En 2017, a mis 52 años, cumplí uno de mis más anhelados sueños, cuando pude gritar a viva voz “¡Voy a ser abuela por primera vez!”.
Recuerdo que mi hija mayor, Mariana (quien decidió junto a su esposo tener hijos al poco tiempo de casarse), llegó a mi casa con una caja de pizza una noche de domingo. Al abrirla, en el centro de los 8 trozos de pizza de pepperoni y vegetales, estaba el dispositivo que señala la prueba de embarazo, con dos inconfundibles líneas rojas que marcaban ¡positivo!
Recuerdo que grité de júbilo y emoción, mientras en medio de lágrimas le decía a mi hija “¡Yo sabía, yo sabía…, porque la sensación de estar adormilada todo el día y esos antojos de sopitas caseras no era algo habitual en ti!”.
Desde ese momento, la ilusión, los preparativos, la planeación de mil detalles, el anuncio a la familia y grupo de amigos, el volcarme e a darle trucos de mamá para sobrellevar los primeros síntomas de náuseas matinales, la aversión a sabores y olores, los cambios de humor, las recomendaciones nutricionales y de tips para controlar la aparición de estrías y kilos de más, y consejos de nuevos hábitos de estilo de vida por adoptar, no se hicieron esperar.
Entonces, ¿qué debe saber una mujer que será abuela por primera vez? Las respuestas dependen de factores como si es abuela paterna o materna (pues es normal que el vínculo madre-hija sea más cercano, íntimo y de mayor confianza que el que tiene la suegra con la nuera).
Otro aspecto fundamental es si vive en la misma ciudad o no, pues esta situación va a determinar su presencia permanente, regular o esporádica, sujeta a la posibilidad de destinar tiempo para estar ahí, porque es claro que la crianza a distancia, a través de la conexión en videollamadas no funciona.
La crianza se vive en el día a día, se experimenta en la cotidianidad y da sus frutos con el contacto físico, el cuidado y atención de todas las necesidades fisiológicas y emocionales del bebé, conversarles despacio y mirándolos a los ojos, la estimulación de los sentidos, los gestos y expresiones, las manifestaciones concretas de normas, límites y reglas, en todos los momentos que se viven en esa intensa y apasionante labor de criar.
Y quizá lo más imprescindible es que esa abuela disponga de energía, salud, vitalidad, disposición, compromiso y tiempo para apoyar, enseñar, acompañar, resolver, gestionar, aconsejar y volcar todo su amor en la mamá que apenas se estrena en su rol, así como en ese pequeño ser que llegará como una nueva vida, que cambiará la vida de los padres y de paso, la de la abuela.
Si este es el caso de la abuela primeriza, deberá, ante todo, hacer un viaje al baúl de los recuerdos para recoger todos los aprendizajes adquiridos cuando fue mamá, los trucos de la abuela (que se transmiten de generación en generación), los métodos, técnicas, fórmulas, estilos, posturas, recetas y estrategias que le funcionaron en la crianza de sus hijos, y que ahora cobran especial valor y sentido como un puro legado de experiencia y sabiduría.



La vida de una abuela cambia y se funde con la dulce espera de los progenitores. Surgen entonces los preparativos y la ejecución de mil detalles:
- Ofrecer compañía y disponibilidad de tiempo para acompañar a la futura mamá (si lo solicita) a las citas con el ginecólogo, ecografías, exámenes de laboratorio y control, curso psicoprofiláctico, masajes, clases de acondicionamiento físico para embarazadas, etc.
- Apoyarla en la elección y compra del mobiliario para el cuarto del bebé y todos los elementos necesarios para su llegada a este mundo; una lista interminable que depende de los gustos, prioridades y presupuesto de los futuros papás:
Moisés, cuna, móvil para la cuna, lencería (sábanas, cobijas, manticas, protectores de colchón, toallas, baberos, pañitos para gases, etc.), cojines de lactancia y anti-reflujo, coche, canastilla de vibración relajante, bañera, esterilizador de teteros, extractor de leche materna, ajuar (la primera pinta, piyamas, sacos, mamelucos, camisetas, bodies, pantalones, medias, gorros y demás), pañalera, forro cambiador, etc.
Otra recomendación muy útil es la compra periódica de pañales desde la etapa Recién Nacido hasta al menos la #1, #2 y #3, para tener una provisión suficiente que permita estar preparados para el uso constante de pañales en los primeros meses de vida; pañitos húmedos, crema para la colita del bebé y los productos de aseo y limpieza como shampoo, jabón líquido, baño espumoso, esponjas, aceite, crema hidratante, etc.
- Recomendar técnicas de contacto auditivo, visual y táctil con el bebé para estimularlo en el vientre materno, así como libros para mamás en gestación, documentales, etc.
- Organizar showers de bebé con familiares y amigos para regalar a los padres artículos imprescindibles que alivien el cúmulo de gastos que supone la llegada de un bebé.
- Ayudar a hacer la maleta para llevar a la clínica con previa anticipación al día del parto.
- Consentir a la futura mamá con detalles, cariño y compañía durante esos nueve meses de transformaciones profundas en su cuerpo, mente y espíritu.

