Mi experiencia como mamá de tres y coach de nutrición

Por: María Gómez Araujo 

La maternidad transforma todo. Cambia los horarios, las prioridades, el cuerpo, las emociones y hasta la manera en que vemos nuestra propia vida.

Cuando me convertí en mamá por primera vez, pensé que debía aprender a cuidar a alguien más. Lo que nunca imaginé fue que también aprendería a cuidarme mejor a mí misma.

Hoy, siendo mamá de tres y coach de nutrición, puedo decir que la maternidad no solo me enseñó sobre crianza, sino también sobre disciplina, salud, empatía y crecimiento personal.

Aunque existen días agotadores, desordenados y emocionalmente intensos, también descubrí que ser mamá puede convertirse en un motor para desarrollar hábitos más saludables y sacar nuestra mejor versión.

Muchas veces dicen que la maternidad implica sacrificarse por completo y dejarnos a un lado. Sin embargo, con el tiempo entendí que una mamá que se cuida, se alimenta bien y trabaja en su bienestar emocional también está cuidando a sus hijos.

La maternidad como un punto de partida

Antes de ser mamá, mis hábitos dependían mucho de mi estado de ánimo o del tiempo disponible. Podía saltarme comidas, dormir poco o vivir en piloto automático. Pero cuando llegaron mis hijos, entendí que ellos estaban pendientes de todo: cómo comía, cómo manejaba el estrés, cómo hablaba de mi cuerpo y cómo enfrentaba los desafíos diarios.

Esa conciencia me hizo cambiar.

La maternidad me obligó a organizarme mejor, a priorizar mi salud y a desarrollar rutinas sostenibles. No porque quisiera algo meramente estético, sino porque necesitaba energía física y estabilidad emocional para acompañar a mis hijos de manera presente y amorosa.

Varios estudios actuales muestran que las prácticas y hábitos de las mamás influyen directamente en el bienestar físico y emocional de los hijos. 

La alimentación familiar, las rutinas y el ejemplo cotidiano tienen un impacto significativo en la construcción de hábitos saludables durante la infancia.

Aprendí que cuidar de mí también es cuidar de ellos

Uno de los mayores cambios fue cuando dejé de ver el autocuidado como algo egoísta. Durante mucho tiempo creí que una buena mamá debía estar disponible todo el tiempo para los demás. Pero la realidad es que nadie puede dar desde el agotamiento permanente.

Como coach de nutrición, comprendí que la salud no se trata solo de contar calorías o seguir dietas estrictas. También implica descanso, equilibrio emocional, movimiento y bienestar mental.

Comencé con pequeños cambios:

  • Preparar desayunos más completos.
  • Dedicar más tiempo a mi relación con Dios y la oración. 
  • Tomar más agua durante el día.
  • Dormir mejor cuando era posible.
  • Organizar comidas semanales.
  • Hacer ejercicio aunque fueran 20 minutos.
  • Reducir la autoexigencia extrema.

Con el tiempo, esos pequeños hábitos se volvieron parte de mi identidad.

La ciencia respalda esta idea. Investigaciones recientes señalan que la maternidad puede impulsar cambios importantes en los patrones alimenticios y en la conciencia sobre la salud familiar

Mis hijos se convirtieron en mi mayor motivación

Hay días en los que no tengo ganas de entrenar o cocinar saludable. Como cualquier mamá, también me siento cansada. Sin embargo, cuando me acuerdo que mis hijos aprenden principalmente a través del ejemplo, encuentro motivación para continuar.

Ellos no necesitan una mamá perfecta. Necesitan una mamá real que les enseñe a cuidarse, a respetar su cuerpo y a construir una relación saludable con la comida y consigo mismos.

He aprendido que:

  • Los hábitos saludables se enseñan desde la rutina diaria.
  • Comer juntos fortalece vínculos emocionales.
  • Hablar positivamente del cuerpo genera seguridad emocional.
  • El equilibrio es más importante que la perfección.

Un estudio sobre prácticas parentales en Colombia destaca que el entorno familiar tiene un papel fundamental en la formación de hábitos saludables en la infancia, especialmente a través del ejemplo de los padres. 

La organización cambió mi vida

Tener tres hijos me enseñó rápidamente que improvisar todo el tiempo genera caos y estrés. La organización se convirtió en una herramienta de bienestar.

No hablo de tener una rutina rígida o perfecta, sino de crear sistemas simples que hagan la vida más ligera:

  • Planificar comidas.
  • Tener snacks saludables disponibles.
  • Establecer horarios básicos.
  • Preparar ropa y snacks con anticipación.
  • Crear espacios para descansar.

