La fase del “picky eating” que nadie te advirtió
Por: María Gómez, mamá de tres y coach de nutrición
Hay una escena que se repite en muchas casas.
El mismo niño que hace unas semanas probaba de todo con curiosidad, ahora mira el plato como si fuera un enemigo.
La pasta “ya no”.
Las frutas “depende”.
Las verduras “ni mirarlas”.
Y, en algunos casos, incluso el agua parece que les sabe raro.
Si estás viviendo esto, probablemente ya pasaste por varias etapas mentales:
- “Seguro es una fase”
- “Tal vez está enfermo”
- “Quizás hice algo mal”
- “Antes comía mejor”
Y aquí es donde quiero detenerme contigo un momento.
Porque si hoy estás preocupada por esto, hay algo importante que necesitas saber desde el principio:
Esto es completamente normal. Es parte del desarrollo.
Cuando un hijo cambia su forma de comer… casi siempre está cambiando su forma de crecer
Como mamá de Agustín (4 años), Alicia (2 años) y Gregorio (1 año), he vivido esta transición varias veces, pero con matices muy distintos.
Agustín y Gregorio, por ejemplo, han tenido desde que empezaron con la alimentación complementaria, una relación flexible con la comida.
Alicia fue diferente. Hubo una etapa en la que, literalmente, no abría la boca.
Podía pasar frente a un plato lleno de colores y simplemente girar la cara.
No era una comida específica.
Era casi todo.
Y eso me confrontó profundamente, incluso con mi formación como coach de nutrición.
Porque aunque sabía la teoría, emocionalmente no siempre es fácil ver a tu hijo rechazar algo que preparaste con amor.
Pero lo que más me enseñó Alicia no fue frustración.
Fue paciencia.
Y sobre todo, consistencia sin presión.
El error más común: pensar que el problema es la comida
Cuando un niño deja de comer alimentos que antes aceptaba, la interpretación más común es:
“Algo está mal con la comida o con mi forma de alimentarlo.”
Pero la evidencia científica nos dice otra cosa.
El cambio en la alimentación infantil entre los 1 y 5 años está fuertemente influenciado por:
- desaceleración del crecimiento
- desarrollo de autonomía
- sensibilidad sensorial
- aparición de neofobia alimentaria
- aprendizaje por repetición
La neofobia alimentaria es especialmente importante aquí.
Es una etapa normal del desarrollo en la que los niños rechazan alimentos nuevos o incluso alimentos previamente aceptados si cambian en textura, temperatura o presentación.
Desde una perspectiva evolutiva, esto tenía sentido: ayudaba a proteger a los niños pequeños de ingerir sustancias potencialmente peligrosas.
Hoy ya no vivimos en ese contexto… pero el cerebro infantil sigue funcionando con esa lógica.
¿Picky eating o desarrollo normal?
El término picky eating se usa mucho, pero puede generar confusión.
En la mayoría de los casos entre los 2 y 6 años hablamos de:
- variabilidad normal del apetito
- selectividad alimentaria transitoria
- aprendizaje alimentario en curso
No necesariamente de un problema clínico.
Estudios como los de Dovey et al. (2008) y Taylor et al. (2015) muestran que esta etapa es muy frecuente y suele fluctuar con el tiempo, especialmente cuando no hay presión durante las comidas.
Lo que nadie te dice: el apetito infantil NO es estable
Uno de los cambios más importantes que ocurre después del primer año es este:
El crecimiento se desacelera, por lo tanto, el apetito también disminuye
Esto significa que:
- ya no necesitan comer tanto como antes
- pueden pasar días comiendo muy poco
- compensan en otros momentos
- regulan su ingesta de forma natural
Pero como adultos, seguimos esperando la misma cantidad de comida que en la etapa de crecimiento acelerado.
Y ahí nace gran parte de la ansiedad.
La presión no mejora la alimentación; la exposición sí.
Así que seguí.
Sin disfrazar comida.
Sin obligar.
Sin negociar.
Solo exponiendo.
- colores diferentes en el plato
- texturas variadas
- alimentos repetidos una y otra vez
- sin expectativas
Y lo más importante:
sin convertir la comida en una batalla emocional.
La alimentación responsiva: el marco que cambia todo
Aquí es donde entra un concepto clave que probablemente transformará cómo ves esta etapa:
La alimentación responsiva
Basada en el trabajo de Ellyn Satter y respaldada por organizaciones como la Academy of Nutrition and Dietetics, este enfoque propone algo muy simple:
El adulto estructura la alimentación. El niño regula cuánto come.
Esto se traduce en:
Los cuidadores deciden:
- qué alimentos se ofrecen
- cuándo se ofrecen
- dónde se comen
Los niños deciden:
- si comen
- cuánto comen
Este modelo reduce la presión, mejora la autorregulación y disminuye conflictos en la mesa.
