Lo que de verdad me ha servido (y nadie me explicó antes)

Ser una buena mamá sin olvidarte de ti sí es posible, pero no como nos lo enseñaron. No se trata de hacer todo perfecto ni de entregarte hasta desaparecer, sino de encontrar un equilibrio donde puedas cuidar a tus hijos mientras también cuidas tu mente, tu cuerpo y tu corazón. Yo misma lo he vivido, lo he puesto en práctica y hoy puedo decirte que cuando una mamá está bien, ama mejor, cría mejor y sostiene mejor a su familia.

La maternidad real: lo que nadie nos dijo

Durante mucho tiempo crecimos con la idea de que ser una buena mamá significaba darlo todo sin descanso. Ser fuertes, no quejarnos, poder con todo… y muchas veces en silencio.

Pero cuando uno se convierte en mamá, la realidad es otra.

Ser mamá es lo más lindo que existe, pero también es exigente, retador y emocionalmente intenso. Y durante mucho tiempo, muchas nos sentimos solas pensando que éramos las únicas que nos sentíamos así.

A mí me pasó.
Y creo que a muchas también.

Hoy eso está cambiando. Hoy estamos viendo una maternidad más honesta, más humana. Mamás que hablan, que comparten, que dicen “esto me está costando” y que entienden que pedir ayuda no es debilidad, es parte del proceso.

Yo he aprendido a soltar la idea de la mamá perfecta… y a abrazar la mamá real que soy.

¿Cómo puedo cuidarme sin sentir culpa?

Esta es una de las preguntas que más me hice, y que más escucho.

Porque queremos estar para nuestros hijos, pero también necesitamos estar bien.

Y algo que me cambió la forma de ver la maternidad fue entender esto: cuidarme no me aleja de ser buena mamá, me acerca.

Cuando yo estoy bien:

  • tengo más paciencia.
  • reacciono mejor.
  • disfruto más a mis hijos.
  • estoy más presente.

Cuidarme no es egoísmo. Es responsabilidad.

Y eso me costó entenderlo… pero cuando lo hice, todo empezó a cambiar.

¿Cómo puedo mejorar mi salud emocional como mamá?

Aquí te hablo completamente desde mi experiencia.

Yo entendí que no podía seguir guardándome todo. Empecé a:

  • Hablar más, a decir cuando no estaba bien.
  • Buscar personas con las que pudiera ser real, sin filtro.
  • Normalizar la ayuda profesional, entendiendo que ir al psicólogo o incluso al psiquiatra no es algo extremo, sino una herramienta.

También aprendí a aceptar que no todos los días son buenos. Y que eso no me hace peor mamá.

De hecho, me hace más humana.

Y cuando una mamá se permite ser humana, deja de vivir desde la culpa.

¿Cómo puedo fortalecer mi vida espiritual en medio de la maternidad?

La maternidad también es profundamente espiritual, pero muchas veces en medio del día a día lo dejamos de lado.

A mí me ha ayudado muchísimo encontrar formas sencillas de conectar, como:

  • Dedicar unos minutos a la oración.
  • Leer algo que alimente mi espiritualidad.
  • Tener una dirección espiritual o alguien que me acompañe en ese crecimiento.
  • Practicar la gratitud de forma intencional.

He intentado tener momentos del día donde agradezco, donde dejo de enfocarme en lo que me falta y vuelvo a lo que sí tengo.

A veces incluso escribirlo.

Y esto no es solo una percepción personal. Hoy sabemos que escribir es una herramienta que ayuda al desahogo emocional, a organizar pensamientos y a liberar carga mental.

Por eso, tener un diario de gratitud o simplemente escribir lo que sientes puede cambiar completamente la forma en la que vives la maternidad.

Te da paz. Te centra. Te recuerda lo importante.

¿Cómo puedo cuidar mi salud física siendo mamá?

Este es un tema muy importante, porque muchas veces las mamás tenemos una relación difícil con nuestro cuerpo, con la comida y hasta con el ejercicio.

A mí me ha pasado.

Compararme, sentir presión por verme de cierta forma, querer “volver rápido”… y darme cuenta de que eso no venía desde el amor, sino desde la exigencia. Y la maternidad es una etapa demasiado vulnerable como para vivirla desde la presión.

Por eso, cambié el enfoque. Hoy lo veo así: cuidar mi cuerpo es parte de quererme.

Lo que a mí me ha servido:

  • Moverme al menos 30 minutos al día, desde un lugar amable, no desde la obligación.
  • Encontrar algo que disfrute, incluso si es algo en casa o sencillo.
  • Dejar de compararme con lo que veo en redes sociales.
  • Alimentarme bien, pero sin extremos, con cosas que me nutran y también me gusten.

Además, algo que me ayudó muchísimo entender es que el movimiento no solo impacta el cuerpo, sino también la mente. Está comprobado que caminar o trotar ayuda a reducir el estrés y a salir de ese estado de alerta constante. Por eso, muchas veces después de caminar o hacer ejercicio, uno se siente más tranquila, más clara y más en paz.

¿Cómo encontrar espacios para mí sin sentir que estoy fallando?

Este fue un cambio grande para mí.

Antes sentía culpa por querer un espacio sola. Hoy entiendo que lo necesito. He aprendido a buscar momentos, así sean pequeños, para mí.

Puede ser hacer ejercicio, tomarme un café tranquila, arreglarme o simplemente tener un rato de silencio.

Y algo que también entendí es que cómo empiezas tu día influye muchísimo en cómo lo vives.

Está comprobado que tener una rutina básica como levantarte, bañarte, arreglarte y empezar el día con intención mejora la productividad y el estado de ánimo.

Cuando yo lo hago, me siento distinta.

Más organizada. Más presente. Más capaz.

¿Cómo cuidar mi relación de pareja en medio de todo esto?

Este tema es clave, y muchas veces es el primero que dejamos a un lado cuando llegan los hijos. Pero hay algo que he aprendido: la pareja no es secundaria, es la base de la familia.

Por eso, en mi vida he empezado a hacerlo de forma intencional. Busco un momento importante para hablar, idealmente en la cena por la noche cuando los niños ya se han dormido. En ese momento dejamos los celulares a un lado y aprovechamos para hablar del día y planear el siguiente, recordando que somos un equipo.

También he entendido que los espacios en pareja no se improvisan, se planean. Por ejemplo:

  • Ir a cenar a un restaurante.
  • Ir cine.
  • Pedir comida juntos en la casa, tomarnos una copa de vino y hablar tranquilos.

Si no hay ayuda, buscar apoyo en la familia y salir al menos dos veces al mes. Pero si sí hay ayuda, priorizar una salida semanal en pareja.

Lo que a mí me ha funcionado (y sí hace la diferencia)

  • Pedir ayuda sin culpa.
  • Dejar de exigirme perfección.
  • Buscar espacios para mí.
  • Cuidar mi relación de pareja.
  • Volver a lo espiritual.

La maternidad real no es perfecta.

Es una maternidad donde amas profundamente, pero también te cuidas.

Catalina Saab

Creadora de Moms and Much More (@momsandmuchmore)
Mamá de 4, esperando el quinto 🤍
Comparto maternidad real desde mi experiencia.

📚 Bibliografía

Pennebaker, J. W. (2018). Expressive Writing in Psychological Science.
Harvard Health Publishing.
Mayo Clinic.
American Psychological Association (APA).
James Clear. Atomic Habits.

What do you think?

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

No Comments Yet.