Y cómo podemos acompañarlo para que descanse mejor

Cuando mi hijo nació, me sentí muy afortunada porque mi bebé se despertaba una vez, máximo dos por la noche, y volvía a dormirse con relativa facilidad. Pensé (con la ingenuidad de haberlo visto dormir tan bien las primeras semanas) que de pronto éramos de esas familias con un bebé que duermen muy bien… hasta que llegaron los cuatro meses.

Ahora mi bebé que dormía en bloques largos comenzó a despertarse tres o cuatro veces por la noche. ¿Qué había cambiado? ¿Qué estaba haciendo mal? Pasé varios días buscando respuestas, leyendo artículos, escuchando consejos. Hasta que llegué a una cuenta de una pediatra que me cambió la perspectiva completamente: esto no era un problema… los despertares frecuentes de mi bebé eran biología.

Si tú también estás en este momento agotada y confundida, preguntándote si hay algo que estás haciendo mal, este blog es para ti. Vamos a hablar con honestidad de por qué los bebés se despiertan tanto, qué dice la ciencia al respecto, y qué pequeñas cosas me han ayudado a mí a acompañar el sueño de mi bebé de una manera que no me genera ni culpa ni angustia.

Lo que nadie te dice sobre el sueño de los bebés

Vivimos en una cultura obsesionada con el sueño infantil. Hay apps, métodos, libros, consultoras, grupos de WhatsApp enteros dedicados a hacer que los bebés “duerman toda la noche”, y aunque el agotamiento es completamente real y válido, hay una teoría que casi nunca se cuestiona: que el bebé que no duerme en bloques largos tiene un problema.

Pues resulta que los bebés no están diseñados para dormir como los adultos. Según la pediatra y antropóloga Nils Bergman, el sueño fragmentado en los primeros meses no es una disfunción, sino una respuesta adaptativa que tiene sentido evolutivo: los bebés se despiertan con frecuencia porque dependen de su cuidador para sobrevivir, y el contacto frecuente (incluyendo en la noche) es parte de ese sistema de supervivencia (Bergman, 2013).

Adicionalmente, el pediatra James McKenna, investigador del sueño materno-infantil en la Universidad de Notre Dame, ha documentado durante décadas que los bebés que duermen cerca de su figura de cuidado presentan patrones de despertar fisiológicamente normales y adaptativos. Sus estudios muestran que la co-regulación del sueño entre mamá e hijo es un proceso evolutivamente esperado, no una mala costumbre que haya que corregir (McKenna & Gettler, 2016).

Esto no significa que el agotamiento no sea real… Lo es y lo estoy viviendo en carne propia.  Pero hay una diferencia enorme entre decir “estoy agotada y necesito apoyo” y decir “mi bebé tiene algo o yo estoy haciendo algo mal”.

¿Por qué se despertó más a los cuatro meses?

La respuesta corta: la famosa regresión del sueño de los cuatro meses si existe y es real, y aunque la palabra “regresión” suena a retroceso, lo que en realidad ocurre es todo lo contrario.

Alrededor de los tres o cuatro meses, el cerebro del bebé madura y sus ciclos de sueño comienzan a parecerse más a los de un adulto. Esto significa que hay más transiciones entre fases de sueño ligero y profundo, y en esas transiciones, el bebé se despierta. El neuropsicólogo Daniel Siegel explica que el desarrollo del sistema nervioso en los primeros años de vida es un proceso activo que ocurre las veinticuatro horas del día, incluyendo durante el sueño, y que los despertares nocturnos son parte de ese proceso de integración neurológica (Siegel & Bryson, 2012).

Además de eso, alrededor de esta edad muchos bebés atraviesan una explosión de desarrollo cognitivo, motor y social. El cerebro está literalmente reorganizándose. ¿Y dónde procesa todo eso? En el sueño, y también entre el sueño.

Cuando entendí esto, pude descansar y estar mucho más tranquila. No era que mi bebé hubiera empeorado o que yo estuviera haciendo algo que estuviera afectando su sueño. Era que mi bebé estaba creciendo.

Se despiertan porque necesitan conexión, no porque haya algo mal

Una de las cosas que más me ha ayudado es entender que cuando un bebé se despierta por la noche y busca contacto, no está manipulando, no está creando un hábito dañino y no está durmiendo mal. Está respondiendo a una necesidad esperada para este momento de su vida.

John Bowlby, el que habla de la teoría del apego, describió el vínculo entre el bebé y su cuidador como un sistema biológico de regulación: el bebé no puede autorregularse emocionalmente de manera independiente en sus primeros años de vida, y necesita la presencia física del cuidador para hacerlo (Bowlby, 1988). Esto aplica de día y también de noche.

El contacto físico nocturno (ser cargado, sentir el calor corporal de la mamá, escuchar su respiración, comer, no crea dependencia patológica, sino que desarrolla seguridad, y esa seguridad es la base desde la cual el bebé, eventualmente, aprenderá a dormirse de manera más autónoma. Eso sí, hay que saber que esto probablemente no va a pasar ni  a los cuatro meses, ni a los seis.

Asimismo, la investigadora en psicología del desarrollo Penelope Leach, que ha estudiado las consecuencias del entrenamiento del sueño en bebés menores de un año, señala que forzar la independencia nocturna antes de que el sistema nervioso esté maduro para sostenerla puede generar estrés fisiológico sostenido, aunque el bebé deje de llorar (Leach, 2009).

Yo sé que muchas veces nos podemos ver muy tentadas a hacer el famoso “sleep training” pero que nuestro bebé deje de llorar en las noches, deje de despertarse y haya silencio, pero lograr que deje de llorar o se duerma solo no siempre significa que hay bienestar.

