Cómo llegamos a convertir la infancia en una carrera

Por Catalina Saab
Creadora de Moms and Much More | Mamá de cuatro hijos y esperando el quinto.

Ser mamá ha sido, sin duda, la experiencia que más me ha transformado. Como cualquier mamá, todos los días intento tomar decisiones que les ayuden a mis hijos a crecer felices, seguros y preparados para la vida. Creo profundamente en la disciplina, en el esfuerzo, en la responsabilidad y en enseñarles que las cosas importantes requieren constancia. Mis hijos hacen deporte, tienen actividades y disfrutan aprender cosas nuevas. Nunca escribiría un artículo para decir que las actividades extracurriculares son malas o que los niños deberían pasar todo el día sin responsabilidades. Al contrario, creo que el deporte, el arte, la música, los idiomas y tantas otras experiencias enriquecen profundamente la infancia cuando se viven desde el equilibrio.

Sin embargo, también creo que vivimos en una época que, casi sin darnos cuenta, convirtió la infancia en una carrera. Parece que siempre hay algo más por hacer: un entrenamiento adicional, una nueva clase, un idioma más, otra competencia, otro curso de vacaciones. Vivimos con la sensación de que, si nuestros hijos no están aprovechando cada minuto del día, estamos perdiendo oportunidades irrepetibles.

Y lo entiendo. Ningún papá hace esto porque quiera hacerle daño a su hijo. Lo hacemos porque los amamos, porque queremos que tengan más oportunidades que nosotros, porque soñamos con darles todo aquello que tal vez nunca tuvimos. La intención de los papás casi siempre es buena. Lo que a veces necesitamos revisar es el camino que elegimos para llegar a ella.

La presión moderna de criar hijos “perfectos”

Hoy parece que no basta con que un niño sea feliz. También debe destacar. Debe hablar inglés desde pequeño, practicar un deporte, tocar un instrumento, tener excelentes notas, ser disciplinado, sociable, creativo y seguro de sí mismo. Las redes sociales tampoco ayudan. Vemos niños ganando campeonatos, obteniendo reconocimientos o llevando agendas impresionantes, y sin querer comenzamos a preguntarnos si nosotros estamos haciendo suficiente.

La comparación entra silenciosamente en la crianza. Dejamos de mirar al niño que tenemos delante para empezar a mirar al niño que creemos que debería ser. Pero cada niño tiene un ritmo diferente, una personalidad distinta y talentos únicos. Comparar infancias es tan injusto como comparar maternidades.

Niños sobreestimulados, padres agotados

Quiero ser muy clara: no estoy en contra de las actividades. Mis hijos hacen varias y seguirán haciéndolas porque creo que el deporte, la disciplina y el trabajo en equipo son herramientas maravillosas para formar el carácter. El problema no son las actividades. El problema es la intención con la que muchas veces las vivimos.

Pensemos en dos familias que llevan a su hijo exactamente a la misma escuela de fútbol. En la primera, el niño juega porque disfruta hacerlo. Hace amigos, aprende disciplina, celebra sus avances y entiende que unas veces se gana y otras se pierde. Sus papás celebran el esfuerzo mucho más que el resultado.

En la segunda, el niño también juega fútbol. Pero siente que siempre debe ser el mejor. Que equivocarse decepciona a sus papás. Que perder no hace parte del aprendizaje sino del fracaso. Las dos familias hacen exactamente la misma actividad. Lo que cambia es la intención. Y esa intención transforma por completo la experiencia del niño.

La hiperexigencia no siempre grita. A veces sonríe, organiza horarios impecables y se disfraza de buenas intenciones.

Creo que esa es una de las reflexiones más importantes que podemos hacernos como padres. Porque nadie hiperexige a un hijo por falta de amor. Muchas veces lo hacemos precisamente porque queremos darle lo mejor. Pero amar también significa detenernos de vez en cuando y preguntarnos si aquello que creemos que es lo mejor… también lo es para él.

La nueva generación de padres está cuestionando la hiperproductividad

Algo hermoso está empezando a pasar. Cada vez conozco más familias que se están haciendo preguntas distintas. Ya no quieren criar al niño que impresione a los demás; quieren criar al niño que llegue feliz a su casa. Quieren hijos responsables, sí, pero también emocionalmente sanos. Quieren enseñar disciplina sin convertir la infancia en una competencia permanente.

