Como mamá primeriza, me sentí muy bombardeada de información sobre la estimulación temprana desde el embarazo. Además, estaba rodeada de consejos por todos lados: amigas que hablaban de estimular a mi bebe con música desde el embarazo y clases prenatales; familiares que me decían “hablale mucho para que reconozca tu voz”; y redes sociales llenas de reels y videos en Tik Tok con técnicas de estimulación para que el bebé nazca “más avanzado”. Instagram y TikTok me llenaban de videos de mamás haciendo rutinas prenatales, y yo, embarazada y primeriza, empecé a tener muchas dudas al respecto.
Ahora bien, cuando nació mi bebé, ya había hecho la especialización en Montessori, y eso fue lo que me salvó de caer en esa trampa. Al tener a mi bebé, empezaron las mismas presiones pero ahora en versión posparto: amigas llevando a sus bebés a clases de estimulación temprana, familia preguntando “¿ya lo estás estimulando?”, y el feed lleno de “actividades para bebés de 0-3 meses”, “juegos para desarrollo motor” o “no pierdas los meses clave”. Era el mismo mensaje: si no lo estimulas constantemente, se queda atrás, y esa comparación constante me generaba una ansiedad innecesaria.
Cómo esa presión nos afecta desde el embarazo y después
Desde el embarazo, la presión por “estimular” puede sumar estrés innecesario a esta etapa que de por sí ya puede ser estresante para muchas (exámenes médicos constantes, náuseas, cansancio, etc). Ahora bien, aunque hay técnicas que no requieren de mucha planeación como hablarle o poner música tranquila que dicen que fortalecen el vínculo, cuando se convierten en obligación (“tienes que hacerlo todos los días para que desarrolle mejor”), esto puede llegar a generar ansiedad materna.
Después del nacimiento, este estrés se intensifica. El bombardeo en redes con clases de estimulación temprana, tips virales y comparaciones hace que muchas mamás sintamos que la maternidad es una carrera. Ese estrés afecta cómo respondemos a nuestro bebé: si estamos ansiosas por “cumplir” con actividades, las interacciones se vuelven menos naturales. Investigaciones indican que el estrés parental crónico eleva el cortisol en los niños y puede complicar la regulación emocional desde temprano (ZERO TO THREE, 2017). En nuestro contexto, con tanta influencia de redes y clases populares en Bogotá, es común que las mamás terminemos agotadas justo cuando más necesitamos calma, conexión y tiempo para recuperarnos después de un parto y lo complicada y retante que puede llegar a ser la lactancia.
Lo que el cerebro del bebé realmente necesita
Aquí está lo clave y liberador: el cerebro del bebé crece mucho en los primeros años (alcanza el 80% del tamaño adulto hacia los 3 años), pero no por clases estructuradas o estímulos constantes. Lo que más fortalece las conexiones neuronales son las interacciones simples y fluidas: él balbucea, tú le respondes; te mira, le sonríes y le hablas con calma. Eso se llama “serve and return” y es la base real para el lenguaje, las emociones y el aprendizaje futuro (Center on the Developing Child at Harvard University, n.d.).
Cuando hay sobreestimulación (ruidos fuertes, luces, muchas actividades grupales, pantallas o demasiadas manos tocándolo), el bebé se satura rápido. Puede aparecer llanto inconsolable, evitar miradas, rigidez o sueño alterado por cansancio. A largo plazo, puede complicar el sueño, la atención y la autorregulación. La Academia Americana de Pediatría lo dice: cero pantallas antes de los 18 meses (excepto videollamadas) y priorizar juego libre y conexión cara a cara con sus cuidadores (American Academy of Pediatrics, 2025).
Cómo Montessori me ayudó a soltar esa presión
Gracias a la especialización en Montessori que hice antes de que naciera mi bebé, pude ver las cosas diferente. Montessori confía en el desarrollo natural del niño y propone que tienen una “mente absorbente” desde los 0 a los 6 años que absorbe el mundo sin esfuerzo si le damos espacio y respeto. En ese sentido, explica que no se trata de “acelerar” su desarrollo con actividades dirigidas, sino que se trata de observar su ritmo, preparar un entorno calmado y acompañar sin interferir demasiado. María Montessori lo explicaba así: a veces, por ansiedad, los adultos intervenimos demasiado y podemos llegar a desviar al niño de su camino y ritmo natural.