Y, sobre todo, ayuda a reconstruir algo fundamental:
la confianza en el cuerpo del niño.
Lo que hice diferente con mis hijos
Con el tiempo, con Agustín, Alicia y Gregorio, adopté tres principios muy simples:
- Nunca forzar
- Nunca negociar con comida
- Nunca dejar de ofrecer
Y aunque suena sencillo, en la práctica requiere mucha calma.
Especialmente cuando el plato vuelve intacto.
Especialmente cuando te dan opiniones externas.
Especialmente cuando te preguntas si estás haciendo lo correcto.
Pero algo que he visto repetirse una y otra vez es esto:
la constancia sin presión es mucho más poderosa que la insistencia.
Cuando la mesa se vuelve un campo de batalla (sin que nadie lo planee)
Uno de los momentos más delicados de esta etapa es cuando, sin darnos cuenta, la comida deja de ser comida… y se convierte en negociación.
Empiezan frases que casi todas las familias hemos dicho alguna vez:
- “Solo una cucharadita más”
- “Si comes esto, te doy postre”
- “Mira, tu hermano sí está comiendo”
- “No te levantas hasta terminar”
Y lo entiendo.
Yo también he estado ahí.
Con la intención de ayudar, de nutrir, de asegurarme de que no falte nada.
Pero la evidencia en alimentación infantil es muy clara: la presión en la alimentación puede aumentar el rechazo, no disminuirlo (Birch & Fisher, 1998; Satter, 2000).
Errores comunes que pueden intensificar el picky eating (y que nacen del amor)
1. Convertir cada comida en una evaluación
Cuando el niño siente que está siendo observado o evaluado, la comida deja de ser segura.
La alimentación debería ser un espacio neutro, no una prueba que aprobar.
2. Preparar comidas completamente separadas
Es comprensible querer asegurar que “algo coma”, pero cuando se crean menús distintos para cada miembro de la familia, se limita la exposición natural.
Los niños aprenden mucho más observando lo que otros comen que recibiendo opciones aisladas.
3. Usar comida como recompensa o castigo
Cuando el postre se convierte en premio, el mensaje implícito es:
- lo saludable es obligatorio
- lo dulce es deseable
Esto puede afectar la relación a largo plazo con la comida.
4. Retirar alimentos demasiado rápido
Un alimento rechazado hoy no es un alimento rechazado para siempre.
La investigación muestra que un niño puede necesitar entre 10 y 20 exposiciones (o más) para aceptar un alimento nuevo o previamente rechazado (Carruth et al., 2004).
Estrategias basadas en evidencia que pueden ayudar
Estas herramientas están alineadas con el enfoque de alimentación responsiva y recomendaciones de la OMS y la Academy of Nutrition and Dietetics.
1. Exposición repetida sin presión
Un alimento puede necesitar múltiples encuentros antes de ser aceptado.
No se trata de insistir, sino de normalizar su presencia.
2. Modelado (el ejemplo)
Los niños confían más en lo que ven que en lo que les decimos.
Ver a sus cuidadores disfrutar ciertos alimentos es una de las estrategias más efectivas.
3. Rutinas predecibles
Ofrecer comidas en horarios similares ayuda a regular el apetito.
La estructura genera seguridad.
4. Separar responsabilidad
Volviendo a Ellyn Satter:
- el adulto decide qué, cuándo y dónde
- el niño decide cuánto
Este límite claro reduce conflictos.
5. Mantener al menos un alimento seguro
Siempre debe haber algo familiar en el plato.
Esto reduce ansiedad y facilita la exploración.
¿Y si solo quiere comer “lo mismo de siempre”?
Este es uno de los mayores miedos.
Pero es importante entender esto:
– la repetición es parte del aprendizaje
– la variedad llega con el tiempo
– la presión reduce la aceptación de nuevos alimentos
En muchos casos, los niños atraviesan fases donde reducen su repertorio temporalmente.
No es necesariamente regresión.
Es regulación.
Señales que sí conviene mirar con más atención
Aunque la mayoría de los casos de picky eating son normales, hay señales que requieren evaluación profesional:
- pérdida de peso o estancamiento del crecimiento
- rechazo persistente de múltiples grupos de alimentos
- dificultad para masticar o tragar
- vómitos frecuentes asociados a la alimentación
- ansiedad extrema al momento de comer
- repertorio alimentario extremadamente limitado
En estos casos, es importante descartar condiciones como dificultades sensoriales o trastornos de la alimentación como ARFID.
Lo que aprendí con mis tres hijos
Agustín y Gregorio me mostraron algo muy claro:
- la curiosidad alimentaria puede ser natural cuando no hay presión
- la exposición temprana ayuda mucho
Alicia me enseñó otra cosa igual de importante:
- algunos niños necesitan más tiempo
- más repeticiones
- más paciencia
- más confianza del adulto
Y ninguno de los tres está “bien o mal”.