Lo que a mí me ha funcionado

Lo primero es que tengo que decir que no tengo un método específico que me funciona como magia y no voy a prometer que si haces estas cosas tu bebé va a dormir “toda la noche”. Pero sí puedo contarles qué ha cambiado la experiencia nocturna en mi casa de una manera que se siente sostenible y, sobre todo, respetuosa.

Dormir en familia

Tomé la decisión informada, consciente y con todas las medidas de seguridad de que mi bebé durmiera en nuestra cama. No porque alguien me lo dijera, sino porque noté que dormía mejor, yo dormía mejor, y las despertadas se volvían mucho más manejables. No tenía que levantarme a otro cuarto y no tenía que trasnocharme del todo: él buscaba comer, comía por unos minutos y volvía a dormirse.

La evidencia sobre el colecho seguro, practicado sobre colchón firme, sin almohadas cerca del bebé, sin consumo de alcohol ni medicamentos, muestra que puede ser una opción válida que apoya la lactancia, reduce el estrés del bebé y facilita el sueño materno (McKenna & Gettler, 2016). No es para todas las familias, pero para nosotros ha sido una estrategia que nos ha ayudado y encantado.

Una rutina sencilla y predecible

No es que haga un ritual complicado ni una lista de pasos. Simplemente hago algo que le señale al cuerpo de mi bebé que el día está terminando. Le cambio el pañal, le pongo su pijama, le hago un masaje suave con crema, hacemos una oración corta, bajamos las luces de la casa y come. Siempre en el mismo orden y siempre con calma. Ahora bien, yo suelo ser muy flexible también si salimos, estamos de visita o hay un cambio en la rutina, pero intento mantener algunos de estos pasos así estemos por fuera.

El neurocientífico Matthew Walker, en su investigación sobre el sueño, explica que la consistencia en las señales previas al sueño, que es lo que él llama “higiene del sueño”, ayuda al sistema nervioso a anticipar el descanso y facilita la transición hacia él (Walker, 2017). En bebés, esto se traduce en rutinas repetitivas que generan familiaridad y seguridad.

El masaje como contacto intencional

El masaje antes de dormir se ha convertido en uno de mis momentos favoritos del día. Hay algo especial en ese contacto lento e intencionado y parte también de que los bebés entienden el mundo a través de sus sentidos.  Estudios sobre el masaje infantil han mostrado que reduce los niveles de cortisol (la hormona del estrés), favorece la liberación de oxitocina y mejora la calidad del sueño en bebés (Field, 2010).

Pero más allá de la ciencia, me hace más consciente a mí también porque me recuerda que no estoy de afán, que este momento va a pasar y  que este bebé que ahora necesita tanto contacto nocturno, pronto no lo va a necesitar de la misma manera.

Soltar la expectativa

Esto suena menos práctico, pero creo que es lo más transformador. Cuando dejé de pelearme con la realidad de que mi bebé se despertaba tres o cuatro veces por noche y empecé a aceptar que eso era simplemente lo que él necesitaba (no era un fracaso y tampoco una señal de alarma), sino su necesidad biológica real me quité un peso de encima. El agotamiento seguía y sigue haciendo parte de mi día a día, pero la preocupación alrededor de este disminuyó.

Ahora bien, como escribe el psicólogo Carlos González, que con su trabajo sobre crianza respetuosa ha acompañado a miles de familias: “Un bebé que pide el pecho por la noche no está manipulando a su madre. Está siendo un bebé” (González, 2006).

Mensaje final

Si estás leyendo esto a las tres de la mañana, con tu bebé comiendo o alzándolo y sintiéndote al límite: te entiendo y sé que es difícil cuando pasan y pasan los días y todo sigue igual. Pero si creo que hay una diferencia entre “esto es difícil” y “algo está mal”. Lo importante es saber que tu bebé no está roto y que tu no estás haciendo algo mal. Simplemente, los dos están atravesando juntos algo para lo que, en realidad, fuimos diseñadas: acompañarlo.

El sueño va a llegar en algún momento, a pesar de que pueda pasar mucho tiempo y queramos que todo mejore lo más pronto posible. Mientras tanto, acuérdate cada día que la cercanía que le das en la noche es exactamente lo que él necesita.

Escrito por:

Carolina Calderón

Psicóloga y Guía Montessori

Referencias

Bergman, N. J. (2013). Neonatal stomach volumes and physiology suggest feeding at 1-hour intervals. Acta Paediatrica, 102(8), 773-777. https://doi.org/10.1111/apa.12291

Bowlby, J. (1988). A secure base: Parent-child attachment and healthy human development. Basic Books.

Field, T. (2010). Touchresearch. Infant Behavior and Development, 33(4), 451-453. https://doi.org/10.1016/j.infbeh.2010.05.001

González, C. (2006). Bésame mucho: Cómo criar a tus hijos con amor. Ediciones Temas de Hoy.

Leach, P. (2009). Child care today: Getting it right for everyone. Knopf.

McKenna, J. J., & Gettler, L. T. (2016). There is no such thing as infant sleep, there is no such thing as breastfeeding, there is only breastsleeping. Acta Paediatrica, 105(1), 17-21. https://doi.org/10.1111/apa.13161

Siegel, D. J., & Bryson, T. P. (2012). The whole-brain child: 12 revolutionary strategies to nurture your child’s developing mind. Delacorte Press. Walker, M. (2017). Why we sleep: Unlocking the power of sleep and dreams. Scribner.

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