Para mí fue un alivio enorme. En vez de inscribirlo en clases o seguir rutinas de redes, empecé a observar: si se concentraba en un móvil simple, lo dejaba tranquilo; si intentaba mover la mano, le daba tiempo para explorar. La ansiedad que sentía en el embarazo bajó muchísimo y pude confiar mucho más en mi intuición y en lo que me iba mostrando mi bebé. Ya no me comparaba y la conexión con mi bebé se volvió más profunda y cercana.
Principios Montessori fáciles para bebés de 0-12 meses
Montessori apoya sobre todo la naturalidad: dejar que el bebé explore a su ritmo, sin forzar, sin interrupciones, confiando en que su curiosidad innata lo guía. Aquí van sugerencias por etapas, siempre con la idea de que no hay que “hacer” nada especial; solo ofrecer lo que surge naturalmente y observar cómo responde tu bebé.
● 0-3 meses: En esta etapa, lo más valioso es el contacto directo contigo. El contacto piel con piel, tu voz suave hablando o cantando bajito, y miradas prolongadas cuando él te busca. Un móvil simple de alto contraste puede ser útil si tienes para fomentar su enfoque visual. Deja que todo fluya naturalmente: hablale de lo que haces en el día, y así él absorberá todo con calma.
● 3-6 meses: Aquí el bebé empieza a descubrir sus manos y a moverlas con más intención. Los sonajeros suaves y táctiles (de madera o tela natural) que pueda agarrar y llevar a la boca apoyan su exploración sensorial (si no tienes puedes llenar una media con arroz o lentejas).También las rutinas predecibles del día (como el baño o la siesta) le dan seguridad y orden interno. Mucho tiempo en el suelo sobre un tapete, con espacio para estirarse, alcanzar sus pies o rodar un poco promueven su desarrollo motor. Lo importante es entender que todo surge de su propio interés: tú solo ofreces y dejas que él lidere.
● 6-12 meses: El movimiento se vuelve más activo: gateo libre, rodar, sentarse solo, intentar pararse. Ofrece cajas o canastas simples para meter y sacar objetos seguros (pelotas suaves, cucharas de madera, telas). Barras bajas o muebles estables para que se agarre y practique pararse cuando él quiera. Vasos abiertos para probar a beber solo (siempre supervisado y con poquita agua). El gateo libre por el espacio es clave: deja que explore el entorno a su ritmo, sin presionarlo. Todo se siente natural porque respondes a sus intentos: si quiere alcanzar algo, le das tiempo; si se frustra un poquito, lo acompañas con calma. Así desarrolla confianza en sí mismo y en ti.
Cómo empezar sin complicarte
- 10 minutos al día sólo observando sin interrumpir.
- Una zona simple de juego: tapete con 3-4 materiales que rotas cada mes.
- Describe lo que ves: “mira la pelota roja”.
- Si se satura, llévalo a un rincón tranquilo, abrázalo o cántale bajito.
- Está bien que explore una caja o mire por la ventana: eso es aprendizaje real.
Para cerrar
Esa presión que sentí desde el embarazo (y que siguen sintiendo tantas mamás como consecuencia de las redes, amigas y familia presionando) es real y pesada. Pero gracias a mis estudios en psicología y pedagogía infantil, entendí que no hace falta correr. Tu bebé nace con todo lo necesario para desarrollarse; solo necesita tu presencia tranquila y conectada, respeto por su ritmo y un espacio seguro.
Tú ya estás haciendo lo más importante. Suelta la comparación, respira y disfruta estos momentos tan únicos y especiales con tu bebé.

Escrito por:
Carolina Calderón
Psicóloga y Guía Montessori
Referencias
American Academy of Pediatrics. (2025). Digital ecosystems, children, and adolescents: Policy statement. Pediatrics, 157(2), Article e2025075320. https://doi.org/10.1542/peds.2025-075320
Center on the Developing Child at Harvard University. (n.d.). Serve and return: Back-and-forth exchanges. https://developingchild.harvard.edu/key-concept/serve-and-return
Lillard, A. S., et al. (2025). A national randomized controlled trial of the impact of public Montessori preschool at the end of kindergarten. Proceedings of the National Academy of Sciences, 122(42), Article e2506130122. https://doi.org/10.1073/pnas.2506130122
Montessori, M. (1995). The absorbent mind. Henry Holt and Company. ZERO TO THREE. (2017). Parents under stress: What it means for babies. https://www.zerotothree.org/resource/parents-under-stress-what-it-means-for-babies






