¿Sabías qué es la crianza consciente?
La crianza consciente es un modelo propuesto por Becky Bailey, donde lo más importante es la conexión para lograr una crianza exitosa ayudando así a reforzar el vínculo, la regulación emocional tanto del adulto como del niño y la solución de problemas por medio de enseñar nuevas habilidades.
Hemos estado acostumbrados a que la corrección es sinónimo de castigo o amenaza y desde este modelo cuando se castiga o se amenaza, se activa el cerebro de supervivencia, desconectando la relación entre padres e hijos y se enseña por medio del miedo; el niño obedece no porque comprende y aprendió nuevas habilidades para hacerlo diferente, sino porque tiene miedo. Así que se plantea que lo más importante es poder conectar con nuestros hijos ya que es la base para cualquier aprendizaje y regulación, donde se sienten vistos, aceptados, validados y valorados y a partir de eso se puede llevar una corrección consciente donde se dé nombre a la emoción, se ofrezca seguridad y se enseñe una alternativa, convirtiéndose en una crianza consciente y respetuosa donde se trabaja en la enseñanza de habilidades socioemocionales como la solución de problemas, la empatía y la autorregulación.
De forma tradicional, cuando se habla de crianza, ponemos nuestro foco en los niños, quienes creemos que es necesario educar. Pero desde este enfoque se plantea que para una crianza consciente y respetuosa también tenemos que trabajar en nosotros como adultos siendo modelos de autorregulación para que nuestra calma les ayude a los niños también a regularse.
Desde este modelo se habla de una base científica la cual se puede explicar desde 3 estados cerebrales. Se habla de un estado de supervivencia que se activa ante amenazas en el ambiente, que para un niño pueden ser los gritos, las amenazas, etc., y en ese momento el niño entra en un modo de lucha o huida, no está pensando de forma racional y para calmarlo en ese estado no es posible hacerlo por medio de palabras sino por medio de la regulación del adulto y de la respiración. Luego viene el estado emocional donde el niño necesita conexión, que se valide y se le muestre lo que está sintiendo para luego en el siguiente estado que es el ejecutivo logre hacerlo de una nueva forma por medio de aprender una nueva habilidad y de igual manera aprendiendo los pasos para que pueda autorregularse.

¿Pero entonces cómo se ponen los límites desde este modelo?
Antes de responder esto, es importante entender que los niños necesitan límites de la misma forma que también necesitan amor, y de cierta forma, el establecer límites también es una demostración de amor. Algunos me dirán: ¿cómo puede ser esto? Pero quiero que sepan que los límites son imprescindibles en la vida de los niños, porque son los que dan una estructura, seguridad y previsibilidad, haciendo que puedan tener control sobre su ambiente al saber qué es lo esperado, lo que traduce en que se reduzca ansiedad.
Hay muchas formas de poner límites, lo podemos hacer por medio de gritos, de amenazas, pidiendo el favor, pero desde la disciplina consciente, lo más importante es que no se hace por medio de ninguna de las formas expresadas anteriormente sino desde la conexión como primer paso. Cuando ponemos un límite tenemos que usar un tono firme, que no implique gritos, pero tampoco como si estuviéramos pidiendo un favor; tampoco es simplemente decir que no puede hacer sino también ofrecer una alternativa donde se le enseñe qué puede hacer en lugar de la conducta que no queremos que haga. De esta forma lo que queremos enseñarle al niño es que logren regularse emocionalmente, que puedan encontrar en el adulto un lugar seguro que les brinde contención y confianza y siempre lograr transformar la disciplina en una oportunidad de aprendizaje.
Así que para lograr poner límites desde disciplina consciente lo primero es iniciar conectando con el niño; cuando vayamos a poner el límite, hacerlo con un lenguaje positivo en lugar de decirle lo que no debe hacer y lo va a ayudar mucho más si le describimos la situación para que pueda entenderlo mejor y en caso de que no lo cumpla, es importante que haya reparación por parte del niño, pero invitarlo a que siempre hay una nueva oportunidad de hacerlo mejor.
En un ejemplo se podría ver así: vamos a poner la situación que un niño le está pegando a otro porque está enojado porque le quitó su juguete. Lo primero es conectar y para eso va a ser necesario estar a su altura y decirle con una voz calmada que estás ahí para él y que lo vas a ayudar en esta situación. Lo siguiente es usar el lenguaje positivo diciendo: las manos son para acariciar y para ayudar, no son para pegar. Luego es importante describir la situación sin hacer juicios de valor, lo cual se vería como: veo que le pegaste a tu compañero porque estabas enojado. Y acá es un buen momento para dar opciones como: cuando estés enojado puedes apretar este juguete o decirle con tu gran voz, estoy enojado. Y como cometió el error de pegarle a su compañero es importante que pueda reparar por medio de pedir disculpas o por medio de un acto reparativo como una carta.
En el ejemplo anterior podemos ver que le estamos describiendo cómo se sintió, le estamos poniendo nombre a la emoción, le estamos diciendo que no se puede pegar, pero asimismo le estamos enseñando qué puede hacer en lugar de esto, enseñando una nueva habilidad. Y como había cometido el error se enseña a reparar.
El establecimiento de límites va a ayudar a mejorar la convivencia familiar y escolar, a que disminuyan muchas de las conductas que son disruptivas, mejora la autoestima del niño al sentirse visto y escuchado y finalmente los va a preparar para la vida cuando ven que pueden afrontar la frustración y cuando ven que a pesar de que existe la libertad, también va de la mano de la responsabilidad
¿Hay forma de corregir a los niños desde la disciplina consciente?
