Sanar para no herir: cómo nuestras heridas afectan a quienes más amamos

Sanar para no herir: cómo nuestras heridas afectan a quienes más amamos

Todos tenemos heridas, pero si no las sanamos, a los que más herimos son a nuestros hijos y a nuestros esposos, porque ellos son las personas más cercanas a nosotros.

Yo viví mi embarazo sola. Nueve meses en los que tomé una de las decisiones más importantes de mi vida: perdonar al papá de mi hijo. No fue algo que pasó de un día para otro, ni fue fácil. Fue un proceso consciente, doloroso a veces.

Pero sabía que si no lo hacía, mi hijo iba a nacer en medio de un dolor que no le pertenecía. Y mi matrimonio iba a estar construido sobre resentimientos que eventualmente nos iban a destruir.

Decidí sanar antes de que él llegara, porque no quería que mi bebé cargara con heridas que eran solo mías. Y no quería que mi relación siguiera siendo el escenario donde descargaba todo lo que no había resuelto.

Cuando no sanamos, las personas que están más cerca de nosotros son las que pagan el precio. No porque seamos malas personas, sino porque el dolor no resuelto siempre encuentra una salida.

Y esa salida suele ser en forma de reacciones, gritos, silencios, distancia o exigencias que en realidad no tienen que ver con ellos, sino con nosotras.

¿Qué es una herida emocional?

Una herida emocional es una marca que queda en ti después de una experiencia dolorosa. Es algo que te hirió tanto que tu mente y tu cuerpo decidieron guardar esa información como una alarma. Como cuando te quemas con una estufa y tu cerebro registra: “esto duele, no lo toques”. Las heridas emocionales funcionan igual.

Se forman cuando viviste algo que te hizo sentir insegura, rechazada, abandonada, traicionada o invisible. Y el problema no es que existan, porque todos tenemos heridas.

El problema es que muchas veces no somos conscientes de ellas. Crecemos con ellas, nos acostumbramos a cargarlas, y terminamos creyendo que así somos. Que así es la vida.

Pero no. Eso que sientes cuando tu pareja no te contesta rápido y te invade el pánico, o cuando tu hijo te grita y sientes que todo se derrumba, muchas veces no tiene que ver con lo que está pasando ahora. Tiene que ver con algo que pasó antes y que nunca procesaste.

¿Qué es el PTSD y cómo se diferencia de una herida emocional?

El PTSD, o trastorno de estrés postraumático, es cuando tu cuerpo y tu mente quedan atrapados en una experiencia traumática. No es solo un recuerdo triste. Es revivir constantemente esa experiencia en tu cuerpo, como si estuviera pasando ahora mismo.

La diferencia entre una herida emocional y un trauma es la intensidad y la forma en que afecta tu sistema nervioso. Una herida emocional puede hacerte reaccionar de más en ciertas situaciones, pero un trauma te desconecta. Te paraliza. Te hace sentir que estás en peligro aunque no lo estés.

El trauma vive en el cuerpo, no solo en la mente. Por eso puedes estar en un lugar seguro y sentir que tu corazón se acelera sin razón. O puedes oír un tono de voz y tu cuerpo entra en modo defensa.

Eso es el PTSD. Y muchas veces no lo identificamos porque pensamos que solo es ansiedad, o que somos muy sensibles.

Los tres tipos de heridas que más nos afectan

Las heridas del amor y las relaciones

Estas vienen de experiencias donde te sentiste traicionada, abandonada o rechazada por alguien que amabas. Una infidelidad, un breakup, una amistad que terminó mal.

Estas heridas te hacen dudar de las personas. Te vuelven desconfiada, a veces demandante, a veces distante. Y sin darte cuenta, empiezas a relacionarte desde el miedo en lugar del amor.

Las heridas del trauma o PTSD

Son las que vienen de experiencias que te hicieron sentir en peligro real. Violencia, abuso, pérdidas repentinas, accidentes.

Estas heridas no solo te marcan emocionalmente, sino que reprograman tu sistema nervioso. Te dejan en alerta constante, y afectan la forma en que tu cuerpo responde al mundo.

Las heridas de la infancia y el hogar

Probablemente las más profundas. Las que vienen de sentirte invisible, criticada, comparada o no lo suficientemente buena en tu propia casa.

Estas heridas se convierten en creencias sobre ti misma. Y cuando te conviertes en mamá o en esposa, esas creencias salen a la superficie. Te hacen sentir que no eres suficiente, que tienes que probarte todo el tiempo, o que el amor siempre tiene condiciones.

¿Cómo identificar una herida?

Tu cuerpo te avisa antes que tu mente. Aprende a oírlo.

Reacciones desproporcionadas: Cuando algo simple se vuelve un big deal. Tu hijo derrama agua y sientes que todo está fuera de control. Tu esposo llega tarde y sientes que no le importas.

Esa intensidad no viene de lo que está pasando ahora, viene de algo que no sanaste.

Patrones que se repiten: Si siempre terminas en el mismo tipo de discusión, si siempre sientes lo mismo en situaciones parecidas, hay una herida ahí.

Los patrones son la forma en que tu mente te dice: “esto no está resuelto”.

Defensas emocionales: Cuando te cierras, te alejas, atacas o justificas antes de oír. Cuando tu primera reacción es protegerte en lugar de conectar.

Eso es una herida hablando.

El cuerpo que no miente: Tu cuerpo registra el dolor antes de que tu mente lo entienda.