Cuando el bebé nace, el rol de los abuelos cobra especial importancia. Además de ser una rama del árbol genealógico que muestra los ancestros, el ADN familiar, las raíces y el origen, puede decirse que los abuelos son el punto de partida y el punto de llegada en la consolidación del núcleo básico y primario en el cual el bebé va a desarrollarse, crecer y vivir. La relación entre abuelos y nietos es determinante en la crianza. Fortalece vínculos, honra la historia familiar por medio de la tradición oral que va pasando de generación en generación y a través de anécdotas, memorias y recuerdos despierta fascinación en los pequeños por saber de dónde vienen y hacia dónde van
Por eso la figura de los abuelos es tan importante en la familia moderna. En un mundo agitado, convulsionado, con valores trastocados, con tanta influencia negativa de las redes sociales, con el afán de competir y resolver problemas y preocupaciones en el día a día, los abuelos van a otro ritmo. El ritmo que da prioridad a lo esencial, al corazón de sus nietos, para transmitirles su amor sereno y auténtico, incondicional e ilimitado, y darles seguridad y abrigo.
Aún recuerdo el impacto que produjo en mí la llegada de mi primer nieto, Maximiliano. Un día mientras lo arrullaba en una mecedora para dormirlo, tuve esta reflexión que le transmití en susurros a sus dos meses de nacido: “Cambio de planes, cambio de agenda, cambio de prioridades… por cambio de pañales, cambio de posiciones, cambio de horarios… ¡me cambiaste la vida mi amado Maxito!”
Cuando la dinámica familiar retoma el rumbo y se entra en una nueva rutina, la presencia de los abuelos -y especialmente de las abuelas- alivia y aligera la carga y el cansancio que suponen las primeras semanas de vida del bebé.
Uno de los principales retos de la mamá es adaptarse a largas noches sin tener un sueño profundo y reparador, por los intermitentes períodos de lactancia, sacada de gases, cambio de pañal y posterior intento porque se vuelva el recién nacido se vuelva a dormir.
Esta situación repetida noche a noche, va generando un cúmulo de agotamiento, estrés, ansiedad, irritabilidad y en ocasiones cuadros más complejos como la depresión posparto. De ahí que un apoyo importante de la abuela sea cubrir a la mamá para que pueda tomar siestas durante el día, tener espacios de tiempo y esparcimiento para ella misma o con su esposo, mientras se le da una mano en atender al bebé y por qué no, en las labores domésticas.
Por eso los abuelos son artífices indispensables en fortalecer la unión familiar. El rol de los abuelos en la familia es el de dar sentido de pertenencia a todos sus miembros con una identidad propia, que va mucho más allá de los apellidos.
Los abuelos son el pilar que ofrece contención, respaldo, soporte, sabiduría, una casa a la cual siempre se puede llegar para dejarse envolver con los olores y sabores característicos de platos infaltables en la mesa que congrega y convoca. Pero no se trata solo de recetas, sino también de costumbres y tradiciones que buscan incorporar lo vivido para seguir replicándolo en los nietos y sus generaciones futuras.
El rol de los abuelos en la crianza de los nietos gira en torno a construir un mundo de ternura, dulzura, complacencias, condescendencias, juegos y enseñanzas. Bien sea en ese universo único e irrepetible que tiene un sello particular en la casa de los abuelos, desde la decoración y los aromas propios de sus espacios y rincones, hasta la forma de saludarse y fundirse en abrazos, besos y caricias, con códigos, expresiones y apodos (de la tata, la tita, la titi, la babela, la abu, la baba, la agüelita, la yayis y la abuelita, a mi princesa, mi muñeco, mi tesoro, mi niña, y otras expresiones afines), para mimarlos y salvaguardar ese cajoncito en el corazón, que solo lleva su nombre.
Es la recursividad y el ingenio para entretenerlos, con múltiples planes y actividades: juegos tradicionales, muñecos, canciones infantiles para cantar, actuar y bailar; preparar galletas, pintar, hacer manualidades, retos de memoria, regar las matas, hacer cuevitas debajo de la mesa del comedor, llevarlos al parque, cocinar su comida favorita (sin importar la hora), disfrazarse y disfrutarse mutuamente.
Otro rol importante es el de cuidador del nieto cuando los papás se ausentan, por su jornada laboral, por eventos especiales o por viajes. La enorme responsabilidad que representa el protegerlo en su integridad física y cumplir a cabalidad con las instrucciones y la forma de crianza establecida por los padres (por ejemplo, en horarios, rutinas y alimentación), genera ese sano equilibrio entre lo que los abuelos aplicaron y les funcionó, con las tendencias de los padres modernos.
Aunque muchos tienen en su imaginario que “los abuelos dejan que sus nietos hagan lo que quieran”, lo cierto es que sí pueden ser mucho más relajados y flexibles (porque como decimos, “ya están por encima del bien y del mal”), pero no quiere decir que sus nietos “puedan hacer lo que se les venga en gana”.
Así mismo, los abuelos generan una estructura de valores y principios que transmiten a sus nietos las bases del respeto, la obediencia, las buenas maneras, la bondad, el autocontrol, la generosidad y la compasión, a través de una relación que va tejiendo hilitos de amor irrompibles que quedan marcados en el fondo de su memoria.
Ser abuelos representa el orgullo de prolongar la especie y dejar un legado de amor y alegría.
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