Ser Madre y Ser Mujer

Ser Madre y Ser Mujer

¿Cuál era la fórmula para lograr ese final tan soñado? Una mujer en apuros siendo salvada por su príncipe azul con un beso de amor verdadero, y luego el “recién casados” que nos llevaba directo al “Y vivieron felices por siempre”.

Parece justo decir que eso es lo que nos dieron a entender que necesitábamos para vivir ese cuento de hadas. Pero, ¿alguna vez te has puesto a pensar qué significa realmente ese “felices para siempre”? Porque la verdad es que ninguna de esas películas relata lo que pasa después del matrimonio, simplemente terminan la historia con esa frase.

La protagonista siempre era una mujer especial, divina y única, viviendo una aventura para encontrar el amor verdadero. No fue hasta películas recientes como Los Increíbles 2 que vimos la maternidad retratada con algo de profundidad, pero aún así en la mayoría de secuelas de princesas la hija se convierte en la protagonista mientras la mamá apoya desde un lado. Todo esto me hizo creer que mi identidad en ese “felices para siempre” iba a ser consumida completamente por la maternidad.

Cuando encontré a mi príncipe sudafricano fue amor a primera vista, y pensé que mi cuento de hadas había comenzado por fin, pero después de solo un par de meses quedé embarazada cuando ninguno de los dos estaba listo para ser padres.

Me acuerdo perfectamente sosteniendo esa prueba de embarazo positiva con un miedo tan grande que se me saltan las lágrimas solo de recordarlo.

Estaba lamentando mi final feliz porque tenía miedo de perder a mi príncipe azul. Me aterraba lo que todos iban a decir.

Pero mi mayor miedo, y esta es la parte más triste, era que estaba lamentándome a mí misma, como si mi identidad fuera a convertirse en maternidad por completo y eso iba a ser todo. Se acabó la aventura. Tenía que sentar cabeza.

La presión de la sociedad me tentaba: “no hay necesidad de esto ahora. No necesitas ser madre todavía, puedes tener tu final feliz más tarde únicamente si sigues el orden correcto

de las cosas. ¿Por qué sacrificar tu vida por la maternidad?” Y aquí está la verdad que cambió todo para mí: ¿Por qué? Porque no hay nada más grande que convertirse en madre. Nunca me había sentido tan plena.

Después de esos siete meses de embarazo, gran parte sola, me di cuenta de cuánto sufrimiento me hubiera ahorrado si hubiera sabido antes que la maternidad te completa y complementa tu identidad, pero no es todo lo que eres.

Dios en Su misericordia transformó mi realidad y escribió un “felices para siempre” aún más perfecto para nosotros.

Mi príncipe azul volvió, preparado para ser el mejor padre y esposo. Tenemos nuestro final feliz, y hablaré de esto en mi próximo artículo, pero específicamente este escrito es para ti, mamá. Para ti que sientes que la maternidad se ha convertido en toda tu identidad y ya no eres la mujer que solías ser. Espero que esto te ayude a fortalecer quién eres de la manera más perfecta, no a pesar de la maternidad, sino gracias a ella.

La identidad es el conjunto de rasgos, creencias, valores, experiencias, emociones, relaciones y características personales que permiten que una persona se reconozca a sí misma como única y distinta de los demás.

Es esa respuesta profunda a la pregunta “¿quién soy yo?” que va más allá de lo que hacemos. Tu identidad es el núcleo de tu ser, el centro desde el cual tomas decisiones y te relacionas con los demás.

San Juan Pablo II nos enseñó algo profundo sobre la identidad femenina. Él escribió que las mujeres tienen un “genio femenino” único, una capacidad especial para el amor, la receptividad y la generosidad.

Tu identidad como mujer está arraigada en esta dignidad que ya traes contigo.

Estás hecha para el amor auténtico, para las relaciones, para crear conexiones que dan vida. Tienes una sensibilidad especial hacia las personas y una comprensión intuitiva de lo que significa ayudar a florecer a todos los que te rodean.

Esta base de amor propio te permite abrazar tu feminidad mientras navegas el viaje de la maternidad.

Cómo la maternidad perfecciona tu identidad

Cuando implementé la maternidad consciente, descubrí algo impactante: la maternidad no borra quién eres, revela partes de ti que nunca supiste que existían. La maternidad consciente te invita a criar con intención, con conciencia y presencia, lo cual paradójicamente requiere que estés más conectada contigo misma, no menos.

La maternidad te da capas de fortaleza que no sabías que tenías. Amplifica tu capacidad para amar sacrificialmente mientras al mismo tiempo te enseña sobre límites saludables y el equilibrio emocional necesario para sostener tanto tu bienestar como el de tu familia.

A través de la maternidad consciente, aprendes a modelar el amor propio para tus hijos. Les muestras cómo se ve honrarte a ti misma mientras honras a otros.

Practicar la maternidad consciente significa reconocer que el mejor regalo que les puedes dar a tus hijos es una mamá que se conoce, se ama y sigue creciendo.

Tus hijos no necesitan que desaparezcas en la maternidad, necesitan que les muestres lo que significa ser una persona completa e integrada. El bienestar materno no es un lujo, es una necesidad que beneficia a toda la familia.

Lo más importante que no puedes olvidar es esto: aunque la maternidad transforma tu vida y perfecciona lo que eres, no te define por completo.

No eres solo mamá. Sigues siendo esa mujer con su propia historia, con sueños, con una relación espiritual personal.

Tener eso presente no es egoísmo, es amor propio. Esto ayudará a tus hijos también a desarrollar su propia identidad aparte de la tuya. Al igual que la maternidad no es tu identidad completa, tu identidad no debe opacar sino ayudar a tus hijos a definir la suya propia.

