Videojuegos y redes sociales en niños y adolescentes: Cómo establecer límites digitales en familia
“¡Santiago, a comer!, ¡Santiago, a comer!, ¡Santiagooooo…! “… “Nicolás… Nicolás…Nicolaaaaás… suelta esa pantalla y escúchame!”
Llamados insistentes, desesperados y sin respuesta de padres a hijos distraídos y elevados a mundos virtuales, enfocados y apegados a las pantallas, es una escena que se repite día a día en millones de familias.
Como si se tratara de una hipnosis, una conexión constante e imparable -que puede derivar en adicción con su respectivo síndrome de abstinencia cuando se les quita a los niños y adolescentes su “juguete favorito”-, el uso de pantallas es un fenómeno creciente que ha permeado la cotidianidad del mundo moderno.
La pregunta es ¿Cómo llegamos a este punto, donde ya parece no haber control? Seguramente en muchos padres surge un mea culpa por haber promovido, aceptado, facilitado y normalizado hábitos en función de los dispositivos móviles y digitales.
Situaciones como autorizar el uso del celular y el iPad a la hora de las comidas en casa o en restaurantes para “que los niños no se aburran o molesten a los mayores”; el permitirles llegar directo del colegio a conectarse al Nintendo, Play Station, videoconsolas o el computador con videojuegos de moda como Fortnite, Minecraft, Roblox, Lego, Pokemon, o a través de streaming con juegos de rol en vivo y en directo con más participantes en línea para entrar a competir en una jungla indescifrable de personajes, avatares y criaturas fantásticas, y debatirse entre estrategias de supervivencia, destrezas e ingenio.
Incluso muchos padres prefieren ser indiferentes ante el impulso de los hijos por navegar y navegar como un barco a la deriva en las redes sociales (enganchados a lo que publican cientos de seres que en su mayoría no conocen) y se escudan en el argumento de que así se entretienen, se divierten, se distraen, y de paso, papá y mamá encuentran un respiro y descanso en medio de su atareada vida.
Pero lo cierto es que esta conexión constante y sin medida sustrae a los menores de su propia realidad y les afecta el desarrollo de habilidades blandas y sociales.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la adicción a los videojuegos está incluida en el Manual de Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) y se considera un problema de salud mental. Este organismo afirma que la adicción a los videojuegos se caracteriza por un patrón de juego persistente, en el que se pierde el control y la voluntad para parar de jugar, y se empieza a afectar el comportamiento.
La adicción a los videojuegos genera un efecto nocivo en el cerebro de los niños y adolescentes, pues activan, sobre estimulan y exacerban centros de placer, y reemplazan otros gustos o actividades que les generan sanas formas de deleite, satisfacción y bienestar.
Es el caso de muchos niños que prefieren quedarse encerrados en su habitación durante un paseo familiar, en lugar de disfrutar con todos en la piscina. En ese sentido se empieza a detectar una dificultad para relacionarse con los demás, pues solo quieren estar enconchados en su universo virtual.
De otra parte, en la llamada infancia intermedia (entre los 6-12 años), los menores tienen un patrón incipiente de regulación emocional, su cerebro es aún inmaduro y apenas comienzan el desarrollo de su identidad propia y social, en la medida en que descubren el mundo. Por eso hay un alto riesgo de que se desborden sus intereses hacia lo meramente digital si no se establecen normas y límites claros.
¿Pero en qué momento se pasa de una obsesión reiterada a una dependencia incontrolable? ¿Cuándo se cruza la delgada línea entre la diversión y el abuso de pantallas?
Esta situación que se vive a diario en hogares de todas las latitudes puede generar angustia en los padres, al no saber cómo devolver el tiempo y reparar los efectos nocivos en sus hijos que empiezan a adquirir apariencia de zombies, que ya no comen, no hablan, no estudian, no duermen, no se bañan, no quieren hacer deporte, salir al aire libre o socializar. Solo quieren pasar horas interminables frente a sus pantallas.
Se pierde la noción de la responsabilidad, de los deberes y las obligaciones, la cooperación en las labores de la casa, la comunicación y el compartir en familia. Es impactante verlos con su cabeza y cuello inclinados mirando fijamente su dispositivo, sin parpadear, con sus ojos anclados en la pantalla y sus pulgares activados como en cámara rápida. En la medida en que sus dedos ganan más habilidad para manipular los aparatos, su actitud y expresión corporal parece que se fueran apagando…
Y como lo único que los motiva es jugar en sus pantallas, cuando al niño o adolescente le quieren poner tatequieto a su plan favorito, se puede tornar insistente, ansioso, frustrado, malgeniado, rebelde, agresivo, o hacer pataletas, mostrarse indiferente a las normas o desafiar las órdenes de los adultos, intentando burlar los límites impuestos.
En este punto es evidente que hay un daño y un camino largo y dispendioso por recorrer de vuelta atrás.
¿Cómo dar entonces un uso responsable de la tecnología en niños y adolescentes?
Para gestionar videojuegos y crianza, y el uso adecuado de redes sociales en adolescentes, estos son algunos consejos de un manejo responsable de los límites digitales en familia:
Es muy importante la firmeza y la consistencia de los padres en el tiempo permitido de pantallas: lo que se dice se cumple. No se negocia, no se cambia, no se flexibiliza. No está sujeto a tener buenas notas, portarse bien o al intercambio de favores. No depende del estado de ánimo del hijo – si está triste o feliz, eufórico o parco, activo o cansado-.
