Por Catalina Saab
Creadora de Moms and Much More (@momsandmuchmore)

Hay un cansancio que no siempre se nota

Cuando pensamos en una mamá cansada, solemos imaginar a alguien que pasó una mala noche, que lleva horas detrás de sus hijos o que simplemente necesita dormir un poco más. Pero existe otro tipo de agotamiento que rara vez se ve desde afuera y que muchas veces es mucho más difícil de explicar: el cansancio mental.

Es ese que aparece cuando nuestra cabeza nunca deja de funcionar. Mientras preparamos el desayuno ya estamos pensando en la cita médica de la próxima semana; mientras trabajamos recordamos que hay que comprar los pañales, responder el chat del colegio, organizar el uniforme de mañana y llamar al pediatra. Incluso cuando por fin nos sentamos cinco minutos, la lista de pendientes sigue corriendo dentro de nuestra mente.

Creo que muchas mamás hemos llegado a pensar que vivir así es normal. Que tener la cabeza ocupada las veinticuatro horas del día hace parte del “paquete” de ser mamá. Pero normalizar algo no significa que sea saludable. La carga mental existe, pesa y puede llegar a agotarnos tanto como cualquier esfuerzo físico.

¿Por qué tantas mamás vivimos mentalmente agotadas?

La maternidad siempre ha requerido entrega, pero la maternidad de hoy tiene desafíos que hace unas décadas simplemente no existían. Ahora no solo queremos cuidar a nuestros hijos; también sentimos que debemos hacerlo todo “bien”. Queremos alimentarlos de la mejor manera, estimular su desarrollo, regular sus emociones, escoger el mejor colegio, limitar las pantallas, fomentar su autoestima y, al mismo tiempo, mantener una casa organizada, cumplir con el trabajo, cuidar la relación de pareja y encontrar espacio para nuestra propia salud física y emocional.

A todo esto se suma una cantidad inmensa de información que recibimos cada día. Las redes sociales, los libros, los podcasts y los expertos pueden ser herramientas maravillosas, pero también pueden hacernos sentir que siempre hay algo más que deberíamos estar haciendo. Sin darnos cuenta, empezamos a medirnos con estándares imposibles y terminamos creyendo que descansar significa quedarnos atrás.

No es que las mamás de hoy sean más débiles. Es que, probablemente, pocas generaciones han tenido que sostener tantas responsabilidades al mismo tiempo.

La carga invisible que la maternidad moderna nos dejó

Existe un concepto del que cada vez escuchamos más hablar: la carga mental. Se refiere a todo ese trabajo invisible que implica planear, recordar, anticipar y organizar la vida familiar. Muchas veces no se trata de hacer las tareas, sino de ser quien está pendiente de que esas tareas existan.

Es recordar cuándo toca la vacuna, saber que se acabó el protector solar, pensar qué habrá de lonchera mañana, acordarse del disfraz para la actividad del colegio, pedir la cita con el odontólogo, revisar que todavía le sirvan los zapatos o calcular si ya es momento de cambiar la silla del carro. Son cientos de pequeñas decisiones que parecen insignificantes cuando se observan por separado, pero que juntas ocupan una enorme parte de nuestra energía mental.

Lo más difícil es que este esfuerzo casi nunca se ve. Muchas veces nadie nota todo lo que una mamá tuvo que pensar para que un día aparentemente “normal” saliera bien.

No es solo hacer muchas cosas; es pensar en todo al mismo tiempo

Una de las características de la maternidad moderna es que rara vez hacemos una sola cosa a la vez. Mientras trabajamos estamos pensando en los niños. Mientras jugamos con ellos recordamos una reunión pendiente. Mientras cocinamos respondemos mensajes del colegio. Nuestra atención vive dividida entre múltiples responsabilidades y pocas veces tenemos la oportunidad de concentrarnos completamente en el momento presente.

Durante años se habló del multitasking como una habilidad admirable. Sin embargo, hoy sabemos que cambiar constantemente de una tarea a otra exige un enorme esfuerzo para el cerebro. Esa sensación de tener veinte pestañas abiertas al mismo tiempo no solo genera cansancio, sino que también aumenta el estrés, disminuye la concentración y nos hace sentir que nunca terminamos realmente nada.

No estamos fallando. Simplemente estamos intentando sostener demasiadas cosas al mismo tiempo.

La sensación de nunca poder “apagar” la mente

Muchas mamás llegan al final del día completamente agotadas y, aun así, cuando finalmente se acuestan, el descanso no llega. La cabeza sigue repasando pendientes, organizando el día siguiente, recordando conversaciones, imaginando posibles problemas o sintiendo culpa por aquello que quedó sin hacer.

No siempre se trata de insomnio. Muchas veces es el resultado de un cerebro que ha permanecido en estado de alerta durante horas. Vivimos anticipándonos a las necesidades de nuestros hijos porque esa también es una forma de protegerlos. El problema aparece cuando esa alerta constante nunca encuentra un momento para detenerse.

Nuestro cuerpo puede estar quieto, pero la mente sigue trabajando. Y ese esfuerzo invisible también termina pasándonos factura.

