Cada vez más niños toman vitaminas “por si acaso”. Pero ¿realmente las necesitan o estamos cayendo en una de las estrategias de marketing más exitosas de la industria de los suplementos?

Por María Gómez, mamá de 3 y coach de nutrición 

Si eres mamá, seguramente alguna vez te has preguntado si tu hijo está recibiendo todos los nutrientes que necesita. Quizá atraviesa una etapa en la que rechaza las verduras, vive enamorado de la pasta o parece alimentarse solo de fruta durante algunos días. 

Entonces aparece el consejo de un familiar, un anuncio en redes sociales o una publicidad en la farmacia: “Dale un multivitamínico”.

Como mamá de Agustín, Alicia y Gregorio, y como coach de nutrición apasionada por la crianza respetuosa, entiendo. Queremos hacer todo lo posible para que nuestros hijos crezcan sanos, fuertes y con un buen desarrollo. Siendo honestos, un frasco de vitaminas parece una solución sencilla para una preocupación muy grande.

Pero cuando revisamos la evidencia científica, la respuesta no es tan simple.

La mayoría de los niños sanos que crecen adecuadamente y llevan una alimentación variada no necesita un multivitamínico de rutina. 

Eso no significa que los suplementos no tengan un lugar importante en la salud infantil. Lo tienen. La clave está en saber cuándo realmente son necesarios y cuándo estamos comprando una promesa que la ciencia no respalda.

¿Qué es un multivitamínico?

Un multivitamínico es un suplemento que contiene varias vitaminas y, en muchos casos, minerales como hierro, zinc, calcio o yodo. Su función es complementar la alimentación cuando existe una necesidad específica o un riesgo de deficiencia.

La palabra importante aquí es complementar.

No sustituir.

Porque ningún suplemento puede reemplazar la complejidad nutricional de los alimentos. Una manzana no aporta únicamente vitamina C; también tiene fibra, antioxidantes, agua y cientos de compuestos bioactivos que interactúan entre sí y generan beneficios que una cápsula no puede reproducir.

Por eso, las principales organizaciones científicas coinciden en que la mejor fuente de vitaminas y minerales sigue siendo una alimentación equilibrada.

¿Por qué entonces se venden tantos?

La industria de los suplementos ha crecido enormemente en los últimos años, impulsada por una preocupación muy real de las familias: querer hacer lo mejor para sus hijos.

Los mensajes publicitarios pueden ser muy llamativos:

“Refuerza sus defensas.”

“Ayuda al crecimiento.”

“Ideal para niños que comen poco.”

Aunque estas afirmaciones pueden estar relacionadas con funciones conocidas de algunos nutrientes, eso no significa que un niño sano vaya a tener beneficios adicionales al consumir un suplemento si ya cubre sus requerimientos con la alimentación.

Es decir, que un nutriente sea esencial no implica que consumir más sea mejor.

Nuestro organismo funciona por equilibrio, no por exceso.

¿Qué dice la ciencia?

La Academia Americana de Pediatría señala que la mayoría de los niños sanos no necesita suplementos vitamínicos si mantiene una alimentación adecuada.

De manera similar, la Academia de Nutrición y Dietética recomienda obtener los nutrientes principalmente de los alimentos y reservar la suplementación para situaciones específicas.

Además, diferentes revisiones científicas no han encontrado evidencia suficiente para afirmar que los multivitamínicos mejoren el crecimiento, aumenten la inteligencia, fortalezcan el sistema inmunológico o prevengan enfermedades en niños sin deficiencias nutricionales.

Esto puede sorprender porque hemos asociado las vitaminas con una especie de “seguro de salud”. Sin embargo, cuando el organismo ya tiene la cantidad necesaria de un nutriente, agregar más generalmente no aporta beneficios.

El gran mito: “Las vitaminas le abrirán el apetito”

Este es uno de los motivos más frecuentes por los que los papás compran un multivitamínico.

Pero la evidencia científica no respalda esta idea.

Los multivitamínicos no aumentan el apetito en niños sanos.

Lo que sí pueden hacer es que un niño con una deficiencia de hierro o zinc recupere el apetito cuando esa deficiencia se corrige. En ese caso, el beneficio no proviene de la vitamina en sí, sino del tratamiento de un problema específico.

Son dos situaciones completamente diferentes.

¿Y si mi hijo come muy poco?

Esta pregunta merece una pausa.

Muchos papás describen a sus hijos como “malos para comer”, pero cuando analizamos su crecimiento, peso, talla y desarrollo, encontramos niños completamente sanos.

Durante la primera infancia el apetito cambia constantemente. Hay días en los que parecen comer como adultos y otros en los que sobreviven con cantidades muy pequeñas.

Eso es parte del desarrollo normal.

Antes de pensar en un suplemento vale la pena preguntarse:

¿Está creciendo como se espera?

¿Tiene energía para jugar?