Si podemos el concepto de corrección como castigo, desde disciplina consciente no se corregiría. Pero hay que ampliar el término de corrección y no asociarlo al castigo sino a enseñarle a nuestros niños nuevas habilidades y nuevas habilidades que le ayuden para la vida a partir del error que ha tenido. Siempre partiendo desde la conexión y de la regulación emocional. Así el niño comprende que no obedece por miedo o por tener una consecuencia negativa sino porque va entendiendo el porqué de sus acciones y que muchas veces eso traerá consecuencias naturales del ambiente, como, por ejemplo, si le pega a alguien, la consecuencia en el otro es que le va a doler y va a estar triste y la consecuencia en sí mismo es que tal vez ese niño no quiera jugar nuevamente con él por haberle pegado, por lo tanto, aprende qué hacer de mejor manera una próxima vez.
¿Cómo se vería la crianza respetuosa desde el hogar?
Cuando hablamos de crianza consciente no hablamos de simples técnicas sino un estilo de relacionarse entre los miembros de la familia. Por lo que para poder aplicar la crianza consciente en la casa lo principal es estar presentes y emocionalmente disponibles para que pueda existir una conexión emocional que ayude a fortalecer el vínculo entre padres e hijos. Esto llevado a la práctica se puede ver cuando jugamos con nuestros hijos, al estar a la misma distancia con ellos, al existir contacto físico y visual, y logrando estar presentes con ellos en el juego y no simplemente esta junto a ellos y estar trabajando o en el celular, sino que haya una escucha activa y ellos se sientan vistos, escuchados y valorados.
Es importante dentro del trabajo de regulación emocional, trabajar con los niños brindando espacios seguros donde les enseñemos cómo se pueden calmar, enseñándoles ejercicios de respiración, de relajación y siendo modelos nosotros como adultos de qué nos funciona a nosotros a regular nuestras propias emociones e introducirlo dentro de la rutina diaria para que los niños entiendan que el tema emocional es algo natural como lavarse los dientes todos los días, y así cuando haya una discusión o un desborde emocional tengan las herramientas a la mano para que logren regularse de una mejor manera.
Desde la disciplina consciente es importante establecer rutinas que sean consistentes y si son visuales le pueden ayudar mucho mejor al niño. La rutina hace que los horarios puedan ser previsibles y les ayuda a que puedan hacer transiciones más tranquilas entre actividades.
¿Por qué se debería usar la disciplina consciente en lugar de la crianza tradicional?
La disciplina consciente se fundamenta en la neurociencia y se busca que no sólo obedezca el niño, sino que aprenda a autorregularse, a pensar y a tomar mejores decisiones.
Esta disciplina fortalece el vínculo afectivo en vez de romperlo como lo puede hacer la crianza tradicional por medio de la obediencia basada en el miedo, y aunque existan conflictos se conserva la conexión y si se siente seguro, contenido, y amado, va a ser más probable que coopere y eso traduce a que haya menos luchas de poder.
Desde la crianza tradicional se usan las amenazas, los gritos y la imposición mientras que la disciplina consciente busca conexión, establecer límites claros y enseñar nuevas habilidades. La meta desde la crianza tradicional es la obediencia inmediata, mientras que en la disciplina consciente es la autorregulación la responsabilidad y la resiliencia. Desde la crianza tradicional, la relación adulto niño implica una relación que es jerárquica basada en el poder, mientras que en la disciplina consciente. Esta relación es basada en el vínculo seguro y el respeto mutuo. Así que, aunque puede implicar un mayor desafío por parte de los padres porque también es necesario que logremos regularnos, a largo plazo trae mayores beneficios para nuestros hijos.
Debemos tener en cuenta que la Disciplina consciente implica un cambio en la forma en que hemos comprendido el tema de la crianza y la educación de los niños. Durante mucho tiempo, la corrección se basó en el miedo, el castigo y la obediencia, cosas que en su momento funcionaban pero que no le enseñaban al niño a poder regularse ni a desarrollar nuevas habilidades que le podían ayudar a su vida. Y acá viene una de las premisas más importantes de la disciplina consciente y es que el niño aprende mejor cuando está en un ambiente seguro, cuando está en conexión con el adulto y cuando se siente visto y valorado.
Este enfoque logra integrar la neurociencia, la teoría del apego y la educación socioemocional, mostrando que cuando un niño comete un error o se desborda emocionalmente, lo que más necesita es un adulto regulado que le modele cómo calmarse, que le mentalice y le muestre qué le está pasando, que sea su traductor emocional, validando lo que siente.
Y es por lo que, desde esta perspectiva, los límites no se ven como una imposición, son una experiencia de aprendizaje en la que sí el niño debe obedecer, pero además de esto, aprende a gestionar sus emociones, a pensar y a construir acuerdos, afrontando la frustración.
La disciplina consciente no busca niños que sean robots que obedezcan porque sí, busca formar seres humanos que sean íntegros, que sepan solucionar problemas, que puedan reconocer lo que sienten, gestionar sus emociones y aprender nuevas habilidades para la vida.
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Escrito por Olga Lucia Yépes
Psicóloga Especialista en Psicología Clínica y Desarrollo Infantil
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