1. Ser Madre y Ser Mujer

Claves para reencontrarte contigo misma y mantener tu identidad más allá de la maternidad

El silencio

Como madre, el ruido te rodea constantemente. Un estudio publicado en “Brain, Structure and Function” demostró que solo diez minutos de silencio al día pueden mejorar significativamente el autoconocimiento y fortalecer el sentido de identidad personal.

El silencio activa la red neuronal asociada con la autorreflexión, creando el espacio mental necesario para que te conectes contigo misma. Este tiempo de quietud es fundamental para cultivar el equilibrio emocional que necesitas como madre.

¿Por qué es tan poderoso? Porque en el silencio puedes oír tu propia voz. Como madres, pasamos tanto tiempo oyendo a otros que perdemos el contacto con nuestra voz interior. El silencio nos devuelve a nosotras mismas.

En el silencio puedes preguntar: ¿Cómo me siento realmente? ¿Qué necesito? ¿Estoy viviendo de acuerdo con mis valores? Estas preguntas son esenciales para la maternidad consciente y tu bienestar materno.

En el silencio también más claramente escuchamos la voz de Dios.

Tu tiempo de silencio puede ser oración contemplativa, sentarte con café antes de que la casa despierte, o escribir en un diario. Escribir o dibujar te conecta con partes de ti misma enterradas o ayuda a liberar emociones escondidas.

Esto lleva a una maternidad consciente porque cuando te conoces, respondes desde la calma, no desde el agotamiento. Esta práctica fortalece tu amor propio al honrar tus necesidades emocionales y espirituales.

Ejercicio y autocuidado

Tu cuerpo es una parte fundamental de tu identidad y cuidarlo no es vanidad, es necesidad. Estudios demuestran que el ejercicio regular, incluso veinte o treinta minutos al día, reduce significativamente el estrés y mejora el equilibrio emocional.

Para el bienestar materno, el ejercicio es particularmente efectivo. No necesitas horas en el gimnasio, por ejemplo yo hago 20 minutos de pilates al día y esto transforma de forma profunda cómo me siento por dentro al liberar mis emociones por medio del ejercicio y cómo me siento por fuera al retomar una imagen de mí con la cual yo me quiero identificar y quiero que otros me identifiquen.

Tu imagen física puede ser una manifestación de tu estado emocional, de ahí es donde proviene el dicho “El cuerpo es el espejo del alma”.

Pero el autocuidado va más allá del ejercicio.

Maquillarte, tu rutina de piel o vestirte como te sientas bien ayuda profundamente. Estos actos de amor propio no son superficiales, son recordatorios tangibles de que sigues siendo tú.

Cuando te miras al espejo y ves a una mujer que se ha cuidado, no solo a una madre agotada, algo cambia en tu interior.

Te reconoces. Y ese reconocimiento fortalece tu identidad de maneras que impactan cómo te presentas ante tus hijos y ante tu esposo. La maternidad consciente incluye reconocer que cuidarte a ti misma te permite cuidar mejor a otros.

Retomar tus pasiones

Una de las prácticas más transformadoras es seguir haciendo las cosas que te llenan de vida.

Investigación del “Journal of Positive Psychology” demuestra que cuando te dedicas a actividades significativas fuera de tu rol como mamá, aumenta tu satisfacción con la vida y reduces el agotamiento. Estas actividades son esenciales para mantener el equilibrio emocional y nutrir tu bienestar materno de manera integral.

Por ejemplo mi pasión es ir a la playa, mi identidad se ve reflejada en el mar. Tal vez me toque hacer castillos de arena ahora, no solo broncearme y nadar, pero estoy ahí, en el lugar que amo con las personas que amo.

Tal vez te apasione cocinar como a mi hermana, que se la pasa haciendo galletas saludables con sus hijos en la cocina o tal vez leer, pintar, aprender algo nuevo. Lo que sea que te traiga alegría, busca la forma de incluirlo en tu vida.

La maternidad consciente no significa abandonar lo que te hace única, significa integrar tus pasiones con tu nueva realidad.

Espero este artículo te ayude a lograr un “y vivieron felices por siempre” único, en donde tú sigas siendo la protagonista de tu propia historia, junto a tu hijo y sin dejar atrás a tu príncipe azul. Lo cual nos lleva al siguiente artículo: “El amor después de la maternidad: Cómo reconstruir la conexión de pareja cuando la vida cambia con la llegada de los hijos.”

Escrito por:

Juanita Gomez

1. Ser Madre y Ser Mujer

Referencias

Brown, Brené. “The Gifts of Imperfection: Let Go of Who You Think You’re Supposed to Be and Embrace Who You Are.” Hazelden Publishing, 2010.

Juan Pablo II. “Carta a las Mujeres.” Vaticano, 1995.

Kabat-Zinn, Myla y Jon. “Mindful Parenting: Perspectives on the Heart of the Matter.” Mindfulness, vol. 8, no. 2, 2017.

Kirste, Imke, et al. “Is Silence Golden? Effects of Auditory Stimuli and Their Absence on Adult Hippocampal Neurogenesis.” Brain, Structure and Function, vol. 220, no. 2, 2015.

Parent, Jacqueline, et al. “The Association of Parent Mindfulness with Parenting and Youth Psychopathology Across Three Developmental Stages.” Journal of Child and Family Studies, vol. 25, no. 12, 2016.

Pennebaker, James W. “Writing About Emotional Experiences as a Therapeutic Process.” Advances in Psychiatric Treatment, vol. 8, no. 5, 2002.

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