Antes de hacer mi especialización en Montessori, veía videos de colegios Montessori en YouTube o Instagram y la verdad es que no me convencían del todo. Veía a los niños trapeando el piso, lavando platos, barriendo pedazos de comida o sirviendo agua en vasos de vidrio, y pensaba: “¿En serio? ¿Eso es necesario? La infancia debería ser para jugar, imaginar, crear fantasías, correr y ser libres, no para hacer tareas de adultos”. Me parecía que les estaban quitando esa magia de ser niños, que los estaban tratando como mini adultos y que eso no tenía mucho sentido. Sentía que el juego simbólico, los disfraces y la creatividad eran lo más importante en esos años.

Pero todo cambió cuando empecé a trabajar en un colegio Montessori en Canadá. Al principio entré con esa misma duda, pero al ver en vivo y en directo cómo trabajaban o estudiaban los niños, entendí algo profundo: a ellos les encanta hacer exactamente lo que hacemos los adultos. No lo ven como “trabajo” o como una obligación; lo viven como algo real, significativo y divertido. Cuando un niño de dos años y medio logra servirse agua sin derramarla toda, o cuando barre el piso después de comer y deja todo limpio, su cara se ilumina de orgullo. No es porque alguien lo elogió exageradamente; es porque siente que puede, que contribuye, que pertenece.

Con el tiempo me di cuenta de que esa independencia que promueve Montessori no es forzar al niño a ser adulto, sino respetar su impulso natural de aprender haciendo cosas reales. Además, lo mejor es que no le quitan la fantasía ni el juego a los niños; al contrario, la fortalece, porque un niño seguro de sí mismo y que se siente capaz, juega con más libertad y creatividad.

¿Qué significa realmente “independencia” en Montessori?

Maria Montessori, no hablaba de independencia como “dejar al niño solo”. Ella decía que los niños nacen con una energía interna que los impulsa a actuar y a conquistar habilidades por sí mismos: caminar, hablar, vestirse, comer… y la adquisición de cada una de esas habilidades lleva a los niños a desarrollar o incrementar su independencia. Para entender esto mejor, hay una frase muy famosa que un niño le dijo a su profesora y esta frase resume todo: “Ayúdame a hacerlo yo mismo”.

La idea es simple: en vez de hacer todo por ellos (porque es más rápido, más limpio, menos complicado y menos trabajo para nosotras), mostramos cómo se hace, damos espacio para que practiquen (aunque se demoren más o aunque quede imperfecto) y solo ayudamos cuando realmente lo necesitan por seguridad. Así construyen confianza real, voluntad y autorregulación. Si intervenimos constantemente, les quitamos la oportunidad de desarrollar esa fuerza interna. Ahora bien, hay que reconocer que esto va en contra de lo que normalmente hacemos en el día a día: sobreproteger o resolver todo para evitar frustración en ellos y desgaste en nosotras. Pero Montessori observaba que cuando el niño logra algo por sí solo, crece su autoestima de forma natural y duradera. Además, a largo plazo es también una gran ayuda para nosotras porque nuestros hijos podrán hacer cada vez más cosas por sí mismos y eso permitirá que nosotras podamos descansar un poco más.

El ambiente preparado: el cambio más poderoso que puedes hacer en casa

El secreto número uno de Montessori es el “ambiente preparado”. No se trata de comprar cosas caras o decorar nuestras casas muy elegantes; es adaptar la casa para que el niño pueda actuar sin depender todo el tiempo de ti.

Por ejemplo:

  • Camas bajas (o colchón en el suelo) para que pueda acostarse y levantarse solo cuando esté listo.
  • Muebles abiertos y bajos con pocos juguetes o materiales (máximo 6-8), para que nuestros hijos elijan sin abrumarse.
  • Cajones accesibles (a su altura y seguros para su edad) con su ropa.
  • En la cocina tener vasos y platos pequeños que ellos mismos puedan alcanzar.
  • Materiales reales: escobas infantiles, trapos, jarras livianas, platos de cerámica o vidrio (sí, se rompen a veces, pero aprenden consecuencias naturales y cuidado).

Cuando el entorno les permite actuar solos, la frustración baja y la concentración sube. Un niño que puede servirse su propia agua o escoger su libro sin pedir ayuda constante se siente capaz desde chiquito.

De 0 a 12 meses: independencia a través del movimiento y la exploración libre

Aunque parezca temprano, la independencia empieza desde el nacimiento. Montessori lo llamaba “embrión psíquico”: el bebé construye su cerebro moviéndose y explorando los sentidos.

