Teología del Cuerpo nos enseña que tu cuerpo fue creado con dignidad, con propósito. No es un objeto. No es algo de lo que avergonzarte. Es el lenguaje visible de quién eres.
Conocer tu cuerpo es tu responsabilidad
Conocer tu cuerpo no es vanidad. Es responsabilidad.
¿Cómo vas a poder comunicar lo que necesitas si ni siquiera tú lo sabes? ¿Cómo vas a poder entregarte como un don si no entiendes el valor de lo que estás dando?
Muchas mujeres crecen con la idea de que hablar de sexualidad es sucio, que su cuerpo es algo que debe esconderse, que su rol en la intimidad es pasivo. Pero eso no es lo que Dios diseñó.
Tu sexualidad es parte de quién eres. Y vivirla con plenitud requiere que te conozcas, que te valores, que entiendas tu dignidad y la de tu esposo.
Conocer tu ciclo. Entender tu fertilidad. No ignorar síntomas. No normalizar el dolor que no debería estar ahí.
La comunicación que todo lo cambia
La intimidad sexual mejora con comunicación honesta. Con la capacidad de decir: “Esto me gusta. Esto no. Me siento insegura con esto. Quiero intentar esto otro”.
Pero para muchas parejas es más fácil tener sexo que hablar de sexo. Evitan la conversación porque se sienten vulnerables, porque tienen miedo de herir al otro, porque no saben cómo empezar.
La intimidad profunda se construye en esa vulnerabilidad. En mostrar quién eres de verdad, con tus deseos, tus límites, tus miedos.
Y confiar en que tu pareja te va a recibir con amor y tú a ella.
El placer tiene un propósito
El placer sexual no es malo. Dios lo diseñó. Pero el placer separado del amor, del compromiso, de la donación total, se vacía.
Se convierte en algo que tomas en lugar de algo que das. Muchas mujeres cargan culpa cuando se trata de placer. Como si disfrutar fuera pecado. Pero la verdad es que el placer en el contexto del matrimonio, del amor verdadero, es bueno. Es parte del diseño.
El impacto en tu relación
Cuando tienes una relación sana con tu cuerpo y tu sexualidad, todo mejora. Te sientes más segura. Más capaz de ser vulnerable.Más dispuesta a entregarte porque entiendes que lo que das tiene valor.
Cuando ambos entienden que sus cuerpos son para el otro, que la intimidad es darse completamente el uno al otro, la conexión que se crea es fuerte. Puede tener pasión.
Pero también tiene estabilidad, fidelidad, respeto.
Ese es el amor que dura. El que no necesita drama para existir.
El que se renueva en la decisión diaria de amar, de honrar, de entregarse.
Curando el corazón roto
Si sientes que tu relación con tu cuerpo está rota, puedes reconstruirla. No será de la noche a la mañana, pero cada paso cuenta.
Empieza por mirarte al espejo y recordar que fuiste creada con dignidad. Empieza por tratar tu cuerpo con respeto.Empieza por soltar la vergüenza que nunca debió estar ahí.
Si necesitas ayuda, búscala. Terapia, dirección espiritual, grupos de apoyo.
La sanación es posible.
Tips para tener una relación sana con tu pareja
Ejercicio: Cuiden su salud física juntos con actividades que disfruten, ya sea caminatas, pilates o ir al gimnasio como pareja.
Arréglense: Dediquen tiempo a verse bien el uno para el otro, demostrando que siguen queriendo atraerse mutuamente.
Comunicación: Hablen abiertamente sobre lo que sienten, necesitan y quieren, creando un espacio seguro para la vulnerabilidad.
Pausa: Tomen momentos regulares para desconectarse de las distracciones y reconectarse el uno con el otro.
Oración: Lo más importante, oren juntos diariamente para fortalecer su vínculo espiritual y poner a Dios en el centro de su matrimonio.
El amor que mereces
Puedes tener pasión, conexión profunda, momentos intensos. Pero dentro del contexto del amor verdadero.
Del compromiso. De la donación mutua.
El amor que mereces es uno que te haga sentir segura y deseada. Que honre tu dignidad. Que celebre tu cuerpo como el regalo que es. Que crezca contigo, no que te consuma.
Y ese amor empieza contigo. Con verte como Dios te ve. Con conocer tu cuerpo como templo.
Con vivir tu sexualidad con la verdad de su propósito.
Porque cuando entiendes tu dignidad, todo lo demás encuentra su lugar.

Escrito por:
Juanita Gómez
Social Media Manager, Creadora de Contenido y Asistente de Productores en Hollywood
Referencias
Juan Pablo II. (1997). Teología del Cuerpo: El amor humano en el plan divino. Ediciones Palabra.
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