Cómo la sobreestimulación está afectando a las mamás

Nunca antes habíamos recibido tantos estímulos al mismo tiempo. Las notificaciones del celular, los grupos de WhatsApp, los correos electrónicos, las redes sociales, las noticias y las miles de decisiones diarias hacen que nuestro cerebro permanezca procesando información casi de manera permanente.

Además, vivimos en una cultura que premia la productividad. Parece que siempre deberíamos estar haciendo algo más, aprendiendo algo nuevo o aprovechando mejor el tiempo. Poco a poco olvidamos que descansar también es una necesidad biológica y no un premio que solo merecemos cuando todo está terminado.

El problema es que en la maternidad ese “todo” nunca termina. Siempre habrá algo pendiente. Por eso esperar el momento perfecto para descansar puede significar no descansar nunca.

Cuando cuidar de todos significa olvidarte de ti

Creo que muchas mujeres nos hemos acostumbrado a ocupar el último lugar de nuestra propia lista. Nos aseguramos de que nuestros hijos estén bien, de que la casa funcione, de que el trabajo salga adelante y de que quienes nos rodean tengan lo que necesitan. Solo cuando todo está resuelto pensamos en nosotras… si todavía queda tiempo.

Con los años, esa forma de vivir puede hacernos perder de vista algo muy importante: nosotras también necesitamos cuidado. No para ser mejores mamás, sino porque seguimos siendo personas con necesidades físicas, emocionales y mentales.

Dormir un poco más, salir a caminar, leer un libro, tomar un café en silencio o simplemente tener unos minutos sin interrupciones no debería generar culpa. Cuidarnos no significa querer menos a nuestros hijos. Significa entender que una mamá que también se siente sostenida tendrá más recursos emocionales para sostener a quienes ama.

La importancia de bajar la autoexigencia materna

Muchas veces el mayor peso no viene únicamente de las responsabilidades, sino de la forma en que nos hablamos a nosotras mismas. Nos exigimos paciencia infinita, energía constante, respuestas perfectas y la capacidad de llegar a todo sin equivocarnos. Y cuando no lo logramos, sentimos que estamos fallando.

Con el tiempo he entendido que nuestros hijos no necesitan una mamá perfecta. Necesitan una mamá presente, auténtica y suficientemente disponible. Una mamá que también pueda reconocer cuando está cansada, pedir ayuda cuando la necesita y entender que descansar no la convierte en una mujer menos comprometida con su familia.

Ser compasivas con nosotras mismas también es una forma de enseñarles a nuestros hijos cómo se ve una relación sana con uno mismo.

¿Qué podemos hacer para sentir menos saturación mental?

No existen soluciones mágicas porque la maternidad seguirá teniendo días intensos. Sin embargo, sí podemos empezar por reconocer que la carga mental no tiene que recaer siempre sobre una sola persona. Hablar con nuestra pareja sobre las responsabilidades invisibles, delegar tareas sin sentir culpa, escribir los pendientes en lugar de cargarlos únicamente en la memoria y establecer pequeños momentos de descanso durante el día pueden hacer una diferencia mucho mayor de la que imaginamos.

También vale la pena revisar aquello que consumimos. Si las redes sociales empiezan a convertirse en una fuente constante de comparación o de presión, quizá sea momento de hacer una pausa y recordar que ninguna publicación muestra la realidad completa de una familia.

Sobre todo, necesitamos dejar de creer que nuestro valor como mamás depende de la cantidad de cosas que logramos hacer en un día. Nuestra presencia, nuestro cariño y nuestra capacidad de conectar con nuestros hijos seguirán siendo mucho más importantes que cualquier lista de tareas completada.

Al final, las mamás también necesitamos que nos cuiden

Durante mucho tiempo se habló de la maternidad como una capacidad infinita de dar. Y sí, las mamás damos muchísimo. Damos tiempo, energía, paciencia, amor, organización y una parte enorme de nuestra vida para acompañar el crecimiento de nuestros hijos. Pero incluso la fuente más generosa necesita volver a llenarse.

Quizá uno de los mayores desafíos de la maternidad moderna no sea aprender a hacer más, sino aprender a sostenernos mientras cuidamos de quienes más amamos. Entender que pedir ayuda no es un fracaso, que descansar no es un lujo y que nuestra salud mental también merece un lugar dentro de las prioridades de la familia.

Porque cuando una mamá está mejor, no solo gana ella. También gana todo el hogar. Y nuestros hijos, más que una mamá que pueda con todo, necesitan una mamá que también se permita ser humana.

Autora

Catalina Saab

Creadora de Moms and Much More (@momsandmuchmore)
Mamá de 4, esperando el quinto 🤍
Comparto maternidad real desde mi experiencia.

Bibliografía

  • American Psychological Association. Recursos sobre estrés, carga mental y bienestar psicológico.
  • World Health Organization. Recomendaciones sobre salud mental y autocuidado.
  • Harvard University Center on the Developing Child. Investigación sobre estrés parental y desarrollo infantil.
  • Eve Rodsky. Fair Play: A Game-Changing Solution for When You Have Too Much to Do (and More Life to Live).
  • Brené Brown. Investigaciones sobre vulnerabilidad, autoexigencia y autocompasión aplicadas al bienestar emocional.

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