¿Por qué involucrar a tus hijos en las compras mejora su desarrollo?
En el colegio en el que trabajé como guía montessori en Toronto vi algo que me encantó que hacía una profesora con sus estudiantes. Cada semana, pasaban por todos los salones del colegio y anotaban lo que cada salon necesitaba para el próximo lunes: queso, fresas, pepino, levadura, etc y cada lunes iban al supermercado que quedaba más cerca al colegio a comprar todo esto, despues volvian y nos lo entregaban para que cada profesora pudiera hacer las actividades que tenía planeado hacer con comida para la semana.
Esta actividad me pareció tan espectacular que de verdad pensé que valía la pena compartirla para que más profesoras y más familias vean cada espacio al que tenemos que ir con nuestros hijos como un espacio en donde ellos pueden realmente ser útiles, hacer parte y sobre todo aprender algo valioso.
La clave para evitar el caos
En la filosofía Montessori existe un concepto que me encanta que se llama vida práctica: es la idea de que los niños no necesitan actividades “para niños” (jugar a la cocina por ejemplo), sino que necesitan participar de la vida real de la casa y la familia (cocinar de verdad, barrer, doblar, también hacer mercado.
Ahora bien, cuando llevamos a un niño al supermercado sin un rol claro y sin explicarle que esperamos de él en este espacio, y además le pedimos en el momento que se quede quieto viendo cómo otra persona hace algo interesante, durante 40 minutos, en un lugar lleno de colores, texturas y estímulos se vuelve muy contraproducente. Como explica Montessori (1949/1995), el niño tiene una necesidad interna de actuar sobre su entorno, no de observarlo pasivamente. El carrito, entonces, se convierte en una estructura cómoda para nosotras pero frustrante para ellos.
Rol pasivo vs Rol activo
El cambio más importante no está en técnicas de “cómo entretenerlos”, sino en un giro de fondo: ayudar a que nuestros hijos pasen de ser espectadores de la situación a ser colaboradores. De esta manera, no solo se sentirá tenido en cuenta (sentido de pertenencia), sino que también tendrá la oportunidad de contribuir a la comunidad, que en este caso es la familia.
Simone Davies, autora de The Montessori Toddler, habla de esto todo el tiempo: los niños no quieren ser entretenidos, quieren sentirse útiles y capaces (Davies, 2019). Es por esto que cuando un niño tiene una tarea real (así sea pequeña), algo se acomoda en su interior (cómo estamos respondiendo a sus necesidades de desarrollo y está aprendiendo sobre el mundo que le rodea, no tiene la necesidad de buscar por sí solo formas de responder a sus necesidades de desarrollo.
Ideas para involucrar a nuestros hijos en el supermercado
Una de las herramientas más simples y más efectivas es armar una lista de mercado con dibujos o fotos de los productos que necesitamos comprar, en vez de solo palabras. Así, incluso un niño que aún no lee puede “leer” su lista y sentirse responsable de encontrar lo que falta.
Para los niños que todavía no pueden escribir, leer o pintar con claridad, le podemos hacer la lista nosotras y que ellos ayuden a colorearla por ejemplo. Lo importante es que ellos sean parte de todo el proceso para que se sientan más involucrados y por ende quieran participar más.
Ideas de roles según la edad
La clave está en darle a cada niño una tarea real y a su medida. Aquí dejo varias opciones para que elijas según la etapa de tus hijos:
18 meses a 2 años
- Poner los productos que tú le entregas dentro del carrito.
- Cargar una bolsa pequeña y liviana, como mandarinas.
- Empujar el carrito pequeño de niños.
- Ser el responsable de tener la lista e ir señalando que sigue y que falta.
- Cargar el producto mientras tú lo pasas a la cajera.
2 a 3 años
- Buscar un producto específico en un estante bajo (“busca el yogurt rojo”).
- Elegir entre dos opciones que tú le das (“¿papaya o piña?”).
- Poner los productos en la banda de la caja, uno por uno.
- Cargar su propia bolsita con dos o tres cosas livianas.
- Marcar con un marcador cada cosa ya encontrada en la lista visual.
3 a 5 años
- Leer la lista y guiar el recorrido: “¿qué sigue?”.
- Comparar precios o tamaños simples (“¿cuál paquete trae más?”).
- Contar cuántas unidades necesitan, por ejemplo cuatro manzanas.
- Cargar bolsas un poco más pesadas, según su fuerza.
- Ayudar a organizar los productos en la banda por tipo (frutas, verduras, proteinas, etc.).
- Pagar algo pequeño en efectivo, si el contexto lo permite.
5 años en adelante
- Llevar su propia lista de una sección completa (“tú encárgate de las frutas”).
