
Reflexiones para agradecer, soltar y comenzar un nuevo año con equilibrio emocional
Hay una escena en Overboard (1987) que siempre me hace reír. Goldie Hawn, con amnesia y fuera de la vida cómoda que conocía, termina en una casa llena de niños, ruido y desorden.
Entre pañales, gritos y caos, encuentra algo que su vida anterior no le había dado: propósito, amor incondicional y una familia que realmente la necesita. No es la vida que ella imaginó, pero sí es la vida que la transformó.
Este año yo también viví mi propia versión de Overboard. No perdí la memoria, pero sí tuve que soltar muchas ideas sobre cómo “debería” verse mi vida como mamá, como esposa y como mujer.
Y, como el personaje de Goldie, entendí que muchas veces las mejores cosas no llegan como las planeamos, pero llegan cuando más las necesitamos.
Cuando la vida no sigue el plan
Este fue uno de los mejores años de mi vida. Me comprometí, me casé con el amor de mi vida y empecé a construir una relación basada en Dios.
Al comienzo del año tuvimos la bendición de estar juntos, sin distancia. Pero después, la vida nos pidió algo diferente: volver a separarnos, aunque ninguno de los dos lo quisiera.
No voy a romantizarlo. No fue fácil. Vivir lejos de mi esposo recién casados, ver a mi hijo llorar en las noches porque le hacía falta su papá, sentir la casa más en silencio… duele.
La maternidad soltera temporal, incluso cuando no es una decisión tuya, pone a prueba cada parte de ti.
En Overboard, Dean (Kurt Russell) cría solo a sus cuatro hijos mientras trabaja en la construcción. La escena del desayuno, con cereal volando y niños gritando, no es exagerada.
Es real para cualquiera que ha tenido que hacerse cargo solo. Y aun así, hay algo valioso ahí: en medio del cansancio, aparece una fortaleza que no sabías que tenías.
Hay dos formas de vivir la vida: enfocarte en lo que no tienes o agradecer lo que sí. La psicología positiva lo confirma: la práctica consciente de la gratitud mejora el estado de ánimo, reduce síntomas depresivos y fortalece la resiliencia emocional (Emmons & McCullough, 2003).
Yo he estado en ambos lados. Pero si hay algo por lo que realmente vale la pena agradecer, es por el tiempo. El tiempo con nuestros hijos.
Porque ese dicho de que “el tiempo pasa volando” es verdad. Un día tienes a tu bebé en brazos y, sin darte cuenta, tienes un toddler corriendo por la casa.
El desorden que complica la gratitud
Hay cosas que hacen que agradecer cueste más: el cansancio acumulado, las expectativas irreales, las tensiones normales de la vida en pareja y las demandas constantes de la maternidad —sola o acompañada— que muchas veces no dejan espacio para descansar.
Y también están las luchas internas. Porque la maternidad nos transforma, pero no nos borra. Seguimos siendo mujeres con peleas propias: el descontrol emocional, la lujuria, la comparación, la envidia.
Antes que mamás, somos humanas, y eso significa que llegamos a esta etapa con historia, con heridas y con cosas por trabajar.
En Overboard hay un momento clave en el que Goldie se mira al espejo y no reconoce a la mujer que ve. La maternidad la ha transformado, y ella elige luchar contra su vanidad para quedarse con lo que de verdad importa.
La pausa entre el ruido
Una vez alguien muy sabio me dijo algo que se me quedó grabado: muchas veces lo que Dios nos pide no es hacer más, sino hacer una pausa.
Hoy te invito a parar. Literalmente. Un momento de silencio total, sin ruido. Suena simple, pero para una mamá en modo supervivencia es casi imposible.
Estas pausas nos ayudan a recordar cuáles son nuestras prioridades. Son espacios para reconectar con nosotras, con Dios y con el vínculo madre e hijo que a veces se pierde entre pañales, horarios y listas mentales interminables.
La maternidad soltera —o cualquier forma de maternidad— nos exige estar siempre disponibles. Siempre resolviendo. Siempre dando.
Pero nadie puede dar desde un tanque vacío. El silencio también es una forma de cuidado.
Mirarse al espejo con honestidad
Cuando tengas un momento más largo, tal vez cuando tu hijo se duerma, ,haz una pausa. La sabiduría muchas veces aparece ahí, en el silencio.
Desde ese lugar, piensa con honestidad en estas preguntas. No tienes que responderlas todas juntas.

- ¿Sigo herida por algo que pasó este año?
¿Qué necesito hacer para empezar a sanarlo?
2. ¿Qué momento de mi hijo quiero recordar siempre?
Escríbelo. Imprime la foto. No lo dejes perder.
3. ¿Qué hace mi esposo cada día por lo que debería agradecer más?
Díselo. No lo des por sentado.
4. Dios, ¿qué hiciste por mí este año?
Incluso en lo que no entendí en su momento.
5. ¿Qué hábito, adicción o pecado sigo cargando?
¿Podría afectar a mi hijo si no lo enfrento?
6. ¿Qué reacción mía como mamá quiero cambiar el próximo año?
¿Quiero criar desde la calma o desde el cansancio?
7.¿Qué expectativa irreal me estoy imponiendo?
La maternidad perfecta no existe. Las redes no muestran la verdad completa.
8. ¿Qué parte de mí cambió con la maternidad?
¿Y cuál necesito volver a cuidar?
9. ¿Qué compromiso quiero llevarme al próximo año?
Elegir lo real sobre lo perfecto
Este año aprendí algo que cambia todo: uno elige vivir agradecido por lo que tiene o frustrado por lo que no.
La vida no siguió mis planes. La distancia no estaba en mis sueños de recién casada. Criar sola por temporadas tampoco.
Pero ahí, en medio de eso, encontré un amor más profundo del que imaginé. Aprendí que la maternidad transforma, que el vínculo con tu hijo se fortalece incluso en las lágrimas, y que un matrimonio puesto en Dios puede sostenerse aun cuando no hay cercanía física.
Cierro este año agradecida. Por lo bueno, por lo difícil, por lo que entendí y por lo que aún no. Con esperanza para el 2025.
Con amor por mi hijo, por mi esposo, por esta vida imperfecta.
Y con la certeza de que, muchas veces, el mejor regalo es el que nunca pedimos.
¿Y tú? ¿Qué aprendiste este año como mamá?

Escrito por:
Juanita Gómez
Social Media Manager, Creadora de Contenido y Asistente de Productores en Hollywood.
Referencias
Emmons, R. A., & McCullough, M. E. (2003). Counting blessings versus burdens: An exfierimental investigation of gratitude and subjective well-being in daily life. fiournal of Personality and Social Psychology, 84(2), 377–389.
Gottman, fi. M., Katz, L. F., & Hooven, C. (1997). Meta-emotion: How families communicate emotionally. Lawrence Erlbaum Associates.
Kabat-Zinn, fi. (1994). Wherever you go, there you are: Mindfulness meditation in everyday life.