Lo más importante aquí es respetar su movimiento natural:

  • Deja que esté en el piso sobre una colchoneta, con móviles simples de alto contraste al principio (para seguir con la mirada) y luego de colores.
  • Evita columpios y saltadores por periodos largos; esto permitirá que haya mayor libertad para levantar la cabeza, rodar y gatear.
  • Ropa cómoda por capas, sin botones complicados (así podrá aprender a vestirse y desvestirse), y mucho tiempo descalzo.

De 1 a 3 años: las actividades de vida práctica que lo cambian todo

Aquí la independencia se hace más visible y cotidiana. Las “actividades de vida práctica” son tareas reales del día a día que ayudan a coordinar sus movimientos, concentrarse, ordenar la mente y sentirse parte de la familia.

Ejemplos que puedes integrar poco a poco:

  • Por la mañana: vestirse con ropa fácil de manipular (pantalones y ropa interior elástica, zapatos con velcro, chaquetas con cremallera). Muéstrale despacio y describe de la manera más sencilla posible cómo hacerlo: “vamos a poner el pantalón, primero metemos la pierna izquierda, después la derecha”. Dale tiempo; si se frustra, ofrece tu ayuda pero no lo hagas todo tú.
  • En la cocina: servir agua de una jarrita pequeña a un vaso (empieza con poca cantidad). Untar mantequilla con cuchillo infantil, pelar un banano, lavar una manzana.
  • Limpieza y orden: barrer comida con escoba pequeña, limpiar algo que se derrama con un trapo, poner la mesa (servilletas, individuales, cubiertos, platos, vasos).
  • Cuidado personal: lavarse las manos, cepillarse los dientes (tú guías la mano al inicio), cepillarse el pelo.

La clave: hazlo con él o ella las primeras veces describiendo (“ahora cerramos la llave para que deje de salir agua”), después retírate y observa. Si falla, no corrijas con palabras; déjalo intentarlo de nuevo.

Tu rol como mamá: observar, dar límites claros y soltar poco a poco

Ser mamá aplicando las bases Montessori significa cambiar algunos de nuestros hábitos:

  • Observa 5-10 minutos al día sin distracciones: nota qué le atrae a tu hijo y ajusta el entorno.
  • Ofrece elecciones limitadas: “¿hoy quieres la camisa azul o la verde?” (máximo dos).
  • Usa lenguaje descriptivo y respetuoso: “lograste cerrar la cremallera tú solo”.
  • Pon límites claros: “puedes elegir la actividad, pero dentro de las opciones que te di”.
  • Evita los elogios vacíos; mejor describe el esfuerzo: “usaste las dos manos para servirte agua”.

Cuando tienen alrededor de 2 años y empiezan a decir “no” a todo, respétalo: es su forma de afirmar su voluntad. Ofrece alternativas limitadas en vez de imponer.

Errores comunes y cómo evitarlos

  • Hacer todo por ellos “porque es más rápido”: esto frena su voluntad; el tiempo que invertimos hoy en enseñarles una habilidad ahorra pataletas o desbordes emocionales mañana.
  • Comprar muchos materiales “Montessori”: es mejor tener pocas opciones pero intencionales.
  • Intervenir ante cualquier frustración: permite que se enfrente ante la dificultad; ayuda solo si te pide o está por rendirse.
  • Esperar perfección: el proceso importa más que el resultado.

Empieza poco a poco: elige una sola área (el rincón de vestirse, por ejemplo) y sé consistente.

Para cerrar

Promover la independencia según Montessori no requiere que seas experta ni gastar mucha plata para lograrlo. En realidad, solo se necesita desarrollar confianza en tu hijo y hacer pequeños cambios en nuestras casas para que esto sea posible. Cada vez que le permites servir su agua, ponerse los zapatos o limpiar su algo que regó, le estás diciendo: “Confío en ti. Eres capaz”.

Como dice Montessori, la educación debe preocuparse por el desarrollo de la individualidad y permitir que el niño sea independiente. Empieza esta semana: observa, prepara un espacio y disfruta viendo cómo tu hijo crece más seguro, calmado y capaz. Ese es de los regalos más profundos que puedes darle.

Escrito por:

Carolina Calderón

Psicóloga y Guía Montessori

Referencias (en APA)

Asociación Montessori Internacional (AMI). (s.f.). El desarrollo de la independencia en los primeros 3 años de vida. https://montessori-ami.org/trainingvoices/el-desarrollo-de-la-independencia

Lillard, A. S., et al. (2017). Montessori preschool elevates and equalizes child outcomes: A longitudinal study. Frontiers in Psychology, 8, Article 1783. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2017.01783

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