Si pones atención, te va a mostrar de dónde provienen tus heridas.

Cuándo una herida empieza a afectar tu vida

Las heridas no sanadas contaminan todo.

En tu relación de pareja, te hacen exigir pruebas de amor constantes. Te hacen castigar en lugar de comunicar. Te hacen guardar resentimientos que se convierten en distancia.

Y sin querer, destruyes lo que más quieres proteger.

En la maternidad, las heridas se magnifican. Porque tus hijos te activan de formas que nadie más puede. Te ponen frente a todo lo que no resolviste.

Y si no tienes consciencia, terminas repitiendo patrones que juraste que nunca ibas a repetir. Les gritas como te gritaron. Les exiges como te exigieron. O te desconectas como se desconectaron de ti.

Las heridas también afectan la forma en que amas. Te hacen amar desde el miedo, desde la necesidad, desde el control.

Y ese amor termina siendo agotador para ti y para los demás.

Cuándo necesitas ayuda profesional

No todas las heridas las puedes sanar sola. Y eso está bien.

Si sientes que tus reacciones te están dañando a ti o a las personas que amas, busca ayuda. Si tienes pensamientos recurrentes que no puedes controlar, busca ayuda.

Si el pasado sigue presente en tu cuerpo y no te deja vivir el ahora, busca ayuda.

Ir a terapia no es admitir que estás rota. Es reconocer que quieres sanar. Es tomar responsabilidad por tu vida emocional.

Es escoger romper el ciclo.

Y no, no tienes que estar en crisis para ir. Incluso, la terapia es más efectiva cuando decides ir antes de que todo explote.

Porque ahí es cuando puedes trabajar en ti, no solo en apagar incendios.

Los tres pasos para sanar una herida

1. Reconocer la herida

Este es el paso más difícil porque implica ser brutalmente honesta contigo misma. Reconocer que algo te duele. Que algo te marcó.

Que hay partes de ti que siguen reaccionando desde ese dolor.

No puedes sanar lo que niegas. Y muchas veces negamos nuestras heridas porque creemos que reconocerlas nos hace débiles.

Pero es al revés. Reconocerlas es el acto más valiente que puedes hacer.

Pregúntate: ¿Qué me duele? ¿Qué situaciones me activan? ¿Qué parte de mi pasado todavía me controla?

Y cuando encuentres las respuestas, no las escondas, tenlas en cuenta.

2. Expresarla y procesarla

Una herida que no se expresa se queda atrapada en tu cuerpo. Tienes que sacarla. Escribirla, hablarla, llorarla, gritarla si es necesario.

Escribe todo lo que sientes sin filtros. Habla con alguien de confianza o con un terapeuta. Llora cuando necesites llorar.

No huyas de lo que sientes. Porque cada vez que huyes, la herida se hace más profunda.

Procesar una herida no quiere decir que vas a olvidar lo que pasó. Quiere decir que vas a integrar esa experiencia de una forma que ya no te controle.

Que ya no defina quién eres.

3. Integrar hábitos de sanación

Sanar no es un evento, es una decisión diaria.

Aprende a tratarte con compasión. Deja de castigarte por sentir lo que sientes. Establece límites claros con las personas que te hieren.

Y comprométete con hábitos que te ayuden a mantenerte conectada contigo misma: terapia, oración, escribir, movimiento, lo que funcione para ti.

La sanación es consciente y constante. Hay días en que vas a retroceder. Vas a reaccionar como antes.

Y eso no quiere decir que lo hiciste mal. Quiere decir que estás en proceso. Y los procesos no son lineales.

Lo que decides hoy, marca tu futuro

Sanar tus heridas no solo es por ti. Es por tu hijo que está aprendiendo a amar viéndote a ti. Es por tu pareja que merece una relación donde el amor sea más fuerte que el dolor.

Es por todas las generaciones que vienen después de ti.

Las heridas que no se sanan se heredan; las que se sanan, se transforman en sabiduría.

Cuando decides sanar, rompes cadenas que ni siquiera sabías que estabas cargando. Y les das a las personas que amas la versión de ti que siempre estuvo ahí, esperando a ser libre.

No tienes que ser perfecta. Solo tienes que ser consciente. Y estar dispuesta a hacer el trabajo.

Escrito por:

Juanita Gómez

Social Media Manager, Creadora de Contenido y Asistente de Productores en Hollywood

Referencias

  • Van der Kolk, B. (2014). The Body Keeps the Score: Brain, Mind, and Body in the Healing of Trauma. Viking Press.
  • Levine, P. A. (2010). In an Unspoken Voice: How the Body Releases Trauma and Restores Goodness. North Atlantic Books.
  • Brown, B. (2015). Rising Strong: How the Ability to Reset Transforms the Way We Live, Love, Parent, and Lead. Random House.
  • Neff, K. (2011). Self-Compassion: The Proven Power of Being Kind to Yourself. William Morrow.
  • Siegel, D. J. & Hartzell, M. (2003). Parenting from the Inside Out: How a Deeper Self-Understanding Can Help You Raise Children Who Thrive. Tarcher/Putnam.
  • Herman, J. L. (1992). Trauma and Recovery: The Aftermath of Violence–From Domestic Abuse to Political Terror. Basic Books.
  • Porges, S. W. (2011). The Polyvagal Theory: Neurophysiological Foundations of Emotions, Attachment, Communication, and Self-regulation. W. W. Norton & Company.

Comentarios

Aún no hay comentarios. ¿Por qué no comienzas el debate?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *