Lo que he aprendido como mamá de tres y coach de nutrición sobre el microbioma, la alimentación y esos pequeños ingredientes que tenemos en la casa.
Por María Gómez, coach de nutrición y mamá de tres.
Si eres mamá, probablemente conoces esa sensación:
Tu hijo se enferma, empieza con mocos, después viene la tos.
Una noche duerme mal, otra también… y justo cuando parece que finalmente está mejor, empieza otra vez.
Yo lo he vivido muchas veces con mis tres hijos.
Cuando tus hijos se enferman muchas veces, es inevitable sentir frustración.
Quieres ayudarlos. Quieres que estén bien. Quieres encontrar algo que puedas hacer para que sus defensas sean fuertes.
En mis noches de desespero, pensé que muchas veces nos enfocamos en el síntoma…
¿Qué le doy para la tos?
¿Qué hago para la congestión?
¿Cómo consigo que duerma mejor?
Todas esas preguntas son importantes…
Pero, ¿cuál será la causa? ¿Por qué no se mejoran?
Investigando sobre el tema, me encontré con el microbioma.
El microbioma: ese mundo que no vemos
Dentro del intestino de nuestros hijos vive una enorme comunidad de microorganismos.
Bacterias, entre otros microorganismos, que interactúan con los alimentos, con el intestino y con el sistema inmunológico.
A este ecosistema lo conocemos como microbioma intestinal.
No todas las bacterias son nuestras enemigas.Muchas cumplen funciones importantes: ayudan a la digestión, producen metabolitos y se comunican con nuestras células inmunitarias.
La alimentación es uno de los factores que puede influir en la composición y funcionamiento del microbioma (Gomaa, 2020; Mann et al., 2024).
Esto me parece increíble porque significa que lo que ponemos repetidamente en el plato también puede influir en el ambiente donde viven esos microorganismos.
Y aquí nuestra cocina empieza a tener mucho más valor del que imaginamos.
No se trata solamente de quitar síntomas
Cuando un niño está enfermo, por supuesto que queremos aliviarlo.
No hay nada malo en eso.
Pero, también, podemos pensar en el largo plazo.
La salud no se construye únicamente el día en que nuestro hijo se enferma, sino también durante los días en que está sano.
Con frutas y verduras.
Con alimentos ricos en fibra.
Con variedad.
Con agua.
Y con ingredientes sencillos que tenemos en nuestra propia cocina.
Alimentos que aportan nutrientes y compuestos bioactivos dentro de una alimentación saludable.
El ajo:
Es uno de esos ingredientes que probablemente tenemos en nuestra casa y usamos casi sin pensarlo.
Tiene compuestos azufrados, entre ellos la alicina, que se forma cuando el ajo se corta o machaca.
La investigación ha estudiado sus propiedades antimicrobianas, antiinflamatorias y su potencial prebiótico. Estudios experimentales han encontrado que algunos de sus compuestos pueden favorecer determinadas bacterias intestinales y aumentar la producción de ácidos grasos de cadena corta (Zhang et al., 2022).
También existen estudios en humanos que han observado cambios en el microbioma después del consumo de preparados de ajo, aunque todavía necesitamos más investigación, especialmente en niños (Mohtashami et al., 2022).
Por eso, mi mensaje no sería:
“Dale ajo a tu hijo y no se enfermará”.
Sería mucho más sencillo:
“No subestimemos el valor de una alimentación que incluye alimentos reales y variados.”
La cebolla también puede alimentar nuestro microbioma
Pertenece a la misma familia que el ajo, contiene diferentes compuestos bioactivos y fructanos, un tipo de fibra con potencial prebiótico.
Estos componentes pueden llegar al intestino y ser utilizados por determinadas bacterias.
Una investigación reciente encontró que los extractos de cebolla modificaron la estructura de la microbiota en un modelo de fermentación con muestras fecales humanas y aumentaron determinados metabolitos, incluidos ácidos grasos de cadena corta (Yoo et al., 2025).
Pero es importante aclararlo: esto no demuestra que comer cebolla prevenga las infecciones respiratorias en los niños, pero sí puede ayudar.
Nos muestra que sus componentes pueden interactuar con nuestro ecosistema intestinal y respiratorio.
Desde mi experiencia como mamá, cuando mis hijos tienen tos, cortar una cebolla roja y ponerla al lado de sus camas es un recurso tradicional que ayuda a que tosan menos.
El jengibre: mucho más que un remedio de abuela
El jengibre ha sido usado durante generaciones.
Hoy también se estudian sus compuestos bioactivos, como los gingeroles y shogaoles.
Un ensayo clínico en adultos encontró que el consumo de jengibre produjo cambios en algunos grupos de bacterias intestinales, aunque no modificó la diversidad global del microbioma (Shao et al., 2023).¿Mi conclusión?
Podemos incorporarlo en una sopa, una preparación o una infusión apropiada para la edad de tu hijo.
La comida es nuestra forma cotidiana de sumar a la salud preventiva de nuestros pequeños.
¿Y la miel?
Aquí quiero hacer una distinción importante.
La miel tiene evidencia interesante para aliviar la tos aguda en niños mayores de un año.
Una revisión Cochrane encontró que puede reducir la frecuencia de la tos y mejorar el sueño en comparación con un placebo o la ausencia de tratamiento (Oduwole et al., 2023).
Pero hay una regla que no admite excepciones:
Nunca miel antes de los 12 meses.
La miel puede contener esporas de Clostridium botulinum y provocar botulismo infantil. Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) recomiendan no ofrecer miel ni productos que la contengan a menores de un año.
Y algo más:
La miel puede ayudar con el síntoma de la tos. Sin embargo, no cura la infección ni fortalece las defensas.
Y hay un ingrediente todavía más sencillo: agua o leche materna.
A veces buscamos alimentos, suplementos o vitaminas especiales.
Y olvidamos algo tan básico como mantener a nuestros hijos hidratados.
Cuando están enfermos, especialmente si tienen fiebre, comen menos o pierden líquidos, mantener una adecuada hidratación es importante.
El agua, la leche materna o fórmula en los bebés y otros líquidos apropiados para su edad pueden ayudar a mantener una buena hidratación.
A veces no necesitamos algo sofisticado.
Necesitamos volver a lo básico.
¿Qué tiene que ver todo esto con las defensas?Mucho, pero no de la manera simplista que vemos algunas veces en redes.
No existe un alimento que simplemente “suba las defensas”.
Nuestro sistema inmunológico es mucho más complejo.
El microbioma participa en la comunicación entre el intestino y el sistema inmunológico, y la alimentación puede modificar el ambiente donde viven nuestros microorganismos (Mann et al.,2024).
Por eso me gusta pensar en la alimentación como una forma de cuidar el terreno.
No podemos controlar cada virus que nuestros hijos encuentran.
Van al colegio, al jardín, conviven con otros niños y, sí, se van a enfermar.
Pero podemos preguntarnos:
¿Cómo está su alimentación cuando están sanos?
¿Hay variedad?
¿Hay suficiente fibra?
¿Hay frutas y verduras?
¿Están tomando suficiente agua?
¿Estamos usando antibióticos solamente cuando son necesarios y prescritos?
¿Duermen lo suficiente?
El microbioma no vive aislado.
Forma parte de todo un estilo de vida.
Cuidar la causa sin olvidar el síntoma
No quiero que esto se malinterprete.
Cuando mis hijos están enfermos, quiero que se sientan mejor.
Si necesitan valoración médica, van al médico.
Si necesitan un medicamento, se los doy.Los alimentos naturales no reemplazan los tratamientos médicos.
Pero también quiero mirar más allá del momento de la enfermedad.
Porque quizá ahí está una de las grandes oportunidades que tenemos como mamás: no esperar a que nuestros hijos se enfermen para empezar a cuidar su salud.
Podemos hacerlo todos los días.
En cada comida.
En cada vaso de agua.
En cada plato de verduras.
En una sopa con ajo y cebolla.
En una preparación con un poco de jengibre.
Y, cuando tienen más de un año y corresponde, en una pequeña cantidad de miel para aliviar una tos que no los deja dormir.
No porque estos alimentos sean mágicos.
Sino porque forman parte de una alimentación que aporta nutrientes, fibra y diferentes compuestos bioactivos.
Como mamá de tres, esto es lo que hoy pienso
Cuando tienes un hijo enfermo quieres una solución inmediata.
Quieres que deje de toser.
Que vuelva a dormir.
Que vuelva a comer.
Que vuelva a ser él.
Y entiendo perfectamente esa desesperación.
Yo también la he sentido.
Pero quizás la maternidad también nos enseña a mirar un poco más lejos. A preguntarnos no solamente:
“¿Cómo hago para que se le quite?”
sino también:
“¿Cómo puedo ayudar a construir una salud más sólida todos los días?”
No podemos controlar todos los virus.
No podemos evitar que nuestros hijos se enfermen.
Y no existe un alimento capaz de garantizar que tendrán unas defensas perfectas.
Pero sí podemos cuidar el terreno.
Podemos ofrecer alimentos reales.
Podemos alimentar la diversidad de su microbioma.
Podemos mantenerlos hidratados.
Podemos darles ingredientes sencillos como ajo, cebolla y jengibre dentro de su alimentación.
Y podemos aprovechar herramientas como la miel para aliviar la tos cuando tienen más de un año.
Simplemente volviendo a lo básico.
Porque a veces, en nuestra búsqueda por encontrar la solución perfecta, olvidamos que la salud también se construye con pequeñas decisiones repetidas todos los días.
Y quizás esa sea una de las lecciones más importantes que me han dejado mis tres hijos:
No se trata solamente de apagar el incendio cuando aparece. También se trata de cuidar la casa todos los días.

Escrito por:
Maria Gómez
Coach de Nutrición
Referencias
Crichton, M., Davidson, A. R., Innerarity, C., Marx, W., Lohning, A., Isenring, E., & Marshall,S. (2022). Orally consumed ginger and human health: An umbrella review. The American
Journal of Clinical Nutrition, 115(6), 1511–1527. https://doi.org/10.1093/ajcn/nqac035
Gomaa, E. Z. (2020). Human gut microbiota/microbiome in health and diseases: A review. Antonie van Leeuwenhoek, 113, 2019–2040. https://doi.org/10.1007/s10482-020-01474-7
Mann, E. R., Lam, Y. K., & Uhlig, H. H. (2024). Short-chain fatty acids: Linking diet, themicrobiome and immunity. Nature Reviews Immunology, 24, 577–595.
Oduwole, O., Udoh, E. E., Oyo-Ita, A., & Meremikwu, M. M. (2023). Honey for acute cough in children. Cochrane Database of Systematic Reviews.
Shao, Z., et al. (2023). Effect of ginger root powder on gastrointestinal bacteria composition, gastrointestinal symptoms, mental health, fatigue, and quality of life: A double-blind placebo-controlled trial. The Journal of Nutrition.
Yoo, Y., Kim, S., Lee, W., et al. (2025). The prebiotic potential of dietary onion extracts: Shaping gut microbial structures and promoting beneficial metabolites. mSystems, 10(1).