No utilizar amenazas, castigos ni promesas con los hijos para modificar comportamientos. Por ejemplo, afirmaciones como “Si no te comes todo, no tienes celular”, “Si te quedas quieto y callado, te dejo jugar un rato en el Ipad”, “Si sigues peleando con tu hermana, no tienes Play el fin de semana”, etc.
No es solo el tiempo de pantalla que establezca unos horarios y períodos determinados (por ejemplo, luego de hacer tareas, durante media hora en días de semana y una hora en la mañana y otra hora en la noche los fines de semana).
Es primordialmente el contenido y los efectos que los videojuegos y las redes sociales generan en los niños y adolescentes. Para gestionar videojuegos y crianza, y el uso adecuado de redes sociales en adolescentes, estos son algunos consejos de un manejo responsable de los límites digitales en familia:
Es muy importante la firmeza y la consistencia de los padres en el tiempo permitido de pantallas: lo que se dice se cumple. No se negocia, no se cambia, no se flexibiliza. No está sujeto a tener buenas notas, portarse bien o al intercambio de favores. No depende del estado de ánimo del hijo – si está triste o feliz, eufórico o parco, activo o cansado-.
No utilizar amenazas, castigos ni promesas con los hijos para modificar comportamientos. Por ejemplo, afirmaciones como “Si no te comes todo, no tienes celular”, “Si te quedas quieto y callado, te dejo jugar un rato en el Ipad”, “Si sigues peleando con tu hermana, no tienes Play el fin de semana”, etc.
No es solo el tiempo de pantalla que establezca unos horarios y períodos determinados (por ejemplo, luego de hacer tareas, durante media hora en días de semana y una hora en la mañana y otra hora en la noche los fines de semana).
Es primordialmente el contenido y los efectos que los videojuegos y las redes sociales generan en los niños y adolescentes.
Destinar tiempo y espacios exclusivos de calidad para realmente estar con los hijos: una actividad que disfruten juntos, un plan, una conversación, una película, la práctica de un deporte, eso sí, ¡con el celular a metros de distancia!
Dar la prioridad a los niños y adolescentes y que ellos lo sientan, es lo que muchas veces ellos necesitan para no refugiarse en las pantallas. Estar presente, en todo el sentido de la palabra, tiene un efecto completamente distinto a solo hacer presencia.
El ejemplo en el uso de dispositivos móviles y pantallas por parte de los padres, cuidadores y responsables mayores es definitivo. Si al despertar, al manejar, al descansar, los padres están pegados a la pantalla, ¿con qué autoridad van a exigir un uso controlado de sus aparatos a sus hijos?
Una imagen común es ver a la mamá con los ojos clavados en su celular jugando el adictivo Candy Crush e irónicamente, dando instrucciones y órdenes a sus hijos para que se desconecten de sus dispositivos.… O a un papá, mirando noticias o deportes en X o Instagram, completamente abstraído, que tampoco ve, oye ni entiende lo que su hijo le está contando.
A nivel gubernamental, varios países como Francia, Noruega y Gran Bretaña han intentado legislar en la regulación de las redes sociales, restringiendo su uso a niños y adolescentes. Según el portal de noticias BBC News Mundo, Australia anunció para diciembre de 2025 la entrada en vigencia de una ley que prohíbe el uso de redes sociales a menores de 16 años.
El argumento principal es proteger a los menores y jóvenes de los daños de las redes sociales. Aunque para muchos esta prohibición puede generar un efecto contraproducente, al llevar a los jóvenes a buscar “rincones menos regulados en Internet”. Sin embargo, el primer ministro de Australia, Anthony Albanese afirmó “Sabemos que hacemos lo correcto”.
Esta noticia de seguro genera satisfacción en los padres que no han encontrado la fórmula para tomar las riendas de una situación familiar que ya parece no tener remedio (o al menos negociar y llegar a acuerdos con sus hijos), bien sea por falta de autoridad o quizá amparados en la disculpa de que “este es el mundo actual, el que les tocó vivir y tenemos que adaptarnos a esta realidad”.
Ahí aparece el dilema entre acceder al pedido de los hijos -bajo el argumento de que todos sus amigos y todos los niños tienen celular, iPad, Play, etc.-, o sentirse como un ser retrógrado que sufrirá por ver a su hijo como “el niño diferente”.
Para promover la salud mental, física y emocional de nuestros hijos en el uso de videojuegos, es muy valioso reconocer sus capacidades como nativos digitales, con el universo infinito de posibilidades que la tecnología les ofrece para el desarrollo de destrezas, pensamiento creativo, resolución de problemas, etc.
Pero la clave para un manejo saludable de videojuegos y redes sociales radica, por un lado, en el tiempo regulado, controlado y no desbordado. Y por el otro, en la supervisión constante de los contenidos que consumen y la información audiovisual a la que tienen acceso.
¡ Que todo este mundo de imágenes, sonidos, efectos, información, modas y tendencias que tienen una injerencia directa en la mente y el corazón de nuestros hijos sea como una película con final feliz!