Nuestros hijos tendrán toda la vida para competir. Pero solo una infancia para descubrir quiénes son.

Qué es realmente la crianza lenta

La crianza lenta no significa criar niños sin normas, sin responsabilidades o sin límites. Tampoco significa dejar que hagan únicamente lo que quieren. Significa bajar el ritmo suficiente para mirar al niño que tenemos delante, escucharlo, observarlo, conocer sus tiempos, respetar su personalidad y entender que no todos los niños necesitan el mismo camino para desarrollarse.

También significa devolverle valor al juego libre. Hoy sabemos que jugar no es perder el tiempo. Al contrario, el juego libre favorece la creatividad, la autonomía, la resolución de problemas, las habilidades sociales y el desarrollo emocional de los niños.¹ Muchas veces creemos que para aprender siempre hace falta una clase, cuando algunos de los aprendizajes más importantes ocurren construyendo una fortaleza con cobijas, inventando un juego, corriendo por el jardín o simplemente teniendo tiempo para aburrirse.

Menos perfección, más conexión

Creo profundamente en enseñar perseverancia. No soy partidaria de que los niños abandonen todo cuando aparece la primera dificultad. La vida está llena de momentos incómodos y aprender a atravesarlos también forma el carácter. Sin embargo, existe una línea muy delgada entre enseñar perseverancia y exigir excelencia.

Como papás necesitamos preguntarnos si nuestro hijo quiere abandonar porque está aprendiendo a tolerar la frustración o porque realmente está agotado. Si necesita que lo animemos a seguir o que simplemente lo escuchemos. Educar también es saber distinguir entre una frustración que ayuda a crecer y un sufrimiento que ya no está construyendo nada.

La disciplina enseña a crecer. La hiperexigencia hace sentir que nunca es suficiente.

También me he hecho una pregunta incómoda como mamá. ¿Cuántas veces impulsamos a nuestros hijos porque ellos disfrutan una actividad y cuántas veces, sin querer, estamos intentando cumplir a través de ellos sueños que eran nuestros? Tal vez siempre quise montar a caballo. Tal vez mi esposo soñó con ser futbolista. Tal vez hubiera amado aprender otro idioma desde pequeña. No tiene nada de malo compartir nuestras pasiones con nuestros hijos. Lo importante es preguntarnos si estamos acompañando los sueños de ellos… o intentando que ellos vivan los nuestros.

Nuestros hijos no vinieron al mundo para cumplir nuestros sueños. Vinieron para descubrir los suyos. Y nosotros tenemos el privilegio de acompañarlos en ese camino.

Cómo construir una infancia más tranquila y conectada

No creo que la solución sea eliminar todas las actividades. Tampoco creo que la respuesta sea exigirles cada vez más. Creo que el verdadero reto está en encontrar el equilibrio: seguir enseñando disciplina, seguir formando niños responsables y seguir mostrándoles que el esfuerzo vale la pena, sin perder de vista algo mucho más importante: la conexión.

Los recuerdos más valiosos de una infancia rara vez nacen de una agenda perfectamente organizada. Nacen de una conversación antes de dormir, de un partido de fútbol jugado por diversión, de cocinar juntos, de leer un cuento, de una tarde sin afán o, simplemente, de sentir que incluso cuando fallaban seguían siendo profundamente amados.

No estamos criando un currículum. Estamos criando un ser humano.

Porque, al final, la meta no es criar niños impresionantes. La meta es criar niños felices, seguros de sí mismos, profundamente conectados con quienes los aman… y con aquello que realmente aman ellos.

Autora

Catalina Saab

Creadora de Moms and Much More (@momsandmuchmore)
Mamá de 4, esperando el quinto 🤍
Comparto maternidad real desde mi experiencia.

Bibliografía

¹ UNICEF. Learning through Play y The Importance of Play. Desarrollo infantil, juego libre y aprendizaje.

American Academy of Pediatrics. The Power of Play: A Pediatric Role in Enhancing Development in Young Children.

American Psychological Association (APA). The Benefits of Unstructured Play for Children’s Development.

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