¿Su pediatra está preocupado?

¿Existe alguna deficiencia confirmada?

Si la respuesta es no, probablemente el camino no sea un multivitamínico, sino seguir ofreciendo alimentos variados, sin presión y con paciencia.

¿Puede ser peligroso tomar vitaminas “por si acaso”?

Sí.

Existe la creencia de que las vitaminas son inofensivas porque “son naturales”, pero no siempre es así.

  • Las vitaminas A, D, E y K pueden acumularse en el organismo cuando se consumen en exceso.
  • Demasiada vitamina A puede afectar el hígado y el desarrollo óseo.
  • Un exceso de hierro puede causar intoxicaciones graves, especialmente en niños pequeños.
  • Incluso la vitamina D, que tiene indicaciones muy claras en determinadas etapas de la vida, puede resultar perjudicial si se consume en dosis superiores a las recomendadas.

Por eso, suplementar sin una indicación adecuada no está exento de riesgos.

Entonces, ¿qué niños sí necesitan suplementos?

Existen situaciones en las que los suplementos sí tienen un respaldo científico claro.

Por ejemplo:

  • Niños con dietas veganas que necesitan vitamina B12 y, dependiendo del caso, otros nutrientes.
  • Niños con enfermedades que dificultan la absorción de vitaminas y minerales.
  • Deficiencias confirmadas mediante evaluación médica o estudios de laboratorio.
  • Algunas enfermedades crónicas o tratamientos específicos.

En estos casos, el suplemento deja de ser una estrategia preventiva y se convierte en parte del tratamiento.

Por eso es importante individualizar cada caso.

¿Y las vitaminas en gomitas?

Las gomitas se han convertido en uno de los formatos favoritos de los niños… y de la industria.

Tienen colores llamativos, sabores agradables y una apariencia muy similar a la de un dulce. Eso representa un problema.

Las organizaciones pediátricas advierten que estas presentaciones aumentan el riesgo de consumo accidental, ya que muchos niños no distinguen entre una vitamina y un dulce.

Además, algunas contienen cantidades importantes de azúcar añadida.

Los suplementos siempre deben mantenerse fuera del alcance de los niños y administrarse únicamente por un adulto.

Lo que realmente fortalece la salud infantil

Es comprensible querer encontrar una solución rápida cuando sentimos que nuestros hijos no comen como imaginábamos.

Sin embargo, la ciencia sigue señalando que los hábitos cotidianos tienen un impacto mucho mayor que cualquier suplemento.

  • Dormir lo suficiente.
  • Jugar al aire libre.
  • Mantener horarios de comida.
  • Compartir la mesa en familia.
  • Ofrecer alimentos variados sin obligar.
  • Respetar las señales de hambre y saciedad.

Estos hábitos favorecen el crecimiento, el desarrollo y una buena relación con la comida mucho más que una vitamina tomada “por si acaso”.

Con tres hijos he aprendido que el apetito cambia, que las etapas pasan y que no todos comen igual.

Hay temporadas en las que uno acepta cualquier alimento nuevo y otras en las que parece vivir de tres comidas favoritas.

Es fácil sentir la tentación de buscar una solución inmediata.

Pero conocer la evidencia me ha ayudado a cambiar la pregunta.

En lugar de pensar: “¿Qué vitamina le compro?”, ahora me pregunto: “¿Qué necesita realmente mi hijo?”

A veces la respuesta es una evaluación médica.

Otras veces es más tiempo de exposición a nuevos alimentos.

En muchas ocasiones es simplemente paciencia.

Porque la salud infantil no se construye con un frasco.

Se construye con pequeños hábitos repetidos todos los días, con una alimentación variada, con movimiento, con descanso, con vínculos seguros y con adultos que acompañan sin caer en el miedo.

Los multivitamínicos tienen un papel importante cuando existe una necesidad real. Pero para la mayoría de los niños sanos, el mejor suplemento sigue siendo una buena alimentación y una familia que, sin buscar la perfección, ofrece oportunidades constantes para crecer de forma saludable.

Escrito por:

Maria Gómez

Coach de Nutrición

Referencias 

Academy of Nutrition and Dietetics. (2022). Position of the Academy of Nutrition and Dietetics: Micronutrient supplementation.

American Academy of Pediatrics. (2023). Pediatric Nutrition (9.ª ed.). American Academy of Pediatrics.

National Institutes of Health, Office of Dietary Supplements. (2024). Dietary Supplement Fact Sheets.

Schwartz, R. P., Hamre, R., & Dietz, W. H. (2022). Dietary supplements in children: Benefits, risks, and recommendations. Pediatrics, 149(5), e2021056015.

U.S. Preventive Services Task Force. (2022). Vitamin, mineral, and multivitamin supplementation to prevent disease: Evidence review. JAMA, 327(23), 2334–2347.

World Health Organization. (2023). Guideline: Vitamin and mineral supplementation in infants and children.

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