Lo que toda mamá debería saber sobre BLW, texturas, cantidades y señales de hambre para crear hábitos saludables desde el inicio

Por María Gómez Araujo, mamá de 3 y coach de nutrición 

Si hay una etapa que da mucha ilusión, emoción y también preguntas en la maternidad, es el comienzo de la alimentación complementaria. Después de meses alimentando a nuestros bebés exclusivamente con leche materna o fórmula, llega el momento de presentarles un mundo completamente nuevo: colores, sabores, texturas, olores y experiencias que marcarán el inicio de su relación con la comida.

Soy mamá de tres: Agustín, de 4 años, Alicia, de 2, y Gregorio, de 1. También soy coach de nutrición y una apasionada de la crianza positiva. Aun así, cuando llegó el momento de ofrecer los primeros alimentos sólidos a mis hijos, también sentí miedo.

Me preguntaba si comerían suficiente, si estarían recibiendo los nutrientes que necesitaban, si las arcadas eran normales o si estaba avanzando demasiado rápido con las texturas.

Hoy, después de vivir esta etapa tres veces y de acompañar a otras familias en sus procesos, puedo decir que gran parte de la ansiedad que rodea la alimentación complementaria no proviene de los bebés, sino de la enorme cantidad de información contradictoria que reciben los padres.

Por eso quiero compartir contigo lo que realmente importa. No desde la perfección, sino desde la experiencia, la evidencia científica y la confianza que da comprender cómo aprenden a comer los niños.

Porque la alimentación complementaria no consiste únicamente en nutrir un cuerpo en crecimiento. También es una oportunidad para construir una relación sana con la comida que puede acompañarlos durante toda la vida.

¿Qué es realmente la alimentación complementaria?

La Organización Mundial de la Salud (OMS, 2023) recomienda iniciar la alimentación complementaria alrededor de los seis meses de edad, cuando la leche materna o fórmula ya no cubren por sí solas todos los requerimientos nutricionales del bebé.

La palabra clave es complementaria.

Esto significa que los alimentos sólidos complementan la leche, no la reemplazan.

Durante varios meses, la leche sigue siendo una fuente importante de energía y nutrientes. Por eso, uno de los errores más frecuentes es esperar que desde el primer día el bebé coma cantidades significativas.

Cuando entendemos cuál es el verdadero objetivo de esta etapa, muchas preocupaciones desaparecen.

Los primeros meses no se centran en cuánto come el bebé.

Se centran en que aprenda a:

  • Explorar alimentos.
  • Desarrollar habilidades motoras.
  • Masticar.
  • Manipular diferentes texturas.
  • Participar de las comidas familiares.
  • Escuchar sus señales internas de hambre y saciedad.

En otras palabras, durante esta etapa los bebés están aprendiendo mucho más que a comer.

El error más común: obsesionarnos con las cantidades

Si hay algo que me acuerdo perfectamente de cuando Agustín comenzó a comer, era mi preocupación constante por las cantidades.

Miraba el plato una y otra vez.

Contaba cucharadas.

Comparaba con otros bebés.

Y terminaba sintiéndome frustrada cuando no comía lo que yo esperaba.

Con el tiempo comprendí algo fundamental:

No podemos medir el éxito de una comida por la cantidad que un bebé consume.

Los bebés nacen con una capacidad natural para regular su apetito.

Saben cuándo tienen hambre.

Y saben cuándo están satisfechos.

La nutricionista Ellyn Satter desarrolló un concepto conocido como división de responsabilidades en la alimentación, que propone que los padres deciden qué alimentos ofrecer, cuándo ofrecerlos y dónde se sirven, mientras que el niño decide cuánto comer (Satter, 2000).

Esta idea puede parecer sencilla, pero transforma completamente la dinámica de las comidas.

Cuando dejamos de controlar cada bocado, permitimos que el niño mantenga la conexión con sus señales internas.

Y esa capacidad de autorregulación es uno de los factores más importantes para desarrollar hábitos alimentarios saludables a largo plazo.

Aprender a confiar en las señales de hambre

Muchas veces intentamos adivinar cuánto debería comer un bebé según tablas o recomendaciones generales.

Sin embargo, ningún cuadro puede conocer mejor sus necesidades que el propio niño.

Algunas señales frecuentes de hambre incluyen:

  • Mostrar interés por la comida.
  • Intentar alcanzar alimentos.
  • Inclinarse hacia adelante cuando ve comida.
  • Abrir la boca espontáneamente.
  • Observar atentamente a quienes están comiendo.

Del mismo modo, existen señales que indican saciedad:

  • Girar la cabeza.
  • Cerrar la boca.
  • Empujar los alimentos.
  • Perder interés.
  • Comenzar a jugar en lugar de comer.