- Calcular aproximadamente cuánto se está gastando.
- Organizar las bolsas por categoría antes de subir al carro.
- Guardar el mercado en la casa por categoría: nevera, congelador, despensa.
Anticipar antes de ir al supermercado
Gran parte de la calma que vivimos (o no vivimos) en el supermercado se decide antes de entrar. Les recomiendo mucho sentarse dos minutos con sus hijos en la casa, mostrarles la lista, explicarles cuál será su tarea y qué pueden esperar el uno del otro. Esto, puede cambiar por completo la experiencia.
No es necesario dar un sermón largo ni “advertir” lo que pasará si se porta mal. Sino que se trata de mostrarle, con calma y claridad, cuál es su rol ese día. Los niños responden mejor a la claridad que a la corrección.
¿Y si aun así se desregula?
A veces, aunque hagamos todo “bien”, los niños igual se desbordan: esto puede pasar también porque el supermercado está lleno de gente, hay luces, ruido, y sus sistemas nerviosos todavía están aprendiendo a manejar tantos estímulos. Ahí lo clave es recordarnos que no estamos frente a un mal comportamiento de nuestros hijos, sino frente a una necesidad de corregulación: la idea, desarrollada por autores como Siegel y Bryson (2011), de que el cerebro de un niño necesita la tranquilidad de un adulto cercano para poder regresar a su propia calma.
En estos momentos en donde nuestros hijos se tiran al piso, están corriendo, gritando o haciendo algo que realmente consideramos que no debería estar pasando en este lugar, lo que debemos hacer es bajar a su altura, nombrar lo que crees que le pasa (“esto es mucho para ti hoy”), y ofrecer tu cuerpo tranquilo como ancla (darle un abrazo, tomarle la mano, consentirle el brazo), funciona mucho mejor que el castigo o la negociación en medio del pasillo. No siempre se puede evitar el desborde, pero sí se puede acompañar sin vergüenza y sin culpa (especialmente sabiendo que ellos no están comportándose de esta manera para retarnos o hacernos pasar un mal rato). Hay que intentar recordarnos constantemente (aunque el cansancio a veces nos gane) que son niños y que no podemos esperar que se regulen solitos como si fueran adultos.
Cómo ir mejorando las idas al supermercado
Al final, la idea es que la ida al supermercado con nuestros hijos no sea por una carrera y que lleguemos estresadas queriendo irnos lo más rápido posible a ver si sobrevivimos la experiencia sin llantos. Por el contrario, la idea es que la ida al supermercado, que es algo que todas tenemos que hacer frecuentemente, pueda convertirse, poco a poco, en uno de esos espacios cotidianos donde ellos puedan practicar la independencia, el sentido de contribución y la cercanía con nosotras.
Para que este tipo de experiencias puedan realmente darse tenemos que hacer las paces con no buscar la salida perfecta (que se porten perfecto, que no peleen entre sí, que no corran, que no lloren, etc). La idea es buscar una salida con un poco más de estructura y propósito y poco a poco como familia irán entendiendo que funciona y cada vez funcionara mejor.
Por último, cabe mencionar que si vas al supermercado y aplicas estas ideas y no sale bien, vale la pena al llegar a la casa hablar con ellos nuevamente de tal manera que entiendan que hay cosas por mejorar para la próxima sin la necesidad de hacerlos sentir culpables. Por ejemplo les puedes decir:
“Hoy en el supermercado saliste corriendo por los pasillos, te acuerdas que si queremos correr esperamos a ir al parque? En el supermercado caminamos, es muy grande y nos podemos perder. ¿Te parece si a la próxima antes de ir al supermercado pasamos por el parque, jugamos un rato y después si vamos a comprar juntos todo lo que necesitamos para la semana?”
Lo clave de decirle algo así a nuestros hijos es que les recordamos lo que esperamos de ellos en cada lugar al que vamos, pero también les damos el mensaje de que sabemos que lo que hacen no lo hacen por “portarse mal” sino porque como adultas sabemos que tienen una necesidad que están esperando a través de su comportamiento y que es nuestra responsabilidad, saber leerla bien y re estructurar la salida a favor de lo que ellos necesitan.
Referencias
Davies, S. (2019). The Montessori toddler: A parent’s guide to raising a curious and responsible human being. Workman Publishing.
Montessori, M. (1995). The absorbent mind (C. A. Claremont, Trans.). Henry Holt and Company. (Obra original publicada en 1949)
Siegel, D. J., & Bryson, T. P. (2011). The whole-brain child: 12 revolutionary strategies to nurture your child’s developing mind. Delacorte Press.