Cuando hay estructura, hay menos ansiedad mental.

Muchas mamás viven agotadas porque intentan resolver todo en el momento. Yo también paso por eso. Pero entendí que cuando organizo mi entorno, puedo tener más energía emocional para disfrutar realmente a mis hijos.

La maternidad fortaleció mi disciplina

Antes pensaba que la disciplina dependía de la motivación. Ahora sé que depende de la constancia.

La maternidad me enseñó a hacer cosas incluso cuando no tengo ganas. Nadie puede detenerse porque “no se siente inspirado” cuando hay niños que dependen de ti. Esa capacidad de continuar, incluso en días difíciles, terminó fortaleciendo otras áreas de mi vida.

Gracias a eso:

  • Mejoré mi alimentación.
  • Aprendí a administrar mejor mi tiempo.
  • Desarrollé más paciencia.
  • Crecí profesionalmente.

La maternidad no me quitó metas personales; me obligó a desarrollar habilidades para alcanzarlas con mayor intención.

También enfrenté agotamiento y culpa

Aunque la maternidad me ayudó a crecer, también sería poco realista romantizarla. 

Existen momentos emocionalmente complejos. El cansancio físico, la carga mental y la presión social pueden afectar profundamente la salud emocional de las madres.

Vivimos en una sociedad que muchas veces exige ser “la mamá perfecta”: presente, productiva, organizada, paciente y feliz todo el tiempo. Esa presión genera culpa y agotamiento.

Diversas investigaciones recientes hablan sobre el burnout parental y cómo muchas mujeres experimentan agotamiento emocional debido a expectativas irreales sobre la maternidad. 

Yo también he tenido momentos en los que sentí que no podía con todo. Y precisamente ahí entendí algo importante: pedir ayuda también es un hábito saludable.

Aprendí a:

  • Delegar.
  • Descansar sin culpa.
  • Hablar de mis emociones.
  • Poner límites.
  • Entender que no necesito hacerlo todo sola.

La alimentación dejó de ser estética y se volvió funcional

Uno de los mayores cambios como coach de nutrición y mamá fue dejar de relacionar la alimentación únicamente con el peso físico.

Después de la maternidad entendí que comer bien significa tener energía, claridad mental, estabilidad emocional y salud a largo plazo.

Ya no pienso:
“¿Cómo me veo?”

Ahora pienso:
“¿Cómo me siento?”

La alimentación saludable dejó de ser castigo y comenzó a convertirse en autocuidado.

Intento enseñarles a mis hijos que:

  • Ningún alimento define su valor.
  • Comer saludable también puede disfrutarse.
  • El equilibrio es sostenible.
  • El cuerpo merece respeto y cuidado.

Estudios recientes indican que la educación nutricional materna y los hábitos alimentarios familiares tienen una fuerte influencia en la salud infantil y en la prevención de problemas nutricionales.

Descubrí una versión más fuerte de mí

La maternidad me mostró capacidades que no conocía:

  • Más resiliencia.
  • Más empatía.
  • Más paciencia.
  • Más fortaleza emocional.
  • Más capacidad de adaptación.

También me ayudó a conectar con mi propósito profesional desde un lugar mucho más humano. Como coach de nutrición, ahora entiendo que detrás de cada mujer hay emociones, cansancio, historias y desafíos reales.

Porque una mujer no necesita destruirse para demostrar amor por su familia.

Lo que realmente significa sacar tu mejor versión

Con el tiempo entendí que sacar mi mejor versión es cuando trabajo en ser el mejor ejemplo que pueda para mis hijos. 

Mi mejor versión es:

  • La que se cuida sin culpa.
  • La que intenta mejorar cada día.
  • La que descansa cuando lo necesita.
  • La que entiende que la salud también es emocional.
  • La que enseña con el ejemplo.
  • La que acepta que ser mamá y ser mujer pueden convivir.

La maternidad no me hizo perderme. Me ayudó a encontrar una versión más consciente, más fuerte y más auténtica de mí misma.

Ser mamá de tres hijos y coach de nutrición me enseñó que los hábitos saludables nacen más del amor propio que de la exigencia. 

La maternidad puede ser desafiante, agotadora y emocionalmente intensa, pero también puede convertirse en una oportunidad para crecer, sanar y evolucionar.

Cuando una mamá decide cuidarse, organizarse, alimentarse mejor y trabajar en su bienestar emocional, no solo transforma su propia vida. También impacta positivamente la vida de sus hijos.

Nuestros hijos no necesitan madres perfectas. Necesitan madres reales, presentes y saludables emocionalmente.

Y quizá ahí está la verdadera mejor versión de nosotras mismas.

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