Solo son diferentes.
Cuando rechazan incluso el agua: qué mirar sin entrar en pánico
Este es uno de los puntos que más angustia genera.
Porque el agua no es “comida”.
Es hidratación.
Y cuando también es rechazada, la preocupación se activa más rápido.
Pero antes de asumir que hay un problema serio, es importante tener en cuenta el contexto completo.
En muchos casos, el rechazo al agua puede estar relacionado con:
- cambios sensoriales normales (temperatura, vaso, sabor residual)
- preferencia temporal por alimentos con mayor contenido de agua (frutas, sopas)
- distracciones o cambios en rutina
- etapas de mayor selectividad general
Lo más importante no es un solo momento aislado, sino el estado general del niño:
- energía durante el día
- número de micciones
- labios y mucosas húmedas
- consumo de frutas o alimentos líquidos
- comportamiento general
En la mayoría de los casos, cuando el niño está activo y se alimenta de alguna forma, esto forma parte de una fase transitoria.
Cómo acompañar sin presionar (y sin desconectarte)
Una de las cosas más difíciles como mamá es encontrar el equilibrio entre no forzar y no “dejar pasar todo”.
Pero acompañar la alimentación no es controlar.
Es estar presente.
Con Alicia aprendí a acompañarla más y actuar menos desde la ansiedad.
Estas estrategias ayudan mucho:
1. Ofrecer sin insistir
El agua, los alimentos y las oportunidades siguen estando disponibles.
Sin discursos largos.
Sin presión.
Sin dramatizar.
2. Mantener la calma emocional en la mesa
Los niños perciben nuestra tensión.
Si la comida se siente como preocupación, ellos lo reflejan.
3. No interpretar cada rechazo como un problema nuevo
El rechazo es parte del aprendizaje.
No un indicador constante de que algo va mal.
4. Reforzar la conexión fuera de la comida
Muchos conflictos en la mesa disminuyen cuando la conexión emocional se fortalece en otros momentos del día:
- juego libre
- lectura
- contacto físico
- presencia sin distracciones
Mitos comunes sobre el picky eating
❌ “Si no come ahora, se va a quedar así”
✔ La mayoría de los niños amplían su repertorio con el tiempo, especialmente si no hay presión.
❌ “Si tiene hambre, comerá de todo”
✔ El hambre no elimina la neofobia ni la sensibilidad sensorial.
❌ “Hay que esconder verduras para que las coma”
✔ Puede ayudar en el corto plazo, pero no enseña aceptación ni familiaridad.
❌ “Es culpa de la mamá”
✔ La evidencia no respalda la idea de que el picky eating sea causado por un solo estilo parental. Es multifactorial.
La idea más importante de todo este blog
Si tuviera que resumir todo lo que la evidencia y mi experiencia como mamá me han enseñado, sería esto:
los niños no necesitan presión para aprender a comer; necesitan repetición, seguridad y tiempo.
La alimentación no es un evento.
Es un proceso de aprendizaje.
Y como todo aprendizaje:
- tiene fases
- tiene retrocesos aparentes
- tiene ritmos distintos
Si hoy estás viendo a tu hijo rechazar alimentos que antes comía, quiero que te quedes con esta idea:
no estás en un retroceso, estás en una etapa.
Y las etapas cambian.
Aunque a veces no lo parezca en el día a día.
Con el tiempo, la mayoría de los niños:
- aceptan más variedad
- desarrollan curiosidad alimentaria
- regulan mejor su apetito
No porque fueron forzados.
Sino porque fueron acompañados.
Hoy, cuando miro a Agustín, Alicia y Gregorio sentados en la mesa, ya no busco perfección.
No busco platos vacíos.
No busco que coman “bien” todo el tiempo.
Busco algo más simple:
un espacio tranquilo donde la comida sea parte de la vida, no un momento de estrés.
Referencias
Birch, L. L., & Fisher, J. O. (1998). Development of eating behaviors among children and adolescents. Pediatrics, 101(3), 539–549.
Carruth, B. R., Ziegler, P. J., Gordon, A., & Barr, S. I. (2004). Prevalence of picky eaters among infants and toddlers. Journal of the American Dietetic Association, 104(1), 94–99.
Dovey, T. M., Staples, P. A., Gibson, E. L., & Halford, J. C. G. (2008). Food neophobia and picky eating in children. Appetite, 50(2–3), 181–193.
Satter, E. (2000). Child of Mine: Feeding with Love and Good Sense. Bull Publishing.
Taylor, C. M., Wernimont, S. M., Northstone, K., & Emmett, P. M. (2015). Picky eating in children: Review of definitions and dietary impacts. Appetite, 95, 349–359.
World Health Organization. (2023). Infant and young child feeding. https://www.who.int
Academy of Nutrition and Dietetics. (2020). Position paper: Feeding practices and growth in children.