Una de las herramientas más poderosas que tenemos como padres es aprender a respetar estas señales.

Cuando obligamos a un niño a terminar el plato o insistimos después de que ya está satisfecho, le enseñamos a ignorar los mensajes de su propio cuerpo.

BLW: mucho más que una moda

El Baby-Led Weaning, conocido como BLW, ha ganado gran popularidad en los últimos años.

Sin embargo, también ha generado muchas dudas.

Algunas personas creen que consiste simplemente en dejar que el bebé coma solo. Otras piensan que es peligroso.

La realidad es mucho más equilibrada.

BLW es un enfoque que permite al bebé participar activamente en la alimentación ofreciendo alimentos seguros que pueda agarrar y llevar a la boca por sí mismo.

Lo que muestran diversos estudios es que los enfoques responsivos, incluyendo BLW y métodos mixtos, pueden favorecer una mejor autorregulación alimentaria y una experiencia más positiva durante las comidas (Brown & Jones, 2017).

Con mis tres hijos adopté un enfoque flexible.

No seguí reglas estrictas.

Hubo alimentos que ofrecí en formatos más adecuados para que los tomaran con sus manos.

Otros requerían adaptaciones.

Lo importante no era seguir un método perfecto.

Lo importante era respetar el ritmo de cada niño.

El miedo a las arcadas

Pocas cosas generan tanta preocupación como ver una arcada por primera vez.

Todavía me acuerdo de la primera vez que Alicia tuvo una mientras exploraba un trozo de comida.

Mi reacción inmediata fue de alarma.

Pero después aprendí que las arcadas forman parte del proceso normal de aprendizaje.

Es importante diferenciar entre una arcada y un atragantamiento.

La arcada es un mecanismo de protección que ayuda al bebé a mover el alimento hacia adelante cuando todavía no está preparado para gestionarlo correctamente.

Aunque pueden resultar impresionantes para los adultos, suelen ser normales y frecuentes durante la alimentación complementaria.

Por supuesto, siempre debemos:

  • Supervisar las comidas.
  • Ofrecer alimentos seguros.
  • Mantener al bebé sentado y erguido.
  • Conocer maniobras básicas de primeros auxilios.

Pero comprender que las arcadas son parte del aprendizaje ayuda enormemente a reducir el miedo.

El error de retrasar las texturas

Durante muchos años se recomendó mantener a los bebés durante largos períodos consumiendo exclusivamente papillas muy suaves.

Actualmente sabemos que retrasar la exposición a diferentes texturas puede aumentar el riesgo de dificultades alimentarias posteriores (Taylor et al., 2017).

Los bebés necesitan explorar.

Necesitan experimentar.

Necesitan aprender cómo se sienten distintos alimentos dentro de la boca.

La exposición gradual a diferentes texturas favorece el desarrollo de habilidades motoras orales y amplía la aceptación alimentaria.

Por eso, siempre que sea seguro para la edad y el desarrollo del bebé, es recomendable avanzar progresivamente hacia alimentos más variados.

Cuando tiran la comida al suelo

Si estás comenzando esta etapa, probablemente experimentarás este momento tarde o temprano.

Preparas una comida con dedicación.

La sirves cuidadosamente.

Y segundos después termina en el piso.

Con mi primer hijo esto me frustraba muchísimo.

Con el tercero, lo veo de una manera completamente diferente.

Porque entendí que tirar comida no siempre significa rechazo.

Muchas veces significa aprendizaje.

El bebé está explorando:

  • La gravedad.
  • Las texturas.
  • Los sonidos.
  • Las reacciones de quienes lo rodean.
  • La relación causa-efecto.

No está intentando desafiarte.

Está descubriendo cómo funciona el mundo.

Y aunque eso no evita que tengamos que limpiar el suelo después, sí cambia nuestra manera de interpretar la situación.

El peligro de presionar para que coman

Una de las frases más comunes en la infancia es:

“Una cucharadita más.”

La mayoría de los padres la hemos dicho alguna vez.

Sin embargo, la investigación muestra que la presión para comer puede afectar negativamente la relación del niño con los alimentos (Ventura & Birch, 2008).

Cuando insistimos constantemente para que un niño coma más, pueden pasar varias cosas:

  • Disminuye su capacidad para seguir las señales de saciedad.
  • Aumenta la ansiedad durante las comidas.
  • Se generan asociaciones negativas con ciertos alimentos.
  • Las comidas se convierten en una fuente de conflicto.

Por eso, aunque resulte difícil, es importante confiar en que los niños sanos suelen ser capaces de regular su ingesta cuando se les ofrece un entorno adecuado.

La exposición repetida es más efectiva que la insistencia

Uno de los conceptos más interesantes en nutrición infantil es que aceptar un alimento nuevo suele requerir múltiples exposiciones.

Muchos padres piensan que si un niño rechaza el brócoli una vez significa que nunca le gustará.

La realidad es distinta.

Algunos niños necesitan ver un alimento diez, quince o incluso más veces antes de aceptarlo.

Por eso, en lugar de insistir o presionar, podemos:

  • Seguir ofreciéndolo ocasionalmente.
  • Incluirlo junto a alimentos familiares.
  • Comerlo nosotros mismos.
  • Mantener una actitud neutral.

La familiaridad es una herramienta poderosa.

Muchas veces lo que hoy rechazan es precisamente lo que mañana terminan disfrutando.

El ejemplo vale más que cualquier estrategia

Los niños aprenden mirando.

Mucho más de lo que aprenden oyendo.

Por eso, una de las formas más efectivas de fomentar hábitos saludables es convertirnos en modelos positivos.

Cuando nos ven:

  • Comer frutas y verduras.
  • Disfrutar diferentes alimentos.
  • Escuchar nuestras señales de hambre.
  • Comer sin culpa.
  • Hablar positivamente sobre la comida.

Están aprendiendo.

Y ese aprendizaje ocurre todos los días.

No necesitamos ser perfectos.

Necesitamos ser coherentes.

Qué hacer cuando parece que comen muy poco

Esta es una de las preguntas más frecuentes que recibo como coach de nutrición.

Y casi siempre la respuesta es la misma:

Depende.

Los niños tienen apetitos variables.

Hay días en los que parecen comer como pequeños exploradores hambrientos.

Y otros en los que apenas prueban algunos bocados.

Esto puede ser completamente normal.

Lo importante es observar:

  • Su crecimiento.
  • Su energía.
  • Su desarrollo.
  • Su bienestar general.

Una sola comida no define la nutrición de un niño.

Ni siquiera un solo día.

Lo que realmente importa es el patrón global a lo largo del tiempo.

Alimentación complementaria y crianza positiva

Para mí, la alimentación complementaria es una extensión de la crianza positiva.

No se trata de controlar.

No se trata de obligar.

No se trata de perseguir al niño con una cuchara.

Se trata de acompañar.

De respetar.

De confiar.

La crianza positiva nos invita a ver al niño como una persona competente que está aprendiendo.

Y eso incluye aprender a comer.

Cuando aplicamos este enfoque durante las comidas:

  • Disminuyen los conflictos.
  • Aumenta la autonomía.
  • Se fortalece la confianza.
  • Se favorece una relación saludable con la comida.

Y, sobre todo, las comidas se vuelven experiencias mucho más agradables para toda la familia.

Un mensaje para las mamás que están comenzando

Si estás empezando la alimentación complementaria y sientes miedo, quiero que sepas algo.

Es normal.

Todas queremos hacerlo bien.

Todas queremos proteger a nuestros hijos.

Todas hemos tenido dudas.

Pero también quiero recordarte que los bebés no necesitan papás perfectos.

Necesitan papás presentes.

Necesitan oportunidades para explorar.

Necesitan tiempo para aprender.

Y necesitan sentir que las comidas son un espacio seguro.

Desde mi experiencia como mamá de Agustín, Alicia y Gregorio, puedo decirte que esta etapa pasa mucho más rápido de lo que imaginamos.

Las dudas iniciales desaparecen.

La confianza crece.

Y poco a poco descubrimos que comer no es una habilidad que enseñamos.

Es una habilidad que acompañamos.

Porque alimentar no consiste solamente en aportar nutrientes.

También consiste en construir una relación con la comida basada en la confianza, el respeto y el disfrute.

Y esa relación comienza desde el primer alimento que ponemos frente a nuestros hijos.

Referencias

Brown, A., & Jones, S. W. (2017). Responsive parenting and baby-led weaning: A review of the evidence. Journal of Human Nutrition and Dietetics, 30(6), 762–770.

Daniels, L. A., Mallan, K. M., Battistutta, D., Nicholson, J. M., Perry, R., & Magarey, A. (2022). Evaluation of an early feeding intervention for improving child eating behaviours. Pediatrics, 149(4), e2021054678.

Organización Mundial de la Salud. (2023). Complementary feeding. World Health Organization. https://www.who.int

Satter, E. (2000). Child of mine: Feeding with love and good sense (Rev. ed.). Bull Publishing.

Taylor, R. W., Williams, S. M., Fangupo, L. J., Wheeler, B. J., Taylor, B. J., Daniels, L., & Heath, A. L. M. (2017). Baby-led weaning and food textures: Implications for feeding development. Pediatrics, 138(4), e20160772.

Ventura, A. K., & Birch, L. L. (2008). Does parenting affect children’s eating and weight status? International Journal of Behavioral Nutrition and Physical Activity, 5(15), 1–12.